Una prueba piloto en un barrio de Bariloche busca bajar el consumo de energía
Cuarenta familias fueron convocadas por la Secretaría de Energía de Río Negro para participar de un ensayo para ahorrar energía con dos modelos de estufas que emplean leña. Si la experiencia funciona se podría trasladar a otros barrios.
El barrio Alun Ruca está al sureste de Bariloche. Allí viven 400 familias. Foto: Marcelo Martínez
Una prueba piloto con 40 familias del barrio Alun Ruca intenta dilucidar si dos modelos de estufa permiten generar un ahorro de consumo eléctrico. El testeo se llevará a cabo a lo largo de cuatro meses y si se comprueba la efectividad, podría extenderse a otros barrios.
«Esta prueba piloto se desprende del Programa de Acceso Seguro a la Energía (PASE). En el barrio Alun Ruca se avanzó para regularizar las conexiones eléctricas de los vecinos un año atrás. De 400 viviendas, un 50% lo llevó adelante y el resto retomaría el trámite ahora», comentó Mariela Maggi, coordinadora del Equipo Territorial de la Secretaría de Energía de Río Negro.
«Pero quienes avanzaron en la regularización -acotó- se encontraron con la dificultad de los montos de facturación». Así se decidió impulsar un programa socioeducativo a fin de que los vecinos aprendan sobre el consumo y uso de los artefactos, la deficiencia energética y puedan optar por estufas que funcionan por combustión de leña: las metálicas y las de material refractario.
En relación a la prueba piloto, Maggi recalcó que «nació de escuchar lo que estaba pasando en el barrio. La regularización eléctrica es un paso fundamental para vivir mejor y con más seguridad, pero también requiere acompañamiento para que las familias puedan ordenar sus consumos y sostener el servicio”.

Esta experiencia contempla la instalación de dos modelos de estufas en viviendas seleccionadas del barrio: una estufa de doble combustión y una estufa rusa modular de inercia térmica, ambas orientadas a optimizar el aprovechamiento de la leña y reducir la dependencia de artefactos eléctricos de alto consumo. En los talleres que se ofreció a los vecinos, se enfatizó la necesidad de que la leña destinada a estas estufas no tengan humedad para alcanzar un mejor rendimiento.
«A través de registros, iremos monitoreando si el consumo de leña permitió bajar el consumo eléctrico», especificó Maggi. «No se trata solo de entregar la estufa al vecino -añadió- sino que un equipo de instaladores evalúa la opción ideal para cada familia y cada vivienda, de acuerdo al material, la superficie, las ventilaciones y el tiraje conveniente«.
Ejemplificó que «la superficie de las estufas de material refractario no tiene calor a diferencia de las metálicas y evita las quemaduras. Sin embargo, estas últimas se instalan en menos tiempo ya que solo demandan la instalación. Además, necesitan menos espacio. Las de material refractario deben ser construidas en el lugar, necesitan secarse y recién después, comienzan a funcionar». Por eso, añadió, «si pensamos en una familia con niños pequeños conviene la estufa de material refractario para evitar accidentes. La metálica es ideal por su rápida instalación en apenas unas horas, ideal para viviendas de personas adultas que no tienen riesgos de quemaduras».

¿Por qué la experiencia está pensada en principio solo para 40 familias? Desde la Secretaría de Energía explicaron que el objetivo es «modelar el funcionamiento no solo desde la instalación sino la respuesta del monitoreo». Los vecinos, junto a los equipos técnicos, evaluarán la conveniencia de los artefactos, el impacto en la economía familiar y la eficiencia energética.
El número de familias beneficiarias debía ser acotado para implementar un esquema de monitoreo, a través del registro de los propios involucrados y el cotejo con los informes de la Secretaría de Energía. «De esta forma, buscamos determinar si bajó el consumo de energía y el rendimiento de la leña ya que la tecnología de estas estufas permiten un uso eficiente», expresó.

El presupuesto para la prueba piloto
El valor de las 24 estufas metálicas de alto rendimiento es de 23.760.000 pesos; mientras que el costo de las 15 estufas de inercia térmica (tipo rusas) es de 18.000.000 pesos.
El ingeniero Agustín Vidal, del equipo técnico de la Secretaría de Energía Eléctrica, especificó que «ambas estufas no solo son para calefacción sino que disponen de un horno para cocción de alimentos». La estufa rusa, de ladrillos e inercia térmica es de 18 mil calorías; en tanto que las metálicas son de 15 mil calorías.

El modelo ruso requiere 2 kilos de leña seca dura por día y la de hierro necesita 3 kilos de leña seca dura por día. Ambas son consideradas de alto rendimiento: «requieren mucho menos leña que una tradicional en razón de la mitad o un cuarto en cantidades».
La estufa rusa, puntualizó Vidal, «ofrece una ventaja crítica en la autonomía nocturna y optimiza significativamente el volumen de madera necesario. Solo el punto caliente es donde se abastece de leña, el resto de la estufa tiene una baja temperatura de irradiación». La estufa de hierro, por otro lado, «tiene una respuesta de entrega de calor mucho más rápido, requiriendo más cantidad de leña diarios para mantener el régimen y requerirá atención continua para que el ambiente no se enfríe«.
En la prueba piloto, las estufas se entregan con sus manuales de uso y son instaladas por personal debidamente capacitado.

Seguimiento
El proceso de regularización de las conexiones eléctricas en el barrio Alun Ruca comenzó el año pasado. «Algunos vecinos nos plantearon la preocupación por facturas que alcanzaban los 300, 500 y 600 mil pesos. Desde la CEB se hizo un plan de financiación para cancelar las deudas, pero consideramos necesario realizar un relevamiento técnico para ver las condiciones de las instalaciones«, expresó Maggi.
También se brindaron talleres educativos en los que se alertaba, por ejemplo, sobre el consumo de los hornos eléctricos, los calonventores o las garraferas.
Maggi recordó el caso de una mujer que «se mostró sorprendida por el monto de la factura de luz planteando que solía dejar todo apagado y sin embargo, el consumo seguía siendo el mismo. Un electricista matriculado detectó el funcionamiento de una heladera del año 60 que hacía que el consumo fuera excesivo y que gastara lo que otros vecinos consumían en tres meses».

Una prueba piloto con 40 familias del barrio Alun Ruca intenta dilucidar si dos modelos de estufa permiten generar un ahorro de consumo eléctrico. El testeo se llevará a cabo a lo largo de cuatro meses y si se comprueba la efectividad, podría extenderse a otros barrios.
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