Negocios con historia y futuro en el 116° Aniversario de Allen
Experiencias y recuerdos en las historias de dos iniciativas que lograron superarse en las distintas etapas de la ciudad.
Empresa familiar que perseveró y se multiplicó por seis

Cada vez que llega una maquinaria vendida por ellos, a las chacras o cultivos de la región, la sonrisa de la entrega es similar a la de quien se compra su primer 0Km. Sólo quienes apuestan al agro entienden lo que eso representa en el Valle: más que una inversión dentro de la fruticultura, la ganadería o la horticultura, aquí la compra se traduce en identidad, en vínculo cercano y en un lazo estrecho con la ciudad que los Natalini vienen construyendo desde aquel primer local en la avenida Roca, casi Eva Perón, cuando todo comenzó en 1986.
Los agroquímicos y la madera fueron los primeros pilares de esta empresa que ya acumula cuatro décadas y dos generaciones, trayectoria a la que también sumaron, en los últimos 20 años, el valioso reconocimiento del fabricante mundial John Deere, como concesionarios oficiales.
Así, lo que empezó con Ricardo en el comercio bautizado “El Agricultor”, hoy se complementa con sus hijos y familia, en un entramado pujante que logró multiplicarse a seis razones sociales, que dejan a la vista la estrategia de diversificación de sus protagonistas. Cosecha, empaque y exportación son los eslabones de esta cadena que hoy les permite llegar con su producción a Brasil, Rusia, Estados Unidos y más, mientras que en la Patagonia, a su vez, se adaptan a otras economías regionales, como la del lúpulo, por ejemplo.
Con sedes en Allen, en Regina y empleados desde hace 35 años, conocen de la actividad y buscan acompañar sus procesos de transformación, pero logrando que el crecimiento no les quite la cercanía con ese productor primario, a quien deben garantizarle atención personalizada y todas las soluciones, en un solo lugar. Por eso su propuesta se completa con una forrajería emblemática, que aún hoy responde a las necesidades cotidianas de cualquier vecino. “Si a ellos les va bien, a nosotros también”, dejó en claro Matías, segunda camada en la empresa, en diálogo con RÍO NEGRO.
Tradición fuerte, de la chacra y el galpón, al mundo
“Dios quiera que el tiempo nos siga acompañando para seguir poniendo plantas, ese es el anhelo mío”. La frase pertenece al propio Arnaldo “Chiche” Brevi y se la pudo escuchar en el acto realizado el pasado jueves 21, cuando fue reconocido como Ciudadano Ilustre de la ciudad.
A sus 87 años, no cambia de idea: con un camino transitado con la fruticultura desde 1938, su vocación heredada se remonta incluso a 1907, cuando su familia dio los primeros pasos en la chacra, incluso antes de que se fundara Allen.
RÍO NEGRO pudo conocer esa parte de la historia local, gracias a los recuerdos que él mismo escribió para aportar a la recopilación, desde las encomiendas de granja por correo a los galpones de la Distribuidora de Frutas Argentinas (AFD), Cortese, Di Meo, Chiacchara Hnos., Puigros y Toschi, hasta que se hizo posible el propio. En el medio fueron testigos del cambio del cajón cosechero al bins de 400 kilos, apostaron por la reconversión hacia nuevas variedades y viajaron al exterior siempre buscando nuevas y mejores técnicas, al igual que con el INTA.
Hoy, con ese mismo tesón, sus hijas Graciela, Raquel, Mabel, Cristina y Beatriz, cuidan la vigencia del apellido en este rubro, reconociendo en la figura de Concepción Cifuentes, esposa de Arnaldo, el rol de la jefa que a todos los cuida para que la familia siga por más.
Bajo el nombre “Cinco Hermanas SA” de 1999, la empresa hoy asociada al grupo PAI SA, es motor y sustento para sus dueños y 98 colaboradores que trabajan durante casi todo el año, con una producción que llega al mundo. “¡Cómo no vas a querer lo que estás haciendo y disfrutar cuando ves las plantas cargadas de frutas, si son nuestro sustento y el de tantas familias que participan del proceso productivo!”, celebró “Chiche”, con la sabiduría que le dieron los años.
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