Suma Putin, Obama salva la ropa, los rebeldes quedan a la intemperie

Por Redacción

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Marco Mierke-Anne Classmann DPA

En medio de su campaña para recabar apoyos para un ataque en Siria, Barack Obama dio un golpe de timón. La entrevista que el mandatario concedió el lunes a seis televisiones era parte de una estrategia para lograr el apoyo de la opinión pública y el Congreso a una intervención en Siria. Pero de repente, comenzó a hablar de paz. Por supuesto que paralizaría un ataque militar si realmente Al Assad pusiera bajo vigilancia internacional sus armas químicas. Y sí, claro que se puede ver con escepticismo si la propuesta rusa al respecto es seria y si los sirios están dispuestos a colaborar. Obama pronunció palabras que horas antes nadie habría creído: “evolución positiva”, “posibilidad de éxito”… impropias de un comandante en jefe que tiene el dedo en el gatillo. La gran pregunta en Washington es: ¿fue precisamente el presidente ruso, Vladimir Putin, enfrentado a Obama, quien le dio una salida al que podría ser su mayor traspiés político? Y es que los medios contabilizaban en en el Congreso hasta seis veces más votos en contra de la resolución sobre la guerra que a favor. Además, las encuestas mostraban un claro rechazo de la opinión pública a una nueva misión bélica. Nadie se atrevía a apostar si Obama podría recuperarse de semejante derrota. El cambio de timón comenzó con un frase del secretario de Estado, John Kerry. “Por supuesto, podría entregar todas sus armas químicas a la comunidad internacional”, respondió a la pregunta de si Al Assad todavía podía hacer algo para evitar un ataque. Según dijo el Departamento de Estado, las palabras de Kerry se referían a un escenario hipotético. ¿Pero fue realmente así? Su homólogo ruso, Serguei Lavrov, se apresuró a convertir esas palabras en una oferta para frenar el ataque. El peligro todavía no desapareció para Obama. Hay mucho que depende de Rusia y del régimen sirio, siempre impredecible. Pase lo que pase, seguirá siendo una incógnita si fue un golpe maestro o el azar. Si el régimen sirio renunciara realmente a sus armas químicas, sería un acuerdo perfecto y un alivio para la mayoría de los actores de este conflicto: la cúpula rusa podría jactarse de haber evitado una intervención militar en Siria, mientras Obama, podría renunciar a un ataque que rechaza la mayoría de su opinión pública sin perder la cara. Y también para el régimen de Bashar al Assad, la destrucción o entrega de sus armas químicas sería una salida, ya que seguiría utilizando contra los rebeldes la artillería y misiles convencionales. Los únicos perdedores son los opositores y el Ejército Libre de Siria (ELS), que tenían la esperanza de que sus brigadas pudieran vencer a unas tropas del gobierno debilitadas por el ataque.