Tus viajes

Redacción

Por Redacción

La semana pasada, Nahuel nos contó la primera parte del viaje de tres días a Villa Pehuenia. Aquí, la segunda: “Camino al Batea Mahuida, nos acercábamos para ver desde arriba lo panorámico de la cordillera y los lagos. Por cada paso firme, una respiración profunda inclinada, ya que subíamos en un sendero inclinado aproximadamente a 30º Los que bajaban nos daban un aliento para seguir… “cuesta, pero vale la pena”, risa de por medio, seguimos. Y así fue, una vista sorprendente y relajante, a una altura de 1.948 msnm, una vez arriba se podía visualizar los volcanes chilenos Villarrica, Callaqui y los volcanes chileno-argentinos Lanín y Copahue. También se pueden observar los lagos y lagunas cercanas, como el Moquehue y Aluminé. Al bajar ya era diferente, nos íbamos camuflando en el pequeño bosque de araucarias, y saciando la sed con el agua que nos brindaba el lugar. Llegando al día de irnos, hicimos los últimos recorridos y paradas, con la intención de no quedarnos con ningún tipo de ganas. El relax lo pudimos conseguir, en un lugar cautivado por su belleza y tranquilidad, distante del tiempo y rutinas, pudimos lograrlo; quedamos satisfechos pero, con ganas de volver, y seguir recorriendo caminos. Luego de unos meses, supimos que fue tanto el encanto y la magia del lugar, que a nosotros llegó un Ser único, que luego de la dulce espera, la llamamos Sol…”


La semana pasada, Nahuel nos contó la primera parte del viaje de tres días a Villa Pehuenia. Aquí, la segunda: “Camino al Batea Mahuida, nos acercábamos para ver desde arriba lo panorámico de la cordillera y los lagos. Por cada paso firme, una respiración profunda inclinada, ya que subíamos en un sendero inclinado aproximadamente a 30º Los que bajaban nos daban un aliento para seguir... “cuesta, pero vale la pena”, risa de por medio, seguimos. Y así fue, una vista sorprendente y relajante, a una altura de 1.948 msnm, una vez arriba se podía visualizar los volcanes chilenos Villarrica, Callaqui y los volcanes chileno-argentinos Lanín y Copahue. También se pueden observar los lagos y lagunas cercanas, como el Moquehue y Aluminé. Al bajar ya era diferente, nos íbamos camuflando en el pequeño bosque de araucarias, y saciando la sed con el agua que nos brindaba el lugar. Llegando al día de irnos, hicimos los últimos recorridos y paradas, con la intención de no quedarnos con ningún tipo de ganas. El relax lo pudimos conseguir, en un lugar cautivado por su belleza y tranquilidad, distante del tiempo y rutinas, pudimos lograrlo; quedamos satisfechos pero, con ganas de volver, y seguir recorriendo caminos. Luego de unos meses, supimos que fue tanto el encanto y la magia del lugar, que a nosotros llegó un Ser único, que luego de la dulce espera, la llamamos Sol...”

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