Sucesión
Estuvo arriba y bien abajo. Las cosas nunca fueron fáciles para ella. Debió luchar para conseguir su lugar y también con sus demonios personales, los que la hundieron en años de oscuridad. La fuerza que tiene para encarar la vida desde muy chica la mantuvo a flote, a veces a pesar de ella misma, y la hizo convertirse en un ícono de la canción mexicana, en la que brilló en los sesenta y setenta y a la que hizo conocer por el mundo desde los ochenta.
Es de esas personas que por el cariño y el reconocimiento no necesita apellido. Decir Chavela hoy en día en el mundo de la música es lo mismo que decir Chavela Vargas.
Fallar una nota en el escenario siempre fue su miedo, y por eso desde hacía varios años que quería alejarse de ellos, pero su público no la dejaba.
El mes pasado, a sus 87 años, decidió que era el momento de decir adiós y lo hizo en un homenaje que se le brindó en el Teatro de la Ciudad en México DF por medio siglo de carrera musical.
Siete mujeres del espectáculo mexicano subieron al escenario para agasajarla mientras ella las escuchaba sentada en un sillón blanco. Allí estaban la bailarina Yolanda Montes, la actriz Rebeca de Alba y las cantantes Elsa Aguirre, Imelda Millar, Lila Downs, Blanca Guerra y Eugenia León.
Chavela agradeció y se emocionó con cada una de ellas, pero como no calla lo que piensa y siente, allí nomás eligió a su sucesora. Y lo dijo francamente: «Yo ya me voy porque los años pasan, pero la dejo a ella en mi lugar». Ella es Lila Downs.
A algunos pudo sorprenderles esa elección, tan coherente con la historia de Chavela, aunque ya la había anticipado.
No señaló a nadie que la imitara, que hiciera lo mismo que ella, sino que apostó a una cantante que va ganándose espacio no sólo en México -Lila ya ganó un Grammy-, apostó al futuro.
Las elecciones musicales de una y otra se encuentran pero no son completamente las mismas.
Chavela peleó su lugar con su poncho rojo en un género que cuando comenzó a cantar estaba vedado para las mujeres: la ranchera. Y a esas canciones generalmente tristes que cuentan penas de amor les puso su estilo muchas veces con la compañía del compositor José Alfredo Jiménez. En ellas la cantante que nació en Costa Rica pero que a los 14 años se escapó a México encontró su alma mexicana.
Chavela abordó la música tradicional, y arriesgó a su manera, como lo volvió a hacer ahora con su despedida discográfica «Cupaima», un disco que grabó con Jorge Reyes. El músico y productor incorporó en sus arreglos para ella la música prehispánica a las rancheras de siempre.
Lila Downs también suma en su repertorio los sonidos prehispánicos, las rancheras, danzones y canciones de distintas comunidades indígenas de México. Su vestimenta, su lugar de residencia la convulsionada Oaxaca-, su elección de identidad es mexicana, pero su sangre es mestiza -su madre es una india mixteca y su padre un director de cine estadounidense- y su música también.
Su voz pasa de los agudos a los graves sin esfuerzo, lo mismo que lo hace de la cumbia al hip hop, del bolero al jazz y cuanta fusión le sirva para expresarse. Ella habla del México de hoy, de los que cruzan la frontera, de los que se quedan.
Más allá del cariño y las cuestiones personales, Chavela seguramente vio en Lila calidad, compromiso y lo que más respeta: libertad.
SILVINA FERNANDEZ
sfernandez@rionegro.com.ar
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