Terminator no piensa como un ser humano




La gran revolución del Neolítico -el pasaje de la caza a la siembra, de las sociedades igualitarias a las divididas en clases- ocurrió al mismo tiempo que la invención de la escritura. Así como la agricultura y la ganadería no aparecieron de repente (sino que implicaron larguísimos procesos de experimentación, llenos de errores y fracasos), la escritura no apareció de golpe completamente desarrollada ante el primer escritor del mundo. Hubo intento de crear signos escritos desde hace unos 12 mil años.


Lo que le falta a estos primeros signos escritos para llegar a verdaderos signos (es decir, para poder significar siempre lo mismo para cualquier lector que conozca el código) es la sistematización. Los signos de la escritura no son “dibujos” de algo real sino signos abstractos que representan un sentido permanente para una comunidad que los comprende.


Ese paso fundamental -crear una escritura- se dio en Sumeria hacia el 4000 AC. La primera escritura fue abstracta; un sistema de marcas con forma de cuña que representan palabras. No son imágenes de objetos (como, más tarde, serán los ideogramas egipcios, chinos o mayas), sino signos que refieren a conceptos a través de marcas abstractas (parecidas a nuestras letras actuales).


El uso de las primeras escrituras se reduce a contratos comerciales. No es casual que la escritura aparezca en los pueblos que han desarrollado “imperios” (el sometimiento de inmensas varias poblaciones a una rica y gran ciudad, como Babilonia, por ejemplo) y son capaces de sostener un comercio en gran escala y a largas distancias. Para la comunicación interpersonal con el lenguaje oral alcanzaba, pero cuando el dominio y el intercambio se realizan sobre poblaciones enormes y a distancia de cientos de kilómetros, la oralidad ya no alcanza.


En unos siglos de desarrollo los sistemas de escritura exitosos pasaron de ser meros registros de datos comerciales a registrar todo lo humano. Pero mientras más documentos se creaban más problemas surgían. Cuando se tenía solo 100 documentos no era difícil encontrar el que se necesitaba, pero cuando se habían guardado 100.000 documentos ya no era fácil saber dónde estaba cada uno.


Todos los imperios antiguos crearon archivos gigantescos. Para encontrar un documento en semejante selva de signos era necesario tener técnicas de indexación: así fue que nacieron los índices. Las técnicas de indexación que se inventaron fueron contraintuitivas, no naturales: no seguían la forma en la que “naturalmente” trabaja nuestra memoria. ¿Por qué sucedió esto? Porque reproducir mecánicamente nuestra memoria natural es dificilísimo (quizá imposible, incluso ahora no se lo logra hacer).


Nuestra memoria trabaja por asociación de ideas. Pero esa asociación es subjetiva y personal: asocio cosas que yo sé pero que los demás desconocen. Y no lo hago de manera consciente y sistemática sino dejándome llevar por el río de mi consciencia. Esa forma aun hoy no es posible de ser formalizada.


Los escribas en todas partes inventaron las técnicas de archivo: le pusieron índices a cada documento: esos índices -que estaban escritos en el margen- incluían el tipo de documento, el tipo de mensaje, el autor o persona importante citada, datos esenciales.


Es decir, para que una escritura sirva para todo lo que una escritura puede servir se necesita que sea capaz de hacer diccionarios, catálogos, calendarios, formularios, tablas de equivalencias, registros de todo tipo. Esta característica de las escrituras permitió el surgimiento de la burocracia, que es la forma más sencilla de ordenar el mundo para hacer fácil recuperar información y trabajar con ella.


Las consecuencias de este largo proceso llegan a la invención de la computación, los robots y los algoritmos. La relación -la falta de relación, en realidad- que hay entre los algoritmos de la computación con el pensamiento natural del cerebro humano es la misma que hay entre la indexación de la escritura y nuestra memoria. La computación es hija de nuestra técnica de indexar la escritura -técnica que es objetiva-, pero es completamente distinta a nuestra forma de pensar -que es subjetiva-.


Las técnicas de indexación que crearon los escribas hace 6.000 años contribuyeron a inventar los dígitos como una escritura capaz de ser leída en cualquier idioma: con 10 signos se escribe todo número posible (este invento se realizó en la India, pero lo difundieron los árabes). A partir de ese sistema digital, en el siglo XVII Leibniz inventó la escritura binaria y abrió la puerta para que siglos más tarde fuera posible la computación.


Terminator piensa usando esta escritura binaria, su inteligencia no se parece en nada a la del cerebro humano. La mente de Terminator se empezó a gestar en Babilonia hace seis milenios.


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