Trump y el derrumbe del dogma aperturista

Vía twitter Donald Trump anunció aranceles para el acero y el aluminio argentinos. La medida pone de manifiesto la escases de resultados de la política comercial.

“Brasil y Argentina han llevado a cabo una devaluación masiva de sus monedas, lo cual no es bueno para nuestros agricultores. Por lo tanto, con vigencia inmediata, restableceré los aranceles de todo el Acero y Aluminio que se envíe a los EEUU desde esos países. La Reserva Federal también debería actuar para que los países ya no aprovechen nuestro dólar fuerte al devaluar aún más sus monedas. Esto hace que sea muy difícil para nuestros fabricantes y agricultores exportar sus productos de manera justa”. Vía twiter, como ya es costumbre, el Presidente de los EEUU Donald Trump sacudió en la mañana del lunes pasado, el aletargado final de la transición de gobierno en Argentina.
Así, con un sencillo mensaje, el mandamás del país más grande del capitalismo moderno, sacrificó dos vacas sagradas del liberalismo económico. Primero dejó en claro que en la economía más importante del mundo, el proteccionismo no es mala palabra, y que antes que cualquier interés utópico por la libertad, en materia económica la prioridad es cuidar el empleo y la producción del propio país. Segundo, echó por tierra el mito de que los bancos centrales deben ser independientes del poder ejecutivo. Nunca fue así en la economía occidental moderna, por más citas célebres que se esgriman al respecto.
El pragmatismo de Trump, contrasta con la férrea ortodoxia vernácula, empecinada en traspolar los modelos de manual, a una estructura económica diferente a la que observaron los autores clásicos.
Una lectura geopolítica de la decisión de Trump, permite advertir que en medio de laguerra comercial iniciada entre EEUU y China durante 2018, al mandatario no le resulta simpática la cercanía que Brasil y Argentina tienen con el país asiático. A ello se suma el cambio de gobierno en Argentina, y la consumación del rotundo revés al respaldo que el FMI dio a la reelección de Mauricio Macri, para lo cual el visto bueno de EEUU, fue condición necesaria y suficiente.


La lectura económica no obstante, es mucho más interesante. La gestión macrista logró en mayo del año pasado la desgravación. Las exportaciones de aluminio dejaron de pagar el 10% de arancel y las de acero el 25%, con un tope anual de 180.000 toneladas. La decisión del mandatario norteamericano afecta principalmente a cuatro empresas argentinas. Aluar es la principal exportadora de aluminio. La reposición del arancel la deja virtualmente fuera del mercado estadounidense, hacia donde la empresa dirige el 50% de sus ventas al exterior y el 40% de su producción total. Acindar, Tenaris y Gerdau son las que exportan acero. En el caso de Tenaris, controlada por la multinacional Techint, propiedad del empresario argentino Paolo Rocca, el 70% de la producción de su planta en Campana tiene como destino los EEUU.
En total, se estima que Argentina perdería exportaciones por unos u$s 700 millones.

Buscando pertenecer
“El mundo confió en nosotros, y tomamos deuda para hacer obras”, explicó María Eugenia Vidal durante el discurso brindado esta semana, en el que repasó su gestión antes del cambio de mando. La frase resume el eje de gestión de los cuatro años de macrismo en el poder. La prioridad siempre estuvo puesta en lograr la aprobación “del mundo”, aunque el precio fuera resignar bienestar fronteras adentro.
En efecto, el beneplácito del mundo llegó. El balance de la gestión macrista, revela que los mayores elogios se cosecharon en el exterior. Muestra sobrada de ello, fue la comodidad con la que Macri manejó la recepción a los mandatarios del mundo durante el G20 realizado en Buenos Aires a fines de 2018.
Esa búsqueda permanente por pertenecer, tuvo como telón de fondo una matriz profundamente ideológica, que basada en los dogmas de la economía clásica, estipula que la apertura económica, significa por sí sola un beneficio a la posición global del país.
La traducción práctica de esa matriz de pensamiento fue la apertura indiscriminada de la cuenta capital, la habilitación de un fenomenal negocio financiero para inversores extranjeros, la búsqueda de una progresiva apertura comercial, quitando aranceles, restricciones burocráticas para importar y exportar, y la intención de celebrar acuerdos bilaterales.

