Las lluvias trajeron alivio a la estepa: habrá lana más limpia, de mayor calidad y con mejor rinde al peine
En Ingeniero Jacobacci ya cayeron 237 milímetros de lluvia, por encima del promedio histórico anual. Desde el INTA destacan que la abundancia de agua impulsa el crecimiento del pastizal, mejora la condición de la hacienda y podría favorecer la calidad de la lana, tras un inicio de ciclo productivo complicado.
Establecimiento Rucu Luán, a 100 kilómetros al sudoeste de Maquinchao. Foto: gentileza
“En el área de influencia de Ingeniero Jacobacci, unos 30 mil kilómetros cuadrados, sigue lloviendo día tras día. Es para la estepa como un sistema de riego y aporta agua en volúmenes más que adecuados justo al inicio de la ventana de crecimiento del pastizal. Así se promueve una recuperación de la condición corporal de la hacienda en el umbral del inicio de parición tanto de ovejas como de chivas”.
El ingeniero agrónomo Andrés Gaetano, jefe de la Agencia Extensión Rural del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Ingeniero Jacobacci, valoró que la alta productividad de pastizales pone un freno temporario a los largos procesos de desertificación, ya que las precipitaciones acumuladas -y proyectadas- aseguran una mayor cobertura vegetal que favorece la crianza de los corderos, los chivitos y los terneros.

Consideró que la biomasa vegetal será récord debido a la cantidad de precipitaciones, con temperaturas medias y sin heladas. “Si continúa esta tendencia de días nublados y sin heladas, el agua que cae no se evapora. Solo esperamos que haya menos viento de lo normal. Si todo esto ocurre, hay mucha agua a disposición de las plantas para su crecimiento”, celebró.
Gaetano insistió en que “este año que arrancó mal con el ciclo de producción terminará bien, con animales que ya cuentan con verdeos naturales de buena calidad, asegurando una muy buena recuperación de su condición corporal”.

Recalcó que, en los años secos, la lana suele “cargarse” de tierra incluso en septiembre y principios de octubre, previamente a la esquila preparto. “Hasta ahora, no se registran vientos fuertes y el suelo está húmedo. No tenemos polvo en suspensión y no se están cargando las lanas de tierra. De modo que tendremos lana más limpia, de mejor calidad, con mejor rinde al peine (uno de los factores que determinan el precio de la lana)», argumentó Gaetano. Esta mejora del parámetro de calidad, añadió, implica que «el rinde al peine podría representar a igual finura al menos unos 40 centavos de dólar más por kilo de lana sucia”.
Sin embargo, la anomalía en el exceso de lluvias representó un problema para el sector ganadero ya que “los animales mojados no se pueden esquilar para preservar el bienestar y evitar pérdidas”. Contó que, en más de una ocasión, las comparsas tuvieron que volver a los pueblos y esperar una semana para poder seguir esquilando en los establecimientos de sus clientes. “El problema, además, es que la lana mojada no se puede clasificar correctamente y si se almacena en bolsones o en fardos la lana se ‘arde’. Es por ello que las ovejas y las chivas se esquilan secas”, explicó.

Recordó también que en la zona predomina la esquila preparto: los ovinos y caprinos son esquilados unos 20 días antes del inicio de las pariciones. Esta estrategia de manejo tiene varias virtudes: los animales, al sentir frío, comen más y buscan reparo. “Las ovejas esquiladas se alimentan más que las no esquiladas, alcanzando mayores niveles de energía disponible para su propio metabolismo, para finalizar el desarrollo y crecimiento del feto y para enfrentar el inicio de lactación al momento del parto”, puntualizó. Dijo que con la esquila preparto entre septiembre y principios de octubre, se evitan los vientos de fines de octubre, noviembre y principio de diciembre, no se cargan de tierra y no se reduce el rinde al peine. «Todo esto se traduce en un incremento de más de un dólar por kilo de lana sucia”, puntualizó.
Este año, con las condiciones climáticas, las esquilas en algunos establecimientos se han atrasado lo suficiente para modificar ese patrón de manejo. Las ovejas ya empiezan a parir, «forzando a los productores a tener que realizar forzadamente una esquila post parto entre fines de noviembre y principios de diciembre». “Así, los productores se ven forzados a estos atrasos, en una segmentación de la oferta de la lana en el tiempo y en un atraso para percibir los fondos generados por esa venta”, subrayó.

