Miedo que mata en el Golfo San Matías: un estudio científico explica el varamiento masivo de delfines
Una investigación realizada en la Patagonia y publicada en Royal Society Open Science propone postula que no es enfermedad ni accidente, sino una huida colectiva frente a depredadores que termina en tragedia.
En 2021, en el Golfo San Matías, 52 delfines aparecieron muertos en la costa y dos años después, en el mismo escenario, unos 570 quedaron varados. En ambos casos hubo un patrón que se repitió: movimientos inusuales hacia la orilla, una cohesión del grupo y desorientación, justo antes de que se avistaran orcas. Durante años, los varamientos masivos fueron un enigma para quienes estudian el mar, pero un trabajo reciente publicado en la revista científica Royal Society Open Science propone leer el fenómeno como una huida frente a un depredador.
El trabajo se centra en el comportamiento de los delfines comunes (Delphinus delphis), especies altamente sociales que se mueven y reaccionan en grupo. Según los investigadores, ante la presencia de amenazas como las orcas, estos animales pueden activar respuestas colectivas de huida que, bajo condiciones de estrés extremo, terminan llevándolos hacia zonas de aguas poco profundas. Allí, en lugar de encontrar refugio, quedan varados.
“Todo el proceso fue largo: hay que superar distintas etapas de evaluación, revisión, procesamiento y diseño, pero finalmente la investigación salió en una revista open access, o sea que cualquier persona puede acceder sin pagar”, explica la licenciada en Ciencias Biológicas y doctora en Ciencias Naturales, Magdalena “Malala” Arias, autora del trabajo.
Arias forma parte de un equipo amplio de investigadores del CIMAS, la Universidad Nacional del Comahue y la Fundación Azara. “En la investigación de este caso en particular, que fue un varamiento masivo, participaron muchísimos actores: no solo investigadores, también veterinarios y la comunidad local. Yo soy la primera autora del trabajo y la que lo llevó adelante, pero es el resultado de un trabajo interdisciplinario”, aclara.
Un comportamiento que encendió las alarmas
“En realidad, lo que empezó a pasar es que comenzamos a ver cambios en el comportamiento de los delfines. Para ubicarnos, en el Golfo San Matías hay distintas especies y cada una usa el mar de manera diferente. Hay delfines costeros y otros oceánicos. Incluso, dentro del año, se mueven según la disponibilidad de alimento. El delfín común, que es el que varó, es más oceánico”, detalla.
Los investigadores empezaron a registrar algo inusual: durante los últimos años veían que se incrementaban la cantidad de registros de manadas de delfines, que no son costeros y que antes no se observaban cerca de la costa. Eso les llamaba la atención. Pero, sumado a eso, empezó a suceder otra cosa. Ingresaban a la Bahía San Antonio, un ambiente complejo, con una boca angosta y grandes variaciones de marea que dejan al descubierto extensos bancos de arena.
“Lo que vimos fue que manadas de delfines comunes empezaban a ingresar a esa bahía, eso encendió las alarmas: algo estaba cambiando en el sistema. Hasta que un día vimos una manada que entró y, al rato, apareció un manada de orcas, siguiéndolos. Esto fue en 2021, al día siguiente, encontramos un varamiento masivo de 52 delfines muertos”.
Hay un montón de hipótesis sobre por qué puede ocurrir un varamiento masivo. Puede tratarse de un efecto antropogénico, como explosiones marinas, o de animales enfermos o desorientados. Pero ese episodio marcó un antes y un después. Por primera vez, podían asociar un evento de varamiento con una persecución previa.
“Eso es lo más relevante, pudimos documentar todo el proceso. En el mar, muchas veces los investigadores solo vemos el resultado final, los animales varados, pero no sabemos qué pasó antes”, dice la investigadora.
El segundo evento que completó el rompecabezas
Dos años después, la escena se repitió, pero con una diferencia clave: esta vez pudo observarse completa. Una gran manada de delfines comunes ingresó a la Bahía y comenzó a desplazarse cerca de la costa entre el puerto de San Antonio Este y Punta Perdices. Al llegar al banco de arena, pese a tener profundidad suficiente para salir, los animales cambiaron bruscamente de dirección y quedaron atrapados en un circuito de idas y vueltas.
