“Temo que mi hija vea a su padre violador”
Después de tener que abandonar Buenos Aires y radicarse en Neuquén para proteger a su hija de las violaciones de su propio padre, María vive momentos de zozobra. El agresor podría ser absuelto y tener contacto con la niña, porque la causa aún no fue elevada a juicio y el plazo vence el 14 de enero. Los abusos la nena los sufrió cuando tenía cinco años, hoy tiene doce.
Neuquén
NEUQUÉN (AN).- Siete años atrás María cargó a sus hijos y todo lo que tenía en un camión de mudanza y de noche, entre las penumbras y el miedo a ser descubierta, huyó 1.200 kilómetros hasta esta ciudad para proteger a su hija, que con apenas cinco años había sido violada por su propio padre.
Hoy, pese a los pasillos recorridos, la causa judicial en contra de Claudio Sarate pende de un hilo dado que aún no fue elevada a juicio y vence el 14 de enero.
“Mi peor pesadilla es que la causa venza y como no fue condenado la Justicia ordene que mi hija vuelva a tener contacto con su padre”, aseguró María, el nombre con el que decidimos nombrarla para proteger su identidad y la de su hija que hoy tiene 12 años.
En los siete años transcurridos desde que radicó la denuncia judicial el hombre solo fue imputado y recién el próximo 26 de octubre está previsto que la causa sea elevada a juicio. Desde entonces tendrá menos de tres meses para hacerse el juicio y sus revisiones o la causa se caerá.
“Pensé que en Neuquén iba a encontrar justicia pero nadie me ayudó”, cuenta la mujer.
Señaló que su expareja “es profesor de Educación Física y sigue trabajando en una escuela primaria” de Buenos Aires, ciudad en la que continúa viviendo.
Mientras la mujer clama por la agilización de su causa y que la misma sea adelantada a la semana entrante, cuando se esperan tratar en forma urgente otros casos por vencer, cuenta que pese al paso de los años el abuso sufrido dejó marcas tanto en ella como en su hija.
María relata que “dos años antes de que mi hija contara con detalles lo que le había hecho su padre yo ya había tenido algunas sospechas y me había separado de él porque además me molía a golpes”.
Mientras tiene en sus huesos las huellas de las fracturas que le causó, el daño emocional la persigue hasta hoy y a pesar de haber interpuesto 1.200 kilómetros de distancia con su ex.
Su hija también padeció las consecuencias del abuso sufrido. “A los seis años y medio tuve que empezar a medicarla porque por lo que pasó tuvo una pubertad anticipada”, contó.
Agregó: “Como se adelantó hoy tiene doce años y es chiquitita, bajita, porque le impidió que pudiera continuar creciendo”.
Con las marcas del pasado a flor de piel, el temor a la revinculación con el padre crece día a día para María, un miedo que tiene como única certeza que el 14 de enero la prescripción de la causa.