Subalternidad
–En “La clase media argentina” usted habla de “clase”. Ahora, en su libro trabaja sobre “las clases populares”. Con independencia de su inserción económica, ¿qué diferencia implica “clase” y “clases”? –La heterogeneidad que da forma a las “clases populares”. Pero no es una heterogeneidad que impida, en determinadas circunstancias –y así lo demuestra nuestra historia–, ser superada y en consecuencia unificarse en una misma postura desde la fragmentación. –Pero en este marco usted habla de “subalternidad” para definir la relación de las “clases populares” con planos hegemónicos de nuestra sociedad. ¿Debe inferirse que por un lado hay un tema de cantidad, de número, de masividad, y por el otro un tema de poder concreto? –No reflexiono el tema en términos tan tajantes porque, por caso, lo que defino como “clases populares” –desde su heterogeneidad, desde las distintas lógicas con que se han movido a lo largo de nuestra historia– no ha estado ajeno a ser poder, han sido sujetos históricos muy importantes, con fuerte proyección incluso hasta el presente; el peronismo, por caso. Apelo sí al concepto de “subalternidad” para referirme a lo que defino como una relación común que comparten todas las clases populares en relación con las elites que detentan el poder económico, político y social desde muy lejos en la historia del país; es decir, el poder por el control que ejerce sobre lo que podemos encuadrar como resortes que organizan la sociedad, una posibilidad que, al menos a hoy, no han tenido las clases populares, lo que no implica, reitero, ausencia de poder en ellas. (Ezequiel Adamovsky es doctor en Historia por la Universidad de Londres y licenciado por la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Fue investigador invitado en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia y en el presente es investigador del Conicet. Su “Historia de la clase media argentina”, editado en el 2009, es considerada la más rigurosa investigación publicada en el país sobre ese plano social)