La segunda vida de la ropa de montaña: un consumo que crece en Bariloche
Vestirse para el invierno sin gastar de más, la propuesta en la ciudad cordillerana.
Natalia y Alejandro y, una historia de emprendedurismo que inició en 2022 y se conviritó en novedad. Foto: Marcelo Martínez
«Vendemos ropa para que ya fue usada por otros basándonos en la necesidad de cambiar nuestra manera de consumir. Apostamos a elecciones responsables, conscientes y críticas«. El concepto de moda circular -que pretende extender la vida útil de las prendas y generar menos residuos- desembarcó en Bariloche años atrás y hoy ya no es novedad. Pero la ciudad cordillerana extendió esta propuesta a la ropa de montaña.
«Buscando ropa para nuestros peques (Lautaro, de 9, e Iván, de 6), descubrimos que, en el norte del país, vendían mucha ropa usada. ¿Por qué había jardineros para la nieve en Jujuy? Ahí descubrimos que muchas prendas entraban del norte de Chile a Bolivia y de ahí, bajaba a Jujuy y Salta«, contó Natalia Palmada.
En esa oportunidad, la mujer, junto a Alejandro, su pareja, hizo una compra para sus hijos. «La ropa estaba buenísima. Lo cierto es que acá en Bariloche, encontrar ropa usada en buenas condiciones, resultaba complejo«, contó.

Detectaron una fuerte necesidad en el mercado local y decidieron abocarse a vender ropa de montaña para chicos ya que, crecen y por lo general, dejan la ropa impecable, casi sin uso. Recibían pedidos por parte de amigos y gente conocida. Poco después, la oferta se extendió también a los adultos.
«Empezamos a traer ropa y muchas familias conocidas nos encargaban algún pantalón o campera para la nieve. Y se nos mezclaron dos cosas: la moda circular con un consumo responsable para cuidar el planeta y por otro, la necesidad concreta de tener ropa para enfrentar las condiciones del clima que, por lo general, es muy cara«, relató la mujer.
Alejandro Parola advirtió que el público principal de Malón está dividido entre quienes trabajan en algún rubro vinculado a la montaña y aquellas familias que se radican en Bariloche. «Cuando llegás, de repente, te encontrás con que necesitás ropa de abrigo, algo impermeable. Y no porque vayas a esquiar. Aquel que juega con la nieve, que hace culipatín en la esquina de su casa y el jogging o el jean ya no le da», señaló.

La venta de ropa usada de montaña comenzó en mayo del 2022 y se extendió durante todo el invierno. «¿Y ahora qué?, ¿cómo seguimos?«, fue la pregunta, cuando llegó septiembre y la nieve quedó atrás. Sin embargo, la actividad e extendió porque después de la pandemia, mucha gente empezó a practicar trekking y otras actividades de montaña.
El universo es inmenso: remeras y buzos térmicos, pantalones de trekking, mochilas, baf (cuellos), remeras con protección UV para los chicos. «Nos enfocamos en la vida de la montaña y para el verano. Nos fuimos adaptando«, dijo Natalia.
La moda circular es importante pensando en el caos que es el planeta. Es cierto que la pilcha es una necesidad, pero está bueno pensarnos, lo que se viene y cómo cuidamos»,
Natalia Palmada, de «Malón».
Del «perchero móvil» al local
En un comienzo, la pareja viajaba al norte del país y seleccionaba una a una, cada prenda. No compraban «por fardo», «ni ropa por kilo» porque consideraban que, de esa forma, se generaba mucho desperdicio. Por otro lado, tomaban ropa a consignación de pobladores de Bariloche, El Bolsón o Lago Puelo que, al pasar por la ciudad, aprovechaba para dejar sus prendas. Esta última modalidad se mantiene al día de hoy.
Como la pareja vive en el kilómetro 24, la distancia del centro les ocasionaba la caída de las ventas. Entonces, en un principio, se ofrecían a pasar por las casas de quienes estaban interesados, «con el perchero móvil».

«Alguien nos decía: ‘Estoy buscando un pantalón de nieve para mi hija’. Cargábamos una valija o bolso en el baúl del auto y caíamos en la casa. Le pasaba el bolso y se probaba hasta elegir con qué quería quedarse«, recordó Natalia.
Durante mucho tiempo, la pareja también alquiló un gimnasio en la calle Mitre. «Cargábamos los dos autos con los percheros, los pibes -porque no tenemos familia en Bariloche- y armábamos una especie de feria donde la gente se probaba. Nos venía bien porque había espejos por todos lados», aportó Alejandro que, hoy, combina su actividad como emprendedor con un puesto laboral en un hotel.
Natalia, en cambio, trabajó durante 20 años en el Ministerio de Trabajo hasta que decidió renunciar para abocarse de lleno a Malón. «Me fui hace dos años. Recuerdo que en el Ministerio, dictaban cursos en los que te ayudaban en tu proyecto y yo siempre hacía el chiste de que necesitaba tutoría. De pronto, pasás a calcular costos, devenís en fotógrafo, contador. Está re bueno, pero es demandante«, reconoció.

Dos años atrás, la pareja alquiló un local en la calle Gallardo al 600, muy cerca del centro de la ciudad. «Somos un equipete transitando el universo del emprendedurismo: devenimos en fotógrafes, editores, publicistas, hacemos miles de kilómetros en nuestra versión perchero móvil, nuestro hogar se viste de showroom», anunciaban en las redes sociales.
Respecto al local, Alejandro aclaró que «es un espacio muy chiquito, pero la gente puede venir y probarse para evaluar y comparar. Muchas veces, viene gente que recién llegó a vivir a Bariloche y éste será su primer invierno. En ocasiones, los asesoramos».

El objetivo es brindar precios económicos de las prendas, pero estos varían de acuerdo al abanico de marcas. «De tanto en tanto, recorremos los comercios de las marcas de ropa de montaña en Bariloche para chusmear los precios y estamos a la mitad -muchas veces, menos-, dependiendo las marcas», dijo Alejandro.
Natalia acotó que, «ahora, con el comienzo del esquí escolar, tenemos muchos pantalones, sabiendo que los chicos harán la actividad solo en ese momento«.
¿Por qué «Malón»? Los emprendedores recalcaron que así se conocía al ataque sorpresivo de los indígenas. En las tolderías, el regreso exitoso del malón se celebraba con un gran festejo, bailes y comida.

"Vendemos ropa para que ya fue usada por otros basándonos en la necesidad de cambiar nuestra manera de consumir. Apostamos a elecciones responsables, conscientes y críticas". El concepto de moda circular -que pretende extender la vida útil de las prendas y generar menos residuos- desembarcó en Bariloche años atrás y hoy ya no es novedad. Pero la ciudad cordillerana extendió esta propuesta a la ropa de montaña.
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