Una investigación revela las particularidades de los feminismos en la Patagonia
"Patagonia Feminista" es la tesis de Guillermina Peralta que demuestra que el movimiento tiene una historia y una agenda propia en la región.
«El movimiento feminista es de carácter internacional con una historia muy larga, pero el proceso en Argentina tiene particularidades. Y los feminismos de Patagonia no son un eco o reflejo de lo que sucede en las grandes metrópolis. Por eso, necesitamos producción científica en todos los territorios«. «Patagonia Feminista» se titula el trabajo de Guillermina Peralta con el que obtuvo el Doctorado en Estudios Sociales de América Latina. Aborda experiencias de autoorganización y lucha del movimiento feminista, de mujeres y disidencias en Río Negro y Neuquén, entre 2015 y 2023.
Este estudio, valora la socióloga, intenta comprender «un proceso novedoso»: «Las luchas para transformar estas injusticias de género se reconfiguran a partir de 2015. El movimiento feminista logra traducir las broncas e injusticias en movilizaciones enormes a nivel federal«.
Pero esta necesidad «de decir basta» no distingue grandes ciudades de pequeños pueblos y por lo tanto, se produce en distintos territorios.
El movimiento feminista, entiende Peralta, logró instalar preguntas centrales para la sociedad que terminaron generalizándose. «Esas preguntas son tomadas por diferentes sectores: ¿cómo nos posicionamos ante las desigualdades?, ¿cómo se organiza el trabajo doméstico?, ¿cómo vivimos la sexualidades?», enumera esta docente de la Universidad Nacional del Comahue.
A partir de las entrevistas, detectó que estas discusiones se extendieron a almuerzos familiares, instituciones educativas, comedores y merenderos populares y medios de comunicación. El estudio se focalizó en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén.
«El feminismo de esta época no surge del vacío social sino que se asienta en una historia larga de luchas que permite el desarrollo actual. Distintas entrevistadas señalaron al triple crimen de Cipolletti como un puntapié para la organización contra las violencias machistas en la región«, resalta.
Esta investigación se realizó en el marco de una beca doctoral del Conicet, aunque su autora reconoce que, constantemente, «estuvo en diálogo con otros cientistas sociales de la región y del país que producen conocimiento sobre procesos sociales». «Vivimos un momento de desprestigio hacia las ciencias sociales que producen sentidos críticos. Esta tesis -y otras investigaciones- permiten entender cómo están estructuradas las sociedades: los intentos que hay para transformarlas, cómo se configuran las políticas públicas y las ciencias sociales son fundamentales para desnaturalizar lo que, en principio, aparece como incuestionable«, puntualiza.

La investigación también permitió detectar que las luchas feministas son protagonizadas por «sujetos heterogéneos», como trabajadoras de la educación, estudiantes, amas de casa, trabajadoras de cooperativas, comunitarias en merenderos y comedores y mujeres del pueblo mapuche, entre otras. También encontró heterogeneidad ideológica, en tanto «los feminismos de la región no responden a un determinado partido político, sino que intervienen espacios con diferentes posiciones políticas que logran articularse en torno a determinadas demandas».
En este sentido, reconoce que «más allá de la heterogeneidad, llamó la atención el protagonismo de las jóvenes adolescentes y niñas que hacen que el movimiento sea intergeneracional«.
Retroalimentación
Otro aspecto llamativo del trabajo muestra que si bien el movimiento feminista tiene un aspecto muy visible vinculado a las movilizaciones masivas, a la vez, existe un «sinnúmero de acciones cotidianas que, a veces, no son las que toman mayor visibilidad, como el acompañamiento ante situaciones de violencias machistas, a quienes deciden abortar, el acceso a la justicia y muchas tareas en comedores, merenderos y hasta la construcción de viviendas para mujeres que necesitan«.
A lo largo del trabajo, Peralta se encontró con «producción de conocimiento» por parte de organizaciones, como estadísticas sobre violencias machistas y abortos, además de muchos materiales pedagógicos, académicos, cuentos y novelas que desnaturalizan opresiones.
«Otro hallazgo fue que, muchas veces, se asocian las luchas de las mujeres solo a las violencias machistas y al acceso al aborto legal. Sin embargo, hay otras demandas asociadas a los derechos económicos y sociales«, sostiene.
De 2015 a 2023, acota, Argentina registró un crecimiento de la pobreza y la indigencia. «El movimiento feminista toma esas reivindicaciones y las mira con lupa feminista. Esta pobreza y esa desigualdad que crece: ¿cómo puede mirarse desde una perspectiva de género?, ¿quiénes realizan las tareas y trabajos peores pagos?, ¿cómo viven las mujeres y disidencias sexuales la desigualdad creciente que se genera en nuestro territorio?, ¿cómo se construyen las masculinidades en la industria del petróleo?», subraya.
La investigación de Peralta retoma aportes realizados por Julia Burton, quien también estudia la lucha feminista en la región. «Si tomamos en cuenta el acompañamiento en situaciones de aborto, el dispositivo Socorro Rosa surge impulsada por compañeras de La Revuelta de Neuquén que logra articular una red nacional y latinoamericana. No todo se irradia desde los centros políticos a la periferia sino que hay una retroalimentación«, evalúa.
En este sentido, describe el Alto Valle de Río Negro y Neuquén como «un territorio muy prolífero en términos de conflictividad social, entonces los feminismos se articulan con otras luchas: en defensa de lo público, de la salud, las reivindicaciones del pueblo mapuche».
Guillermina es ayudante en Historia del Conocimiento Sociológico I y III (Sociología), jefa de trabajos prácticos en Sociología (Comunicación Social) e integra el proyecto de investigación de la Fadecs: Estado, sociedad civil y mercado en Río Negro y Neuquén.
El título de doctorado fue otorgado por la Universidad Nacional de Córdoba, gracias a una beca del Conicet en el Instituto Patagónico de Estudios de Humanidades y Ciencias Sociales. Su tesis estuvo dirigida por Nayla Vacarezza, junto a Verónica Trpin.
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