Tres saltos de ensueño en Villa La Angostura
Una excursión de día entero, muy cerca del límite con Chile, permite conocer a Santa Ana, Dora y NumiAlen, tres fantásticas caídas de agua de 12, 31 y 20 metros de altura, en un entorno de bosque y selva valdiviana. El sendero, de dificultad “media”, lleva entre ida y vuelta de 3 a 5 horas.
PARA RECORRER
Las cascadas Santa Ana, Dora y NumiAlen son unos de los puntos turísticos más bellos de la zona; de esos que cuando se visita por primera vez un lugar, forman parte de la lista de “imperdibles”.
Son tres fantásticos saltos de agua enclavados en un entorno natural mezcla de bosque y selva.
Hasta el año pasado la excursión era sólo a Santa Ana y Dora. Pero gracias al entusiasmo y la inquietud del guía de montaña Darío Remorino, a principios del 2014 se descubrió la tercera: NumiAlen, bautizada así por Darío en honor a sus dos hijos. Todavía la tercera cascada no figura en la folletería, pero eso no significa que no exista y que no pueda ser visitada. La picada fue marcada por Remorino y aunque presenta varios obstáculos, es accesible.
La salida a las tres cascadas es de día entero y si bien es apta para toda la familia, hay algunas trepadas que quizás pueden resultar difíciles para personas mayores, menores muy pequeños o personas muy sedentarias. Por eso, aunque no está catalogada como una caminata “exigente”, hay que conocer los propios límites y autoevaluarse antes de confirmar la salida. También, y muy importante, llevar el equipo acorde a una salida de trekking de montaña (ver aparte).
Las cascadas se encuentran cerca del límite con Chile, unos kilómetros pasando la Aduana argentina. Lamentablemente, aunque nunca crucemos el hito, hay que hacer los trámites migratorios y de Aduana como si se fuera a cruzar.
El ingreso a la senda está a pocos kilómetros pasando la Aduana, en las inmediaciones del puente del río Pantojo.
Un cartel indica que la excursión es de dificultad “media” de diciembre a mayo y que la duración es de 3 a 5 horas entre ida y vuelta. Hasta Santa Ana y Dora son 6 km, 12 km en total. El tiempo es relativo, depende del ritmo del grupo y de cuánto tiempo nos quedemos a disfrutar del lugar.
Ya en el sendero, nos adentramos primero por un bosque de lengas y ñires y luego de una caminata de unos 30-40 minutos, nos encontramos con una bifurcación y un cartel que nos indica la senda hacia la cascada Dora. Remorino nos cuenta que transitamos un trayecto del paso Puyehue que se utilizaba antiguamente para cruzar a Chile.
Tras recorrer un pequeño sendero nos encontramos con Dora, un elegante salto de 12 metros sobre el río Pireco. Aprovechamos el impasse y fotos mediante, para probar el agua fresca y “pura de montaña”.
Con la imagen en la retina y el fino “rocío” de la cascada en la cara, retomamos la picada y volvemos a la senda principal para visitar el siguiente salto: Santa Ana.
Serán unos 30 minutos más de caminata tranquila. En el trayecto nos topamos con el río Pantojo y Puyehue que en ese punto se unen. Si viene crecido lo tenemos que vadear; si no, se puede cruzar caminando y eligiendo las piedras donde pisar. En caso de tener que vadearlo, se recomienda llevar zapatillas extra para mojarlas y un par de bastones para tener donde apoyarse con seguridad. Las piedras mojadas están resbalosas y siempre se está al borde de la caída. Cuando está crecido, el agua llega hasta la rodilla o un poco más, no es profundo.
La estadística indica que es posible que uno por grupo se caiga al agua, por eso hay que cruzar tranquilo y mirando bien donde se pisa.
De todas maneras en verano el caudal se reduce y se puede cruzar caminando sobre las piedras. Sería oportuno para hacer más accesible el sendero que Parques colocara en el sector algún puente peatonal o sistema para evitar que la gente deba vadear el arroyo. Más allá del impacto ambiental, por una cuestión de seguridad.
A los pocos minutos de cruzar comenzamos a escuchar el rumor de la cascada. Bajamos una picada pronunciada y llegamos.
Sobre una gigantesca roca basáltica, cae una imponente cortina de agua de 31 metros de altura (se terminó la polémica, dato confirmado, nuestro guía lo midió con GPS). El espectáculo impacta, nos envuelve el mismo sentimiento que cuando vemos por primera vez el glaciar Perito Moreno o las Cataratas del Iguazú, esa sensación de pequeñez ante tanta belleza.
Darío nos explica que la extraña formación rocosa es consecuencia del enfriamiento de una colada de lava volcánica al tomar contacto con un glaciar.
Detrás de la cascada se abre una caverna con forma de arco de medio punto, sostenida por piedras hexagonales encastradas entre sí que evitan que se desplome el techo de la cueva.
Tomamos una senda a la derecha del arroyo y ascendemos por una escalera “natural” rodeada de helechos, orquídeas y abundante vegetación selvática. Hay que subir mirando bien donde se pisa porque puede estar resbaloso.
Adentro de la caverna vemos el paisaje desde un lugar privilegiado. Es ideal para almorzar y parar un buen rato a disfrutar la vista. Allí nuestro guía Darío nos propone un juego: hay que mirar fijo cómo cae el agua unos 15 segundos y luego desviar la vista a los árboles y la montaña. Por la dinámica misma de la vista, podemos ver moverse el resto de las cosas.
Repuesta la energía, retomamos el sendero y tras subir por una trepada interesante, llegamos a la senda principal. A la derecha encontramos la indicación que nos dirige a la tercera y “nueva” cascada NumiAlen. La picada está recién abierta y es trabada, hay que cruzar varios troncos caídos y demás obstáculos, pero la senda está señalizada. El trayecto no es largo. Como escondida entre las piedras aparece NumiAlen, otro increíble salto de unos 20 metros de altura muy similar a Santa Ana. Es como una pequeña réplica. Son pocos todavía los que la conocen, por lo cual es inevitable sentirse privilegiado.
El tiempo corre y hay que volver. Tras reponer la energía con mate y galletitas retomamos el sendero y volvemos a los autos con la convicción de que algún día, no muy lejano, regresaremos.
Contacto del guía Dario Remorino, 4494909/2944388584
Mariana Fernández
Marianafernandez@rionegro.com.ar