Sudamérica, tierra de presidentes “flexibilizados”
En el último cuarto de siglo, uno de cada cuatro mandatarios de la región debió salir antes del poder. Expertos se preguntan si el caso de Brasil no marca el inicio de otro ciclo de inestabilidad.
La suspensión de Dilma Rousseff, y su casi segura salida definitiva del poder, está lejos de ser una excepción en Sudamérica. Desde las transiciones a la democracia en los 80, casi la mitad de los presidentes sudamericanos sufrió desafíos a su liderazgo que hicieron peligrar sus mandatos y uno de cada cuatro debió dejar el poder anticipadamente, ya sea por renuncia, juicio político o mediante algún artilugio pseudolegal.
Esta inestabilidad de los mandatos en el Cono Sur ha inquietado a la ciencia política desde hace años y el caso de Brasil, la democracia más poblada y el país económicamente más poderoso del continente, actualizó las preocupaciones.
Tras los turbulentos 90, con récord de caídas presidenciales, en la última década los gobiernos, mayoritariamente identificados como de “giro a la izquierda”, “progresistas” o “populistas” según el caso, habían mostrado gran fortaleza, con mandatos cumplidos y reelecciones. Sin embargo, los casos más recientes de Fernando Lugo en Paraguay y el proceso de impeachment a Rousseff en Brasil volvieron a poner el foco en este tema.
En algunos trabajos recientes, los politólogos Nicolás Tereschuk y Mariano Fraschini analizan lo que pasa actualmente en Brasil, destacando que el caso confirma una tendencia a la “parlamentarización” de los sistemas políticos sudamericanos, en donde se “flexibiliza” el mandato del presidente para dar luego a una transición ordenada hacia un nuevo llamado a elecciones. Destacan que, a diferencia de los años 70, esta inestabilidad de los Ejecutivos no ha significado la caída del régimen democrático. Agregan que esta tendencia “no distingue entre gobiernos neoliberales o nacional-populares, aunque se advierte mayor primacía en los que aplican un esquema de ajuste estructural” y se produce en un contexto de países con bajos niveles de institucionalidad, de los que exceptúan a Chile y Uruguay.
Consultados por “Debates”, los politólogos señalaron que existen varios factores comunes que habitualmente crean la “tormenta perfecta” que termina tumbando presidentes.
“En casi todos los casos de inestabilidad, desde el emblemático caso de Collor de Mello en 1992 a la actualidad, vemos los mismos elementos en juego: descontento con la situación económica por un ajuste neoliberal, protestas policlasistas que suman a varios sectores sociales, un caso de corrupción amplificado por los medios y la pérdida de mayorías parlamentarias por parte del presidente. A estos factores que ya han sido señalados en otro estudios, nosotros sumamos el rol del vicepresidente, que puede jugar a favor o en contra de la estabilidad. Y también la creciente preponderancia de los medios de comunicación y el poder Judicial, que no sé si eran tan fuertes en los 90 y podrían ser una novedad en los procesos más recientes”, señala Tereschuk.
El catedrático no descarta el debate sobre la denuncia de “golpe blando”, que realiza el oficialismo brasileño en el caso de Dilma. “Claramente es un procedimiento al menos gris. La acusación no está centrada en una caso de corrupción como el denominado Lava Jato o Petrolao (el escándalo de corrupción en Petrobras) sino en temas administrativos. En los discursos que vimos en Diputados hubo casi nulas referencias a esto, es decir , además de ser endeble, se debatió con poco fundamento”, señaló.
Pero “más allá del análisis de golpe blando o no, nuestra idea fue analizar esto en un contexto más amplio”, sostiene. En el caso brasileño, “lo que parece interesante es hacerse preguntas sobre la alta y baja institucionalidad. Se decía que Brasil estaba en un proceso de alta institucionalización porque tenía coaliciones y partidos fuertes y nos hemos dado cuenta los manejos institucionales de los partidos en Brasil son muy lábiles, particularmente en el Congreso. El tema es cómo se construyen las coaliciones, muchas veces en base a prebendas” como se denunció hace años en el caso del “mensalao”, el pago de sobornos a legisladores a cambio de apoyo al PT en el Congreso. “Recuerdo cuando estallaron las denuncias contra Lula, pero no era el primer gobierno que tenía ese mecanismo, era en general cómo los presidentes mantenían la gobernabilidad desde periodos anteriores”, detalló Tereschuk.
Lo cierto es que “después de la caída de gobierno a repetición que habíamos tenido en los 80 y 90, ahora hay otras inestabilidades, con aspectos cuestiones novedosas”, concluyó.
¿Nuevo ciclo?
Su colega Mariano Fraschini doctor en Ciencia Política, coincide en la confluencia de factores para preguntarse si a partir de los casos de Lugo en Paraguay hace unos años, el impeachment a Rousseff y la tensión que vive hoy Venezuela “ingresamos a un nuevo periodo de inestabilidad”, en el marco de una crisis económica global con baja de commodities pero “con todas estas variables internas que mencionamos que forman la tormenta perfecta”.
En el caso de Rousseff coincidió en que “el hecho ilícito o corrupción invocado para iniciarle el juicio al presidente viene al menos flojito de papeles”, pero destaca que otros factores de inestabilidad los aportó la propia presidenta. “Gran parte de responsabilidad de este presente de Brasil lo tuvo Dilma Rousseff, con un plan económico de ajuste desde octubre de 2014, con un ministro de Economía que representaba al sector financiero que se dio en conjunción con la desmovilización popular del PT” en medio de una recesión y la ruptura de la alianza estratégica con el centrista PMDB que la dejó en franca minoría en el Congreso. “Al final, el PT tenía apenas unos 80 diputados propios de 500” para frenar las embestidas opositoras.
