«Otras Voces»: la fundación que acompaña a los estudiantes de Neuquén a terminar la secundaria

A través del programa "Espacios Barriales", la institución del oeste de Neuquén invita a los jóvenes a seguir estudiando. Valentina es una de las alumnas que finalizó la escuela y ahora cursa Psicología en la Universidad Nacional del Comahue.

La Fundación Otras Voces apuesta por los adolescentes en Neuquén. (Foto: Cecilia Maletti).

Valentina Portalatin vive en Neuquén y estudia Psicología en la Universidad Nacional del Comahue. Su primer contacto con la Fundación Otras Voces fue cuando su madre asistió a un taller de cocina, hace 10 años. Al morir su mamá, Valentina ingresó a un hogar. En ese momento, la “casita de barro”, como la llama con cariño, se volvió su refugio. Iba a la escuela y luego se quedaba allí a estudiar hasta la noche. “No quería volver al hogar”, recordó.

El programa de la fundación “Espacios Barriales para la Integración Educativa” la ayudó a finalizar la secundaria, pero sobre todo a transitar su intento de suicidio. “Tere me dio una carta con mensajes de mis compañeros y los profesores”, contó y enfatizó: “Es muy importante que existan lugares como estos”. La joven es el claro ejemplo de que cuando una institución brinda contención, otros proyectos de vida son posibles.

El método de una organización de Neuquén para frenar la deserción escolar


“Cuando los pibes están en la escuela, en el deporte, en el arte, están en la música, la sociedad sigue un ritmo que es de confianza, que es de desarrollo, que es de bienestar”, destacó la presidenta de la fundación, Teresa Casala. Otras Voces surgió luego de detectar un diagnóstico preocupante en la Argentina del 2000, que se repetía en el oeste de Neuquén: tres de cada diez estudiantes abandonaban la escuela.

“En el año 2005 nos constituimos ya como Organización de la Sociedad Civil, con el objetivo de escuchar sobre todo a aquellos y aquellas que no tienen voz en las comunidades”, remarcó Casala. Desde entonces, “la casita de barro” sobre calle Las Palomas 165 se convirtió en un espacio de referencia para cientos de adolescentes. “Siempre lo sentí como un lugar seguro. Ahí podía ser yo, podía estudiar, podía charlar”, resaltó Valentina.

A través del programa “Espacios Barriales para la Integración Educativa” refuerzan contenidos. (Foto: Cecilia Maletti).

Más de 20 años después, corre peligro la continuidad de la fundación. Casala explicó que se cayó el financiamiento que sostenía parte del programa educativo y que eso pone en riesgo la posibilidad de sostener el espacio. “No queremos que esto se venga abajo a fin de año, cuando las y los estudiantes han tenido un repunte enorme, prácticamente boletines hermosos”, advirtió.

Valentina lamentó la situación que atraviesa Otras Voces. “Es un lugar que ayuda, que acompaña, que no debería cerrar para que un montón de personas como yo y cientos más que están en situaciones vulnerables puedan progresar”, afirmó la joven.

Aunque las personas detrás de la fundación no se rendirán fácilmente. Mientras algunos docentes decidieron continuar unos meses sin cobrar, la organización salió a tejer nuevos acuerdos. “Lo que estamos buscando son alianzas estratégicas. Va más allá de una donación tradicional o de un acto de filantropía. Es fundamental salir del individualismo. La cooperación y la colaboración son la base para una sociedad diferente”, enfatizó Casala.

Una de las docentes que sostienen ese entramado es Ingrid Rainao, profesora de Historia e integrante del proyecto desde hace dos años. Llegó a Otras Voces recomendada por una colega, empezó dando clases un verano y hoy integra el área de Ciencias Sociales, Políticas y Económicas en los Espacios Barriales de Neuquén.

“Antes de transmitir contenidos necesitamos también apuntar al bienestar”, planteó Rainao. Junto a otros docentes impulsó el espacio XTRAC, talleres de fin de semana donde combinan técnicas académicas con respiración, meditación y movimiento para “predisponerse al estudio”.

Casala señaló que el perfil de quienes asisten a la fundación habla de una vulnerabilidad cotidiana. Son, en su mayoría, adolescentes de “familias sencillas”, muchas veces monoparentales, con madres que trabajan todo el día como empleadas domésticas y chicos que se hacen cargo de sus hermanos menores.

También hay estudiantes que tienen que salir a trabajar e incluso jóvenes que se alejaron de la escuela y buscan una puerta de regreso. “No pueden pagar clases particulares, preparar una materia salía más de un millón de pesos. Entonces, cuando encuentran esta propuesta, es una oportunidad enorme”, subrayó.