En cuatro meses llovió el promedio histórico anual
En la zona de Ingeniero Jacobacci, históricamente el 75% de las precipitaciones anuales se registran entre otoño e invierno, de abril a septiembre. La mitad son precipitaciones níveas.
Gaetano puso como ejemplo que, en 1984, se acumuló más de un metro de nieve debido a una serie de nevadas sucesivas y temperaturas máximas por debajo del 0 grado. Esa masa se fue derritiendo y produjo una suerte de riego por manto a lo largo de toda la estepa, resultando en una muy buena carga de la napa freática y una primavera vegetativa excepcional.

En los últimos 40 años, sin embargo, con el cambio climático, las nevadas son esporádicas y no duran más de 15 días debido a que los inviernos presentan temperaturas no tan hostiles. “Por más que caiga agua en invierno, como luego no tenemos precipitaciones primaverales significativas, entre la radiación, el incremento de la temperatura y los vientos normales del último trimestre, llegamos a diciembre con un pastizal seco”, lamentó este ingeniero agrónomo.
¿Cómo incide el fenómeno de El Niño? Se produce una oscilación térmica del agua de la franja ecuatorial del Océano Pacífico que modifica el régimen de precipitaciones, especialmente en el Hemisferio Sur. Si bien en Patagonia, el impacto es menor, el Super Niño aumentó mucho la temperatura del Pacífico generando precipitaciones de mayor volumen y más frecuentes desde julio de este año. Se proyecta que continúe hasta mayo del 2027, concentrándose el mayor impacto entre julio del 2026 y marzo del 2027.

“Este año, el Niño generó -y generará- volúmenes de agua increíble que impacta en la ganadería ovina, caprina y bovina, principalmente en los departamentos de Pilcaniyeu, Ñorquinco y 25 de Mayo», manifestó. Como los campos de la zona de influencia de Ingeniero Jacobacci, se encuentra a una altura promedio de 1.000 metros sobre el nivel del mar, «la primavera arranca en noviembre. Con tanta agua en el suelo, las plantas presentarán niveles de crecimiento anormalmente elevados entre la ventana temporal ubicada entre fines de octubre y principios de abril”.
Solo en julio precipitaron 80 milímetros en Ingeniero Jacobacci -el promedio histórico anual, de acuerdo con los últimos 25 años, es de 170 milímetros-. “Esto significa que, en un mes, cayó más de la mitad de lo que llueve en el año. Entre el 1 de julio y el 21 de octubre, se registraron 180 milímetros; es decir que en cuatro meses llovió más que el promedio histórico anual. Al momento, ya contamos con 237 milímetros totales y se espera que esto continúe entre noviembre y marzo”, concluyó.

Más herramientas informáticas
Gaetano destacó que, poco a poco, los productores de entre 50 y 70 años van incorporando herramientas informáticas de la mano de sus hijos, productores más jóvenes que optan por permanecer en el campo. De esta forma, monitorean las cuestiones climáticas para planificar tareas y acceden a más información de mercado. “Si continuamos de esta manera, el mercado informal de fibras va a desaparecer”, mencionó el ingeniero agrónomo.
“En el área de influencia de Ingeniero Jacobacci, unos 30 mil kilómetros cuadrados, sigue lloviendo día tras día. Es para la estepa como un sistema de riego y aporta agua en volúmenes más que adecuados justo al inicio de la ventana de crecimiento del pastizal. Así se promueve una recuperación de la condición corporal de la hacienda en el umbral del inicio de parición tanto de ovejas como de chivas”.
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