Los poderes fácticos
Este politólogo destacó además el rol en estas crisis de los “poderes fácticos” entre los que destacó a los sectores económicos y los medios concentrados. “El rol de los medios es clave en la denuncia del hecho de corrupción. No importa tanto que el caso avance en la Justicia como que se instale en los medios y en la opinión pública. Fogonean la movilización policlasista, especialmente de sectores medios, y el caso tiene impacto político. Si los medios no lo instalan, el caso no existe para la política. El rol central es deslegitimar al presidente, sea responsable o no”, explica.
Sobre el rol del poder económico, “en el caso de Dilma es claro el rol de todo el sector agroindustrial, con la central empresaria paulista Fiesp y OGlobo a la cabeza, a Fernando Lugo en Paraguay lo derrocan sectores de la burguesía paraguaya, en el caso del fallido golpe a Hugo Chávez en 2002, la asociación empresarias Fedecámaras en conjunción con la CTV, la central de trabajadores de Venezuela, la Media luna con Evo Morales poco después” explicó. Estos sectores “no simpatizan con los gobiernos de centroizquierda y cuando pueden los sacan. Pero también empujan a la caída de gobiernos neoliberales cuando no les garantizan la estabilidad económica que necesitan”, destacó.
Los que se quedan
Cuando se analizan los casos de presidentes que lograron resistir los desafíos en el poder, ambos autores destacan la necesidad de los presidentes de aplicar constantemente estrategias y liderazgo para evitar que se activen al mismo tiempo todas estas variables de inestabilidad.
“La gran pregunta es si estamos entrando en un periodo de inestabilidad donde mantenerse en el poder va a ser difícil para cualquiera. Otro tema es qué pasa con los Congresos, cuando el presidente no tiene mayoría. Y el rol de los vicepresidentes, que a menudo se eligen para complementar al presidente y luego pueden apuntalarlo o pueden ser un factor extra de inestabilidad”, como en Brasil, señala Tereschuk. Y destacó las diferencia entre Dilma y Cristina Fernández. “En el caso de Cristina tuvo desafíos similares pero no cayó, el FpV mantuvo el poder hasta el último día”, explicó.
Fraschini recuerda que “la única manera de mantener la estabilidad en el caso de los presidentes que pretenden hacer cambios, es no ceder ante los poderes fácticos. Cuando querés agradar al poder real, la paga es esa, la alternativa es profundizar el cambio y gobernar para los intereses de las mayoría. Evo Morales sufrió varios desafíos y es de los mas populares de la historia de Sudamérica. Correa no tiene re-reelección pero mantiene el poder hasta el ultimo día. Fijate lo que le ocurre a Mauricio Macri, intentó contentar a los sectores de poder y ahora, en vez de ayudarlo, le exigen más”, finalizó.
La tormenta perfecta que saca gobiernos
Un caso de corrupción amplificado en los medios.
Una crisis económica encarada en contexto de ajuste, en su mayoría de tipo ortodoxo.
Un vicepresidente dispuesto para ser la figura de transición hacia un nuevo llamado electoral.
Una baja pronunciada en la imagen o popularidad del presidente.
Movilizaciones masivas en su contra, que involucran a varios sectores sociales (sectores populares, clases medias).
Gobiernos con minorías parlamentarias (esta condición se agrava en casos de coalición partidaria).
“En casi todos los casos de inestabilidad, desde el caso de Collor en 1992 a la actualidad, vemos los mismos elementos en juego”.
Nicolás Tereschuk
“La gran pregunta es si estamos entrando en un período de inestabilidad donde mantenerse en el poder va a ser difícil para cualquiera”.
Mariano Fraschini
Nicolás Tereschuk
Es periodista, licenciado en Ciencias Políticas (UBA). Realizó una maestría en Sociología Económica (Universidad de San Martín).Cofundador y editor del sitio Artepolitica.com.
Mariano Fraschini
Es doctor en Ciencia Política y docente (UBA-Unsam). Coeditor del blog colectivo “Artepolítica”. Coautor del libro “El príncipe democrático sudamericano” con Tereschuk.
La referencia
“El príncipe democrático sudamericano” analiza los liderazgos presidenciales en el siglo XXI en la región.
Links de interés
Texto de Kathryn Hochstetler Repensando el presidencialismo: desafíos y caídas presidenciales en el Cono Sur América Latina Hoy, núm. 49, agosto, 2008, pp. 51-72, Universidad de Salamanca España
Inestabilidad a la brasileña, ¿o a la sudamericana?
http://elestadista.com.ar/?p=10339
Datos
- “En casi todos los casos de inestabilidad, desde el caso de Collor en 1992 a la actualidad, vemos los mismos elementos en juego”.
- “La gran pregunta es si estamos entrando en un período de inestabilidad donde mantenerse en el poder va a ser difícil para cualquiera”.
- Links de interés
- Texto de Kathryn Hochstetler Repensando el presidencialismo: desafíos y caídas presidenciales en el Cono Sur América Latina Hoy, núm. 49, agosto, 2008, pp. 51-72, Universidad de Salamanca España
- http://www.liderazgos-sxxi.com.ar/sitio-wordpress/wp-content/uploads/2013/07/Repensando-el-presidencialismo.pdf
- Inestabilidad a la brasileña, ¿o a la sudamericana?
- http://elestadista.com.ar/?p=10339