Foto: Cecilia Maletti.

«Mi hijo el doctor»: cómo impulsar a los jóvenes a seguir estudiando en Neuquén


La presidenta de la institución remarcó que, en los últimos años, se ha dificultado promover la educación como herramienta de ascenso social. “Esa narrativa de ‘mi hijo el doctor’, ‘mi hijo el abogado’, lamentablemente ha ido cayendo”, afirmó.

Recordó que “hoy siete de cada diez no terminan la secundaria” y que, frente a ese panorama, “hay ofertas más atractivas como el narcomenudeo” o proyectos cortoplacistas que prometen ingresos rápidos. “Eso genera abandono, desinterés, falta de horizonte y de perspectiva”, enfatizó.

Frente a ese escenario, los Espacios Barriales para la Integración Educativa funcionan como dispositivos de cuidado de la salud mental y prevención de conflictos. “Hemos tenido alertas tempranas a problemáticas que podrían haber sido de gran conflictividad social o terminar en consumos problemáticos”, aseguró Casala. A partir de su detección, lograron trabajar con las familias, articular con las escuelas y frenarlo a tiempo.

Rainao ve lo mismo en el aula: ataques de pánico, la ansiedad, el miedo a fallar. “Para que uno pueda llegar a la meta, necesitás que otro te acompañe y que crea en vos. Es el principio de todo cambio el que una persona confíe en tu potencial”, afirmó.

Este año, cuando abrieron el período para preparar exámenes de febrero, en menos de 24 horas se inscribieron 275 estudiantes. Según Casala, la gran mayoría logró aprobar. Los resultados del programa hablan por sí solos. Detrás de esos números hay jóvenes que ya egresaron y, casos como el de Valentina, que hoy caminan los pasillos de la universidad.

“Lo vemos cuando logran sacar esa materia que tenían hace muchísimo tiempo o cuando terminan la escuela las estudiantes que fueron madres, con lo difícil que es maternar, trabajar y estudiar. Quizás parece utópico, pero somos el claro ejemplo de que es posible”, reflexionó Rainao.

Ese es el horizonte que la fundación se niega a perder y por el cual hoy apela a la solidaridad de la sociedad de Neuquén para resistir. “Una comunidad que crece es una comunidad que puede soñar, que se imagina futuros mejores. A eso es a lo que todos aspiramos”, enfatizó Casala.

Más de 20 años de historia en Neuquén


El germen de Otras Voces comenzó a gestarse en el año 2000 en el oeste de Neuquén. La crisis golpeaba con fuerza, y los docentes notaban el vaciamiento de las aulas. “Veíamos que había muchas y muchos estudiantes que abandonaban la escuela, que muchas familias no podían sostener la escolaridad de sus hijos”, recordó Teresa Casala.

Frente a ese escenario, se asociaron con otras instituciones para buscar soluciones. Una de las primeras victorias de esa red fue impulsar la creación de la Escuela Vecinal Ceferino Namuncurá.

Con esa matriz territorial, la fundación no se limitó a lo estrictamente educativo, sino que rápidamente desembarcó en la dimensión sociolaboral para brindar herramientas a las familias. Así comenzaron a implementar el Banco Popular de la Buena Fe, una política de microcréditos que les permitió recorrer la provincia desde el norte hasta el sur.

Ese camino derivó en uno de sus proyectos más extensos: Emprendedoras en Acción. A lo largo de once años, este programa acompañó la inserción laboral de cientos de hogares. “Capacitamos a unas 1.800 mujeres con una currícula propia de la fundación que pone el empoderamiento de la mujer como eje. Después se sumó la formación en el oficio, el armado de proyectos, comercialización y redes sociales”, informó la presidenta.

Hoy, la organización mantiene su histórica presencia en las calles de la capital. Entre sus hitos, destaca el acompañamiento al Paseo de emprendedores del Parque Central. “Son 200 familias que sostienen desde hace 11 años la economía familiar con esa feria”, valoró Casala.

Además, la fundación desarrolla polos de emprendedurismo en Zapala, Rincón de los Sauces y San Patricio del Chañar, impulsa el fortalecimiento del tejido social en Piedra del Águila y lidera mesas de trabajo que reúnen a decenas de organizaciones comunitarias de la Patagonia.

La trayectoria de Otras Voces se consolidó en dos grandes líneas: la socioeducativa y la sociolaboral. Teresa Casala destacó que todos sus proyectos buscan un “triple impacto: van sobre lo social, lo económico y lo ambiental”.


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