Soñando los museos del futuro
Ya no habrá visitantes, sino invitados.
Los museos del futuro serán espacios livianos y mucho más populares, concebidos radicalmente a escala humana, que privilegiarán la experiencia y las emociones por encima de las obras de arte, y donde el “invitado” y ya no “visitante” dejará su impronta, según se animaron a delinear destacados especialistas locales en un ejercicio imaginativo. Como en una suerte de versión contemporánea de Julio Verne, los directores de museo Andrés Duprat, Victoria Noorthoorn, Agustín Pérez Rubio, Teresa Riccardi, el secretario de Patrimonio Nacional, Américo Castilla y la coordinadora general de Typa, Florencia González de Langarica, se prestaron a vislumbrar –con una pizca de condimento lúdico y mucho de su ‘expertise’– los museos del futuro. Es sabido que el prototipo de museo decimonónico –creado para conservar y coleccionar– va quedando obsoleto y en los últimos años las nuevas tecnologías, las obras interactivas, la participación efusiva del público y la fusión y exhibición de diversas disciplinas se han combinado para renovarlo y sacudirlo de aquella imagen solemne y estática. “En el futuro los museos no van a coleccionar objetos sino experiencias. Y no estoy diciendo que se va a erradicar el arte sino que el punto no será el objeto, sino todo lo contrario, la desmaterialización de la mano de las nuevas tecnologías, las pantallas líquidas, el sonido.. se crearán atmósferas, donde el visitante va a dejar su propia impronta”, apunta Agustín Pérez Rubio, director artístico del Malba, en diálogo con Télam. “Y esto se está viendo ya, aunque tímidamente, en la recuperación de obras de los años 60, que le permiten al espectador volver a tener una experiencia, en relación con el hecho artístico. Y desde los museos somos conscientes de que la experiencia que eso supone es más importante. Y al final, una colección va a ser un registro de esas experiencias”, reflexiona el español. Algo similar opina Américo Castilla, actual secretario de Patrimonio Nacional –un cargo que ya ocupó entre 2003 y 2007– y quien convocó en 2015 a especialistas de todo el mundo para “El museo reimaginado”, una plataforma de nuevas ideas y enfoques creativos, que dejó asentado un manifiesto con ideas que todo profesional de este campo debería tener en cuenta. “Imagino a los museos del futuro como vehículos emotivos, con o sin tecnología, con o sin patrimonio, mucho más líquidos y livianos, sin el aparataje físico que tienen hoy en día, donde fluya la comunicación de modo transversal”, sugiere Castilla. “Ya no vamos a hablar de espectador, sino de invitado, lo que implica que es un transeúnte deseado por el dueño de casa, invitado a que te cuente, que te narre lo que le está pasando. Veo los museos en base a un diálogo mucho más enriquecedor”, vislumbra Castilla, una eminencia en lo que refiere al rol de los museos. “Ningún museo será enteramente lúdico, porque corre el riesgo de lo superficial, ni tan solemne que no invite a participar”, sentencia el especialista, también autor y compilador del libro “El museo en escena” y ex director de Typa (Teoría y Práctica de las Artes). Para Victoria Noorthoorn, directora del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, “serán espacios cada vez más inclusivos y amables, donde el espectador se sienta como en su casa, en un espacio que le pertenece y al cual quiera regresar una y otra vez”. Y advierte: “Los museos serán, desde ya, cada vez más populares. En este tránsito, las tecnologías (apps, tablets, señalización, propuestas de interacción digitales) ayudarán a expandir la experiencia con las obras de arte, a pensar en diversos caminos del imaginario o del conocimiento que una obra esté señalando. Pero las tecnologías jamás reemplazarán a la experiencia con la obra de arte”. En esta línea, el director del Museo Nacional de Bellas Artes, Andrés Duprat, asegura que “los museos debieron aggiornarse y dar respuestas a las nuevas demandas sociales, proponiendo a sus visitantes múltiples posibilidades y experiencias variadas”, opina. Por otra parte, en materia de nomenclaturas, el arquitecto y curador bahiense señala que “no hay que darle demasiada importancia a las disciplinas y a los soportes, las primeras son categorías que sirven para organizar y las segundas medios para expresarse. La creación artística está por encima de eso y en general cualquier herramienta para concretar las ideas es válida”. La museóloga Florencia González de Langarica, una de las fundadoras y miembro de Remcaa (Red de educadores de museos y centros de arte en Argentina) y actualmente coordinadora general de Fundación Typa –en reemplazo de Castilla-, sostiene que el visitante ocupará “un lugar más legitimado como co-creador de contenidos y co-diseñador del tipo de experiencias que quiere tener”. “Pero –reconoce Langarica– llevar este deseo a la práctica es mucho mas difícil. Muchas veces se trata de un tema de poder, de cuánto quiere mantener el museo la multiplicidad de voces, relatos, puntos de vista que no solo provienen de la construcción colectiva de los especialistas diversos involucrados en sus proyectos sino en conjunto a los visitantes”. Para Langarica, se trata de “imaginar que el museo se da vuelta como un guante, se vuelva poroso; que permita en sus espacios, a través de sus colecciones y propuestas seguir ensayando otros modos de convivencia social”. (Télam).
Mercedes Ezquiaga
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