Cuando la IA sale de la pantalla: el desafío de llevar la inteligencia artificial al mundo físico

Un ecosistema tecnológico argentino busca acortar la distancia entre el mundo digital y el físico mediante IA, simulaciones, experiencias inmersivas y robots humanoides. Detrás del proyecto está un ingeniero que desarrolla soluciones para que las máquinas no solo procesen información, sino que puedan aprender, adaptarse y actuar en entornos reales.

Por Mario Ñehuen

Robots que aprenden: la tecnología argentina que busca conectar la IA con el mundo real. Foto: gentileza

La inteligencia artificial ya no se limita a generar textos, imágenes o código desde una pantalla. Su próxima frontera es interactuar con el mundo físico. En Argentina, el ingeniero y tecnólogo Santiago Braña desarrolla un ecosistema de empresas que explora precisamente ese punto de encuentro entre lo digital y lo tangible, con proyectos que van desde experiencias inmersivas hasta el entrenamiento de robots humanoides para tareas industriales.

“Trabajo en la frontera que une lo digital con lo físico: mundos virtuales y simulaciones que salen de la computadora para materializarse en el mundo real, por medio de tecnologías como la robótica o las experiencias inmersivas”, explica Braña.

La estrategia se articula alrededor de tres compañías con estructuras independientes: Erks, Humandroid y Rent-a-Bot. Aunque sus negocios son diferentes, las tres parten de una misma transformación tecnológica: la capacidad de los sistemas digitales para representar, simular y finalmente intervenir sobre entornos físicos.

  • De la simulación a la acción

Erks fue fundada en 2021 como un estudio de tecnología creativa especializado en producciones 3D, experiencias inmersivas y gemelos digitales. Estas tecnologías permiten construir representaciones virtuales de objetos, espacios o procesos reales y utilizarlas para generar experiencias interactivas, contenidos audiovisuales o simulaciones. La firma trabajó para empresas como Netflix, Sony y Santander, con proyectos desarrollados para distintos mercados internacionales.

El salto hacia la robótica llegó en 2025 con Humandroid. Su principal desarrollo es Robots-ID, una plataforma de software orientada a acelerar el aprendizaje y la adaptación de robots humanoides en entornos reales. El objetivo es que estas máquinas puedan ejecutar tareas industriales que van desde la manipulación de materiales hasta operaciones logísticas y de manufactura.

La cuestión central ya no es solamente fabricar robots capaces de moverse, sino desarrollar el software y los sistemas de entrenamiento que les permitan desenvolverse en escenarios cambiantes. En ese proceso, la inteligencia artificial se convierte en una capa fundamental para interpretar el entorno, aprender tareas y adaptar el comportamiento de las máquinas.

Humandroid estableció alianzas tecnológicas con Nvidia, AWS y Oracle y alcanzó un acuerdo con UBTech, fabricante chino de robots humanoides. La compañía tiene presencia en Argentina, Brasil y Europa y prepara una ronda de inversión.

La tercera pata del ecosistema es Rent-a-Bot, creada en junio de 2026. Su propuesta lleva la robótica humanoide a eventos, exposiciones, programas de televisión y activaciones. La compañía parte de un fenómeno que excede lo comercial: cuando una persona se encuentra con un robot humanoide en un espacio cotidiano, la interacción se convierte en una experiencia tecnológica que puede ser registrada, compartida y amplificada.

Así, las tres empresas representan distintas etapas de una misma evolución. Los mundos digitales pueden reproducir espacios físicos mediante simulaciones y gemelos digitales; la IA puede procesar información y tomar decisiones; y la robótica permite trasladar esas capacidades al mundo real.

El desafío tecnológico está en cerrar ese circuito. “No conocemos otra empresa a nivel global con un enfoque como el de Humandroid”, sostiene Braña. Más allá del impacto visual que generan los humanoides, la verdadera transformación estará en lograr que esas máquinas puedan aprender, adaptarse y operar de manera autónoma en contextos donde hasta ahora solo podían intervenir las personas.


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