El mundo confió en nosotros, y tomamos deuda para hacer obras

María Eugenia Vidal (Gobbernadora de Buenos Aires)


El punto es precisamente que el beneficio de la apertura nunca se vio cristalizado en los números. Tampoco existió reciprocidad en los países elegidos como parteneire. Los mismos cuyos mandatarios ponderaron el gobierno de Macri cada vez que tuvieron oportunidad. Un claro ejemplo es precisamente EEUU. El macrismo destrabó a principios de 2018 la importación de cerdos desde EEUU, en un gesto que procuraba no solo la apertura del mercado norteamericano al acero y al aluminio, sino también a los limones. La medida de la gestión Macri impactó de lleno en el sector porcino argentino que nuclea unos 4.500 establecimientos, y genera más de 38.000 puestos de trabajo directos.
Ese mismo año, EEUU habilitó luego de 17 años el ingreso de los limones argentinos, que desembarcaron en un volumen superior a las 10.000 toneladas. Sin embargo, la apertura norteamericana no fue irrestricta. Si bien se habilitó el ingreso, se estableció un protocolo por el cual los frutos argentinos deben cumplir una serie de condiciones de color y tamaño, lo que deja afuera buena parte de la producción nacional. A ello se suma el revés anunciado esta semana respecto al acero y al aluminio, que elimina el principal beneficio por el cual Argentina había habilitado el ingreso de los cerdos desde EEUU.
La medida adoptada por Trump no solo afecta el comercio bilateral con EEUU. La industria siderúrgica argentina necesitará colocar en otro lugar los excedentes que no ingresen en Norteamérica, y el principal destino apuntado es Europa. De inmediato la Asociación de Acero Europeo (Eurofer), inició gestiones para lograr que la Unión Europea imite a EEUU y limite el ingreso del acero argentino.
Al analizar los datos en perspectiva, se confirma el escaso beneficio de la estrategia aperturista. Los gráficos que acompañan la nota, muestran la evolución del comercio internacional argentino entre 1990 y lo que va del año 2019.


Si se observa el superávit comercial a lo largo del periodo, resulta evidente que los años en los que Argentina logró una mejor posición comercial, fueron aquellos en los que eligió una estrategia de protección a la producción nacional. Entre 1990 y 1999, etapa de apertura comercial absoluta, se registraron solo cuatro años de superávit y seis años de rojo comercial. Entre 2002 y 2014, periodo signado por un fuerte proteccionismo, se registraron 12 años de superávit comercial continuo, y de un monto notablemente mayor al de los años superavitarios de los ‘90. Las dificultades vuelven a manifestarse en el periodo 2015-2019. La apertura llevada a cabo por el macrismo, significó una mejora en 2016, seguida por dos años de fuerte déficit. El superávit regresó este año de la mano de una devaluación del 100% que derrumbó un 25% las importaciones y permitió mejorar un 5% las exportaciones.
Precisamente al observar la dinámica de importaciones y exportaciones, resulta que el periodo 2008-2014, registra valores record. Son los años de mayor volumen de comercio, no solo en los últimos 30 años, sino en toda la historia argentina.


En 2011 tuvo lugar el mayor registro histórico de exportaciones, por u$s 84.051 millones. Podría alguien señalar con razón que se trató de una etapa de precios excepcionalmente altos para los commodities argentinos.
Tal razonamiento no explica sin embargo, que en medio de una política proteccionista, se haya registrado el récord de importaciones, cuyo máximo se verifica también en 2011, por u$s 74.319 millones.
Si se considera el volumen total de comercio, entendido como la suma de exportaciones e importaciones, el dato referido a 2018 (último año completo de la serie), es un 20% más bajo que el récord de 2011 y un 8% menor al de 2014.


Pueden trazarse diversas interpretaciones desde el pensamiento económico y político. Los números en cambio, revelan que los años positivos respecto al comercio, tuvieron lugar en nuestro país en etapas de protección.
Trump lo entiende a la perfección. En Argentina en cambio, todavía el grueso de la cátedra insiste calamitosamente en el modelo de las ventajas comparativas de David Ricardo.

En números

25%
La caída de las importaciones durante 2019. Es el principal motivo del superávit que llegaría a u$s 13.000 millones.
u$s 84.051
Los millones de dólares exportados por Argentina durante el año 2011. Es el registro exportador más alto en la historia del país.

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