Ante esta situación, embarcaciones y luego kayaks intentaron guiarlos y contenerlos en zonas más profundas, pero la maniobra no fue efectiva. La manada, estimada en unos 570 individuos, terminó desorganizada y varios grupos comenzaron a avanzar hacia la costa, donde quedaron varados en aguas poco profundas.
“Estamos hablando de una manada enorme, en poca agua, nadando constantemente, en un estado de estrés muy grande”. Esta vez, sin embargo, hubo un factor determinante: la intervención humana. “Fue clave el trabajo multidisciplinario. Hubo muchísimo apoyo de la comunidad local, de la Secretaría de Ambiente, Prefectura, la patrulla ambiental, estaba todo el mundo colaborando para reflotar a los animales”. Con la subida de la marea durante la noche, los delfines lograron salir y no hubo muertos.
Ese segundo evento permitió reconstruir lo que probablemente había ocurrido en 2021. “Por el horario en que ocurrió el primer varamiento, y el ciclo de mareas, lo más probable es que haya sucedido durante la noche, en un momento en que nadie lo pudo ver. En cambio, este segundo evento ocurrió durante el día y se pudo observar todo el proceso".
La red invisible que mira el mar
“Las escalas en el mar son enormes. El inicio de la persecución en 2023 pudo haber sido en Las Grutas”, explica Arias. Y ahí aparece otro actor clave: la comunidad. “Es una comunidad muy conectada con el mar y nos ayudan permanentemente. En 2023, los mensajes empezaron a llegar casi en simultáneo: primero alguien avisó que había delfines comunes; minutos después, surfistas confirmaron que el grupo había pasado por otro sector. Más tarde, operadores de turismo náutico alertaron sobre la presencia de orcas. Y desde Las Grutas llegó otro dato clave: los delfines estaban ingresando a la bahía".
Así se construyó una red espontánea de información.“Toda esa gente vinculada al mar va reconstruyendo el rompecabezas. Sería imposible hacerlo sin esa conexión”. Videos, registros con drones y comunicación en tiempo real permitieron, entre otras cosas, estimar la cantidad de animales, porque pudieron contarlos.
Por qué estos eventos comenzaron a repetirse
Uno de los interrogantes que abrió la investigación es por qué estos eventos comenzaron a repetirse. “Nos preguntamos por qué algo que no tenía antecedentes en décadas empezó a ocurrir”, dice Arias. La respuesta apareció en los depredadores, pero también se obtuvieron datos sobre el tamaño y la composición de los grupos de orcas.
“Evaluamos qué está pasando con la población de orcas en el Golfo San Matías y observamos un aumento en los registros en los últimos años”. A través de la fotoidentificación, detectaron que no solo hay ejemplares conocidos de Península Valdés, sino también otros no registrados. “Eso significa que hay más orcas de las que pensábamos y que la circulación es más diversa”.
El estudio de estos animales sigue siendo un desafío. “Las orcas tienen movimientos muy amplios, no tienen un patrón fijo. No podés salir a buscarlas como a otras especies. Eso hace que sepamos relativamente poco”. Sin embargo, nuevas tecnologías como los transmisores satelitales empiezan a abrir otras posibilidades.
El aporte central del estudio es haber podido comprobar algo que hasta ahora era solo una hipótesis: que la persecución por parte de depredadores puede desencadenar varamientos masivos. “Imaginate lo frustrante que es llegar a un varamiento y encontrar animales en perfecto estado: sanos, sin signos de enfermedad. Y preguntarte ‘¿qué pasó acá? Ahora sabemos que esto puede ser la causa”, dice Arias.
La conclusión es reveladora. “A veces es duro, porque son animales carismáticos, pero es parte del sistema. Es una interacción predador-presa”. En el mar, como en casi todo lo que no se ve, las respuestas no siempre están donde uno mira. A veces, hay que reconstruirlas y Malala subraya que hacerlo en comunidad abre oportunidades a la ciencia.
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