Femicidio de Agostina Jalabert, a tres años: la red de mujeres que logró torcer el rumbo de la causa en México
A tres años del asesinato, Andrea Camarelli una viedmense radicada en México, cuenta cómo una red de madres y mujeres sostuvo la presión hasta conseguir la recaratulación a feminicidio y el pedido de Interpol contra Juan Manuel Reverter, exnovio de Agostina y ahora prófugo de la Justicia.
Este 18 de febreo se cumplen tres años del asesinato de Agostina Jalabert en México. Durante meses, el caso estuvo envuelto en una narrativa que pretendía instalar otra versión. A miles de kilómetros de Viedma, pero con los pies firmes en Ciudad de México desde hace tres décadas, la artista y escritora Andrea Camarelli decidió intervenir.
Femicidio de Agostina Jalabert: el principio
No es abogada ni funcionaria judicial. Es artista plástica, vive en la capital mexicana desde hace 30 años y conoce el sistema de justicia desde adentro porque lo enfrentó durante casi una década en su propio proceso de divorcio. Ese conocimiento, dice, fue decisivo.
“Yo ya sabía cómo funciona el sistema. Sabía cómo te meten en un expediente que cuando lo terminás de leer no sabés ni dónde está la puerta. Es el gaslighting judicial: no es que te mienten directamente, te confunden. Te mezclan acuerdos, escritos, tecnicismos, para que no sepas si te dieron o no te dieron la razón. Y en esa confusión se pierde la verdad.”
Andrea se enteró del caso a los 15 días del crimen, a través de una prima de Agostina. Mientras escuchaba el relato de los hechos, algo empezó a ordenarse en su cabeza. “Por una oreja escuchaba, pero en mi mente iba reconstruyendo la escena. ¿Quién estaba ahí? El exnovio. ¿Dónde está el celular del exnovio? No aparece. Listo. Ahí ya tenés el núcleo del problema. Hoy el celular de la última persona que estuvo con vida al lado de una víctima es casi más importante que la autopsia. Si ese celular no está, no es ingenuo. Eso no desaparece solo.”
En México, la figura de feminicidio no es una palabra más intensa para hablar de un crimen de género. Tiene una definición política y jurídica específica. “Se llama feminicidio porque el Estado es coproductor de esa violencia. No es solamente el hombre que mata. Es el sistema que no investiga, que minimiza, que encubre, que clasifica mal. Cuando el Estado actúa con negligencia o complicidad, ya no es un femicidio: es un feminicidio.”
Para Andrea, desde el inicio la carátula equivocada era parte del problema. “Mientras el caso estaba mal caratulado, la familia no solo había perdido a su hija: también tenía que soportar la sospecha. Hasta que no se rompió esa narrativa, cargaban con la mentira encima.”
Femicidio de Agostina Jalabert: la carpeta y las puertas
Con la autopsia y el testimonio de una vecina que escuchó lo ocurrido y llamó a la policía, Andrea armó lo que ella misma define como “una carpeta mínima pero sólida”. “Yo no soy fiscal ni investigadora criminal. Pero sabía leer. Sabía que la autopsia no cerraba con la versión instalada. Y sabía que el testimonio de la vecina era compatible con lo que mostraba el cuerpo. Con eso me agarré la carpeta bajo el brazo y empecé a tocar puertas.”
En México a ese trabajo se lo llama “cabildear”: gestionar políticamente un caso. Golpeó oficinas, habló con funcionarias, insistió en reuniones. No lo hizo sola. “Las madres van al frente. Pero detrás hay un cordón de mujeres. Un movimiento subterráneo que no siempre se ve. Tenemos dos armas fundamentales: la indignación y el dolor… y los celulares. Con eso construimos presión. Con eso movemos un sistema que es paquidérmico, fosilizado.”
Hubo tres fiscales en la causa. El tercero, el actual fiscal de feminicidios, revisó la autopsia y entendió que la hipótesis inicial no era sostenible. “Desde el minuto uno lo vio. Y no solo hizo su trabajo, tuvo que rehacer el trabajo de los dos anteriores. Eso también hay que decirlo: dentro del sistema empiezan a aparecer personas que escuchan.”
Femicidio de Agostina Jalabert: la recaratulación y el alivio
El cambio de carátula fue un punto de inflexión emocional y político. “Cuando se recaratuló respiramos. Porque ya no había que convencer a nadie de que había sido un feminicidio. Lo dijo la justicia. Eso le devuelve dignidad a la víctima y le devuelve verdad a la familia.”
Pero el proceso no terminó ahí. En diciembre de 2025 se emitió la orden de aprehensión y se activó la captura internacional. “Yo estaba desesperada porque no quería que llegara otro aniversario sin esa orden. Y cuando vimos la ficha dijimos: ‘Lo logramos’. Ese mensaje lo guardo para siempre. Fue un momento en el que entendí que no habíamos golpeado puertas en vano.”
Aunque el celular del sospechoso no apareció, Andrea subraya que la prueba digital no desaparece tan fácilmente. “Por suerte tenemos una nube que todo lo guarda. Es como si hubiéramos rescatado el celular. Hoy la memoria digital es clave. Lo que alguien creyó que podía borrar, muchas veces está respaldado. Y eso va a ser importante en el juicio.”
Femicidio de Agostina Jalabert: «Estar prófugo no es estar libre»
El principal sospechoso permanece prófugo. Pero para Andrea eso no significa impunidad plena: “Estar prófugo no es estar libre. No es estar en una playa. Es vivir escondido, desconfiando de cada persona que te mira, de cada mujer con un celular en la mano. Es otra forma de cárcel. Y la familia también tiene que saber que no es un estado cómodo.”
Su mirada es estructural: “Hace cien años un hombre que mataba a su pareja tenía respaldo social. Hoy ya no. Estamos en un momento de transición. Hay reacción, hay violencia, pero el viejo orden está resquebrajado. Si ellos deciden que no somos nada, se les terminó. Y si lo intentan, lo van a pagar. Vamos a levantar cada piedra patriarcal que haga falta.”
Femicidio de Agostina Jalabert: «esto es una red»
Andrea insiste en que su intervención no fue individual: “Yo aporté lo que podía aportar: conocimiento del sistema, contactos, insistencia. Pero esto es una red. Madres, madrinas, amigas, funcionarias, periodistas. Ustedes desde el periodismo también sostuvieron el tema cuando podría haber desaparecido de la agenda. Esa continuidad importa.”
Tres años después del crimen, el caso de Agostina Jalabert tiene carátula de feminicidio y una captura internacional activa. Falta el juicio. Falta la condena. Pero la narrativa ya cambió: “En mis dos luchas, la mía personal y esta, entendí algo: las leyes que conquistaron otras mujeres no alcanzan si no las hacemos efectivas en la práctica. A veces eso significa pasar años golpeando puertas. Pero cuando una se abre, todo empieza a encajar.”
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