Territorio enemigo
La razón por la que la ministra de Seguridad, Nilda Garré, ordenó a la Policía Federal dejar de custodiar edificios públicos, entre ellos colegios y hospitales, en la Capital Federal, es muy sencilla: los kirchneristas quieren perjudicar a Mauricio Macri provocando dificultades en el distrito que administra con la esperanza de que los porteños le atribuyan la responsabilidad por todos sus muchos problemas. Aunque el pretexto oficial, según el que sería mejor que los 1.400 efectivos que suelen desempeñar tales tareas salieran a la calle para combatir el delito no carece de lógica, la forma en que Garré anunció la medida, y el apuro con el que el gobierno nacional comenzó a concretarla, fueron suficientes como para confirmar que se trataba de una maniobra política en cierto modo parecida a la de fines del año pasado, cuando militantes kirchneristas impulsaron la toma del Parque Indoamericano de Villa Soldati y el gobierno asumió una postura pasiva con la intención de llamar la atención de los porteños a la escasa eficacia de la Policía Metropolitana de Macri. Desde el punto de vista del gobierno, el intento de apropiarse del Parque Indoamericano fue contraproducente. Bajó de golpe el índice de aprobación de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y subió el del líder del PRO. Sorprendería que la decisión del gobierno nacional de prohibir a agentes de la Policía Federal custodiar los edificios públicos de la ciudad de Buenos Aires no le resultara igualmente negativa. Por cierto, no favorecerá a los candidatos oficialistas que sueñan con derrotar en las urnas a sus rivales macristas en las elecciones fijadas para el 10 de julio. El más beneficiado por lo que sucedió en Villa Soldati y otros lugares de la Capital fue, cuando no, Macri, el que merced a los kirchneristas vio renacer su aspiración a alcanzar la presidencia. Pues bien, el gobierno de Cristina acaba de ayudarlo nuevamente al permitirle acusarlo de atentar contra la seguridad de los porteños y proclamarse resuelto a defenderlos contra quienes, según los macristas, quieren hacer de la ciudad autónoma un aquelarre con el propósito de intimidar al electorado. Como a esta altura deberían entender los estrategas kirchneristas, no les conviene en absoluto que un opositor determinado, en este caso Macri, logre erigirse en el adversario más temido por el oficialismo. Fue gracias a sus ataques rencorosos que durante un par de años el vicepresidente Julio Cobos se constituyó en el político más popular del país. Si siguen ensañándose con Macri, el que, es innecesario decirlo, está más que dispuesto a aceptar desempeñar el papel de víctima principal de los manotazos autoritarios del gobierno kirchnerista, conseguirán convertirlo en la alternativa más atractiva a la continuidad en el poder de Cristina. En opinión de algunos, lo que tiene en mente la presidenta es polarizar la campaña electoral para que sea un enfrentamiento del “progresismo” por un lado y “la derecha” por el otro, puesto que confía en que la mayoría abrumadora comparta sus propios prejuicios. Sin embargo, Macri y sus aliados eventuales del Peronismo Federal distan de ser los ogros extremistas del relato gubernamental. Como ellos mismos insisten, son a lo sumo “centroderechistas” y en verdad su forma de pensar no es muy distinta de la del grueso de la clase política argentina. Por lo demás, no sería del interés del oficialismo que un candidato presidencial opositor, fuera un “centroderechista” o un “centroizquierdista”, lograra hacer sombra a sus rivales, posibilitando así que en las elecciones previstas para octubre cosechara los votos suficientes como para obligar a Cristina o, si nos sorprende negándose a buscar la reelección, al representante del gobierno a correr el riesgo que le supondría una segunda vuelta. Según las encuestas, en la actualidad Cristina aventaja a Macri por un margen muy amplio, pero de depurarse la lista de presidenciables la situación así supuesta podría cambiar de manera radical, ya que a la presidenta no le sería nada fácil superar el 50% preciso para asegurarse el triunfo en un hipotético mano a mano con virtualmente cualquier opositor. Al fin y al cabo, si bien no cabe duda de que el kirchnerismo sigue constituyendo la primera minoría, debe su primacía no tanto a sus propios méritos cuanto a la atomización de la oposición.
Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 860.988 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Sábado 9 de abril de 2011
La razón por la que la ministra de Seguridad, Nilda Garré, ordenó a la Policía Federal dejar de custodiar edificios públicos, entre ellos colegios y hospitales, en la Capital Federal, es muy sencilla: los kirchneristas quieren perjudicar a Mauricio Macri provocando dificultades en el distrito que administra con la esperanza de que los porteños le atribuyan la responsabilidad por todos sus muchos problemas. Aunque el pretexto oficial, según el que sería mejor que los 1.400 efectivos que suelen desempeñar tales tareas salieran a la calle para combatir el delito no carece de lógica, la forma en que Garré anunció la medida, y el apuro con el que el gobierno nacional comenzó a concretarla, fueron suficientes como para confirmar que se trataba de una maniobra política en cierto modo parecida a la de fines del año pasado, cuando militantes kirchneristas impulsaron la toma del Parque Indoamericano de Villa Soldati y el gobierno asumió una postura pasiva con la intención de llamar la atención de los porteños a la escasa eficacia de la Policía Metropolitana de Macri. Desde el punto de vista del gobierno, el intento de apropiarse del Parque Indoamericano fue contraproducente. Bajó de golpe el índice de aprobación de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y subió el del líder del PRO. Sorprendería que la decisión del gobierno nacional de prohibir a agentes de la Policía Federal custodiar los edificios públicos de la ciudad de Buenos Aires no le resultara igualmente negativa. Por cierto, no favorecerá a los candidatos oficialistas que sueñan con derrotar en las urnas a sus rivales macristas en las elecciones fijadas para el 10 de julio. El más beneficiado por lo que sucedió en Villa Soldati y otros lugares de la Capital fue, cuando no, Macri, el que merced a los kirchneristas vio renacer su aspiración a alcanzar la presidencia. Pues bien, el gobierno de Cristina acaba de ayudarlo nuevamente al permitirle acusarlo de atentar contra la seguridad de los porteños y proclamarse resuelto a defenderlos contra quienes, según los macristas, quieren hacer de la ciudad autónoma un aquelarre con el propósito de intimidar al electorado. Como a esta altura deberían entender los estrategas kirchneristas, no les conviene en absoluto que un opositor determinado, en este caso Macri, logre erigirse en el adversario más temido por el oficialismo. Fue gracias a sus ataques rencorosos que durante un par de años el vicepresidente Julio Cobos se constituyó en el político más popular del país. Si siguen ensañándose con Macri, el que, es innecesario decirlo, está más que dispuesto a aceptar desempeñar el papel de víctima principal de los manotazos autoritarios del gobierno kirchnerista, conseguirán convertirlo en la alternativa más atractiva a la continuidad en el poder de Cristina. En opinión de algunos, lo que tiene en mente la presidenta es polarizar la campaña electoral para que sea un enfrentamiento del “progresismo” por un lado y “la derecha” por el otro, puesto que confía en que la mayoría abrumadora comparta sus propios prejuicios. Sin embargo, Macri y sus aliados eventuales del Peronismo Federal distan de ser los ogros extremistas del relato gubernamental. Como ellos mismos insisten, son a lo sumo “centroderechistas” y en verdad su forma de pensar no es muy distinta de la del grueso de la clase política argentina. Por lo demás, no sería del interés del oficialismo que un candidato presidencial opositor, fuera un “centroderechista” o un “centroizquierdista”, lograra hacer sombra a sus rivales, posibilitando así que en las elecciones previstas para octubre cosechara los votos suficientes como para obligar a Cristina o, si nos sorprende negándose a buscar la reelección, al representante del gobierno a correr el riesgo que le supondría una segunda vuelta. Según las encuestas, en la actualidad Cristina aventaja a Macri por un margen muy amplio, pero de depurarse la lista de presidenciables la situación así supuesta podría cambiar de manera radical, ya que a la presidenta no le sería nada fácil superar el 50% preciso para asegurarse el triunfo en un hipotético mano a mano con virtualmente cualquier opositor. Al fin y al cabo, si bien no cabe duda de que el kirchnerismo sigue constituyendo la primera minoría, debe su primacía no tanto a sus propios méritos cuanto a la atomización de la oposición.
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