Tan tan tan taaan
El intendente de Tigre y exjefe de Gabinete consideró a Cristina “parte del pasado”.
arnaldo Paganetti arnaldopaganetti@rionegro.com.ar
El suspenso que atrapó la guerra de posiciones en las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO), sobre todo en la provincia de Buenos Aires, no sólo arroja incertidumbre sobre el resultado del próximo domingo. La proyectada paridad registrada por las consultoras más creíbles abre interrogantes en torno a la decisiva puja legislativa de medio turno, del 27 de octubre, y su incidencia en la continuidad o discontinuidad del ciclo K que tendrá su epílogo a fines del 2015 –al menos alrededor de la figura de la presidenta Cristina Fernández, inhabilitada constitucionalmente para postularse a un tercer período–. Las impresionantes movilizaciones del último año en grandes ciudades, con un amplio abanico que dio aire a las protestas contra el gobierno, no encontraron un vector único. Ello posibilitó al kirchnerismo, aun con el desgajamiento notable del exjefe de Gabinete Sergio Massa, especular con la obtención nada despreciable de un porcentaje de votos que podría oscilar entre el 30 y el 35%. Los ultra-K, que van escondidos en la sábana que encabeza Martín Insaurralde –el de la cuestionada fotografía con el papa Francisco, utilizada en afiches publicitarios–, se ilusionan incluso con un porcentaje mayor. No es lo que estiman los seguidores del intendente de Tigre, que lleva la delantera en los sondeos aunque en las últimas semanas, merced al despliegue de Cristina (la oposición la acusa de haber violado la veda electoral) y el reinsertado gobernador con aspiraciones sucesorias Daniel Scioli, acotó sensiblemente la ventaja. Otro misterio en esta campaña donde sobresalen los personalismos por sobre las estructuras partidarias gira alrededor del aporte efectivo de los intendentes del populoso Gran Buenos Aires. Massa se llevó a varios del Frente para la Victoria (sobresalen Gabriel Katopodis, de San Martín, y Darío Giustozzi, de Almirante Brown). Pero el kirchnerismo reunió a la mayoría, entre ellos el peso pesado Fernando Espinosa, de La Matanza. “Martín está creciendo y va a ganar… la oposición está muy fragmentada en opciones con las peores recetas. Quiere volver al pasado y que el esfuerzo de los argentinos se lo lleve el establishment financiero”, declaró Espinosa, quien va en una lista testimonial para acercarle algunos puntitos al pollo de Cristina. Ignorado y hasta aislado –hubo dos actos que lo marginaron, uno en Santa Teresita, en el verano, y otro en Entre Ríos, en el otoño–, Scioli se convirtió en pivote de la odisea de instalar a Insaurralde. En Ezeiza recibió la pleitesía de doce gobernadores justicialistas, uno de los cuales –el de San Juan, José Luis Gioja– avisó: “El próximo presidente sale de acá”. Al tomar el guante, Scioli profesó lealtad. Señaló que las diferencias las planteaba adentro del PJ y que el tiempo será el gran ordenador. En obvia referencia a Massa y los intendentes que se fueron del redil, dijo: “No me la creo como otros que piensan que la provincia y los municipios crecen por sí solos, sin la ayuda de la Nación”. También, dando por descontado que la re-reelección no está (ni estará) en la agenda del oficialismo, se pronunció a favor de la alternancia en el poder “no para destruir, sino para poner ladrillo sobre ladrillo y construir”. “Flaco (en referencia al extinto Néstor Kirchner), conmigo no te equivocaste”, sacudió sentimentalmente a sus compañeros. Massa, por su parte, tras lograr hacer pie en 128 de los distritos provinciales, fue endureciendo su discurso sin tocar actos de corrupción, como machacan contrincantes de otras fuerzas como “Lilita” Carrió, quien hace “lío” en la Capital Federal; Margarita Stolbizer y Francisco de Narváez. Acicateado para diferenciarse más (ya había embestido contra La Cámpora y el secretario de Comercio Guillermo Moreno y fijado como prioridad la lucha contra la inflación y la inseguridad), Massa insistió en trazar una raya: él se colocó como parte del “futuro” y a Cristina la ubicó en “el pasado”. Ahora, resulta por lo menos curiosa la coincidencia entre Massa, la Rosada y otros dirigentes de la oposición cuando proponen modificar el impuesto a las Ganancias a la cuarta categoría para reemplazarlo por un gravamen a la renta financiera. Cosa extraña la realidad nacional: por un lado se polarizan de modo irreconciliable y por otro se aglutinan proyectos para satisfacer a una sociedad disconforme y dividida por intereses contrapuestos.
DE DOMINGO A DOMINGO