Tras el canje, YPF busca acelerar en Vaca Muerta

La firma selló la reestructuración más grande realizada por una empresa argentina. Luego de un proceso polémico se centra en sumar un centenar pozos en la formación shale.




La petrolera de bandera necesita que los precios en surtidor sigan actualizándose y que se recupera la demanda.

La petrolera de bandera necesita que los precios en surtidor sigan actualizándose y que se recupera la demanda.

El cierre definitivo del plazo de adhesión al canje de deuda que lanzó YPF concluyó esta semana y permitió finalmente a las autoridades de la empresa, a la industria petrolera en general, tomar una bocanada de aire fresco tras un mes de cruces y polémicas en torno a la deuda de YPF y su posible default.

La operatoria concluyó con una adhesión del 59,79% al bono que vence el mes que viene y del 32% en general sobre el total de deuda de 6.200 millones de dólares que la petrolera había propuesto para reperfilar.

Con estos valores YPF consiguió refinanciar 1996 millones de dólares de su carpeta de deuda que serán solventados a través de nuevos bonos por un total de 2100 millones de dólares, en lo que es el canje de deuda más grande que ha registrado una empresa argentina.

Si bien la firma no llegó estrictamente al 60% que reguló el Banco Central de la República Argentina (BCRA) que se necesita como requisito para refinanciar el bono 2021 para el que solo podía disponer del 40% de los dólares en efectivo para su cancelación, la entidad le devolvió un favor a la firma y consideró que cumplió con el requisito.

El canje de deuda fue histórico pero reflejó la grieta política del país.

Después de todo, la crisis generada en YPF, que incluyó la renuncia de su presidente Guillermo Nielsen, fue generada no por las deudas de YPF sino por las restricciones que el BCRA impuso.

Sucede que YPF refinanció de forma exitosa el año pasado el bono 2021, el mismo que vence este 23 de marzo, obteniendo una adhesión al canje del 58,4%, ya que el total del bono era de 1.000 millones de dólares.

Pero esa operatoria se dio en junio y el BCRA cambió dos meses después las reglas del juego, dispuso como obligatorio que las empresas refinancien el 60% de sus deudas inmediatas y además consideró que ese exitoso canje no contaba para el plan, dado que había sido anterior a la regulación.

El dato

100
son aproximadamente los pozos que la petrolera busca realizar en este año en Vaca Muerta, la mayoría orientados al petróleo.

El BCRA, un ente oficial del mismo gobierno que controla el 51% de YPF, le terminó asestando un golpe brutal a la petrolera que debió en apenas siete meses volver a refinanciar el mismo bono y que aprovechó la ocasión para sumar el total de sus bonos en el mercado exterior.

Este nuevo proceso de canje terminó de forma exitosa, permitiendo a la firma eludir el default que el mismo BCRA le podía haber causado al impedirle acceder a los billetes verdes para pagar el vencimiento.

Y si bien tanto en el mercado nacional como en la bolsa de Nueva York las acciones de YPF repuntaron de inmediato tras el acuerdo, la petrolera resultó con un daño en su historial crediticio al refinanciar dos veces un mismo bono y pagando el daño de un mes de escándalo que ahora se buscará dejar atrás focalizándose en lo que la firma más sabe hacer que es, a fin de cuentas, producir gas y petróleo.

La grieta del canje

La reestructuración de YPF fue un proceso turbulento, pero no al interior de las negociaciones sino en la periferia. Desde que comenzó en el arranque de enero, inmediatamente ocupó un importante lugar en la agenda política en la que, con recortes intencionados, se intentó buscar responsables de la deuda de la empresa.

En otras palabras, la grita en la renegociación fue el reflejo del país en el que desde diversos espacios políticos -y exdirectores de las dos gestiones de YPF luego de la estatización- se patearon la culpa y defendieron lo que hicieron en la empresa.

Un ejemplo claro es el documento que se filtró del expresidente de YPF, Miguel Gutiérrez, en el que el empresario destacó su dirección en la empresa, responsabilizó a la gestión anterior por la toma de deuda y apuntó fuertemente contra la política macroeconómica del expresidente Mauricio Macri.

La firma busca elevar su producción de petróleo este año.

Al mismo tiempo también circularon documentos que apuntaron fuertemente contra las decisiones de la cúpula de YPF durante el 2016 y 2019 que resultaron en una fuerte caída de los principales índices de la empresa.

En ambos casos hubo datos comprobables como así también importantes omisiones en los relatos. Por un lado, no se habló de la caída en los ingresos, ventas y producción y, por el otro, queda la afirmación de “logramos el despegue inicial de Vaca Muerta” como principal argumento para defender el fuerte nivel de endeudamiento que también tuvo sus desaciertos, como los pozos horizontales.

En medio de todo este fuego cruzado las acciones de la compañía en la Bolsa de Nueva York cayeron a su mínimo histórico al cierre de enero y esta semana recuperaron el valor previo al inicio de la reestructuración.

Los asteriscos de la inversión

Con el canje superado, ahora YPF quedó con mucho más aire para invertir en 2021 y 2022 y poder no solo recuperar los niveles productivos que perdió en la pandemia, sino también para elevarlos. Este último objetivo es uno de los principales de la nueva conducción de la empresa.

El plan de la compañía es desembolsar este año unos US$ 2.700 millones de dólares para todo el país de los cuales US$ 1.300 millones estarán destinados a Vaca Muerta.

A esos valores se sumarán en Vaca Muerta las inversiones de los socios que en algunos casos equiparan a la de petrolera de bandera y en otros -como en Bandurria Sur- incluso la superan.


En términos de producción la firma puso la vara alta, busca duplicar su producción de gas de Vaca Muerta y elevar considerablemente la de petróleo para contar con un fuello que le permita tener saldos exportables. Para esto, la hoja de ruta de la petrolera en Vaca Muerta marca que en este año aspira a sumar un centenar de nuevos pozos, 40 de ellos en gas y el resto orientados al petróleo con la esperanza de sumar divisas a sus ingresos.

Este proyecto de inversión tenía hasta la semana pasada tres asteriscos, hoy tiene dos. Por un lado, la firma debía concluir de forma exitosa su reestructuración para poder disponer de fondos para producción y lo logró.

Sin embargo, para poder incrementar la producción la empresa debe aumentar las inversiones, pero para esto necesita apuntalar sus ingresos y la caja de YPF está principalmente compuesta por la venta de combustibles.

Esto significa que la empresa necesita dos cosas: que el consumo de nafta y gasoil vuelva a los valores prepandemia y que los precios de los combustibles sigan actualizándose como lo han hecho desde agosto del 2020.

Dos factores que dependen estrictamente del gobierno nacional, aunque en un año electoral cualquier cosa puede suceder, y nuevamente el futuro de la empresa no depende netamente de sí misma.


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