Soñar es política de Estado

Por Juan H. Gowda *
Vivo en un valle soñado, como de película. Lo descubrimos por casualidad, cuando nuestros mellizos empezaban a caminar. A menos de una hora de Bariloche, con su aeropuerto internacional, nodo científico, tecnológico y turístico de Patagonia Norte, encontramos un rincón que parecía perdido en el tiempo, para bien y para mal. Gente de a caballo, ovejas y vacas, un río con agua potable y agradable, que invita a bañarse en cada remanso, un bosque nativo que no respeta fronteras entre Parque Nacional y Provincia, huertas, dulces, invernaderos, tardes calurosas y noches frías, pobladas de estrellas. Quien alguna vez durmió en El Manso, difícilmente lo olvide. Con el tiempo, construimos cabañas, empezamos a aprender un poco sobre la historia del lugar, y su gente; y a compartir algunos de sus sueños, mientras cumplíamos el de ver crecer a nuestros hijos en contacto con la naturaleza. Hoy ellos siguen construyendo este sueño, que ya nos trajo nietos.
Poblado hace más de 6.000 años, el valle de El Manso tiene una historia reciente de esplendor, cuando inmigrantes de chilenos abren sus valles a la agricultura y ganadería. Los arreos hacia el frigorífico de Cochamó dieron origen a las primeras familias de colonos, permitieron la construcción de un camino hasta el lago Taguatagua y hasta un telégrafo. Molinos, trigueros, frutales y hasta lúpulo llegaron al valle desde el Pacífico, nutriendo una población creciente que fundó una escuela para que sus hijos pudieran proyectarse y seguir soñando, antes de que Argentina y Chile marcaran sus fronteras.
Fronteras impuestas desde lejos los fueron dividiendo, definiéndolos como argentinos o chilenos, “permisionarios precarios” del Parque Nacional o productores de la Provincia de Río Negro. Durante los últimos 100 años, sus jóvenes emigraron a El Bolsón, Bariloche o Puerto Montt, buscando oportunidades laborales. Se perdieron sus molinos y caminos, llegaron aserraderos que dieron origen a los pueblos de El Foyel y Villegas, para luego cerrar sus puertas, cuando cambiaron las regulaciones forestales. Hoy la gente del valle sigue persiguiendo un sueño que permita que vuelva a florecer, para darles un mejor futuro a sus hijos, cerca suyo.
Cuatro escuelas primarias, sostenidas por la Provincia de Río Negro, brindan educación básica y contención a un número creciente de chicos. Tres centros de salud y un médico cuidan a una población de 1.500 personas, dispersas en casi 100.000 hectáreas de bosques y chacras. Más allá de las idas y vueltas del país y la provincia, la población de El Manso sigue creciendo, con nuevas familias que vienen a concretar un sueño rural y jóvenes que se niegan a abandonar el valle.
Hace más de 100 años, se asentaron campesinos que buscaban una oportunidad para mejorar su vida y la de sus hijos. Hoy, sus nietos sueñan con un futuro mejor para sus hijos. Cuando nos radicamos en El Manso, la comuna soñaba con un Centro de Educación Técnica orientado a la Producción Agropecuaria, que contemplara en su formación el perfil agroturístico. Los vecinos presentaron proyectos y juntaron firmas, logrando una promesa aún no cumplida por el gobernador de turno en visita electoral.
La Provincia ha definido como política de Estado la implementación de escuelas virtuales para zonas rurales, cerrando así la posibilidad de un CET presencial, puerta fundamental para el crecimiento y desarrollo productivo de la comuna. La creación de la ESRN Anexo 27 bajo modalidad virtual, hace 10 años, redujo el abandono escolar y la migración de jóvenes hacia Bariloche o El Bolsón. Hoy 40 jóvenes, acompañados por coordinadores locales, conducen sus estudios por internet, con profesores idóneos que los guían desde Viedma. El resto sigue buscando alternativas en las ciudades vecinas, o simplemente abandona sus estudios por falta de opciones. Este año egresan del primario 15 niños, la mayoría de los cuales emigrará en busca de un colegio adecuado a sus sueños.
La comuna de El Manso y Foyel es la cuenca de mayor potencial productivo y turístico de la Provincia, a pesar de que hoy sus tierras fértiles están invadidas por rosa mosqueta y sus bosques no son manejados, generando pocas oportunidades laborales. Asimismo, el desarrollo turístico está acotado por la falta de títulos, acceso al crédito y reglas de habilitación elaboradas para zonas urbanas, pero inadecuadas para espacios rurales. Un CET que incorpore aprendizaje en agroturismo podría ser un primer paso para convertir en realidad ese potencial, permitiendo al valle volver a florecer. Al menos ese es el anhelo de muchos padres y madres de la comuna, que han juntado ya más de 250 firmas de adhesión al proyecto recientemente presentado al Ministerio de Educación de la Provincia.
Tal vez esto parezca poco a ciudadanos de Bariloche o El Bolsón, Roca o Viedma. Tal vez el destino de un valle que sólo sustenta unos pocos votos no sea importante para sus gobernantes de turno. Tal vez, otros sueñen con el desarrollo tecnológico como futuro y consideren a la comuna como una expresión de un pasado que habría que abandonar. Si entre los que hoy deciden el futuro de la Provincia hay quienes sueñan con un sector productivo floreciente, social, y ambientalmente sustentable, el valle de El Manso es un muy buen lugar para empezar a construir ese proyecto y la educación es un elemento clave para sustentarlo. Con profesores radicados en el valle, que conozcan sus fortalezas y debilidades y brinden una formación asociada al entorno en el que viven. Son los jóvenes quienes podrán transformar nuestros sueños en realidad. Es nuestra responsabilidad darles las herramientas para hacerlo.
*Doctor en Ecología. Investigador.

Por Juan H. Gowda *
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