Un “boom económico” que mostró tener pies de barro

Inflación y estancamiento alimentan el malestar

Por Redacción

El Mundial de fútbol y los Juegos Olímpicos debían hacer despegar a la economía brasileña, pero la reactivación se está haciendo esperar y el gobierno y el Banco Central enfrentan fuertes presiones para mantener en marcha a uno de los principales países emergentes. Brasil ha pasado de ser la gran esperanza a un candidato a la crisis. Pese a la organización de los grandes eventos deportivos, la realidad sigue lejos de ser color de rosa: el crecimiento es débil, la inflación se desboca, las reformas quedan a medias y aumenta el endeudamiento público. El real ha llegado a su menor nivel en cuatro años. Los temores se deben sobre todo a la experiencia de años pasados, comenta el experto del Citigroup Nicolas Riva: “El análisis histórico muestra que cuando la moneda se debilita, los inversores huyen del Brasil. Ya lo hemos visto en 1999, 2002 y 2008”. En general la situación no resulta grave en el frente monetario, pero lo que sí constituye un problema es la alta inflación, consideró Riva. Con un 6,5% de inflación, la tasa se ubica claramente por encima del objetivo del 4,5% fijado por el Banco Central, que de hecho ya ha tirado de las riendas y elevado la principal tasa de interés del 7,5 al 8%. Pese a esta medida excepcional en un entorno de bajos intereses, el real sigue cayendo, porque los inversores creen que también está a punto de llegar el final de la política de flexibilidad monetaria en EE. UU. El crecimiento también se ha detenido. Tras registrar una mejora del PBI de un 7,5% en el 2010, la expansión cayó al 2,7% en el 2011 y a un escueto 0,9% en el 2012. Para este año muchos analistas esperan una mejora. Sin embargo, problemas internos como la burocracia y las complicadas leyes fiscales han alejado a los inversores. A ello se suma la caída de la demanda en el exterior, sobre todo la de materias primas de su principal socio, China. Los expertos creen que parte de la responsabilidad es la falta de reformas y la apuesta del gobierno casi en exclusiva por el consumo interno. Ahora, con un real débil, es difícil generar crecimiento a través de las exportaciones. Y el Banco Central enfrenta el principal desafío: mantener la inflación a raya sin ahogar el debilitado motor económico. El estancamiento alimenta el mayor movimiento de protestas en Brasil desde 1992. “El clima de insatisfacción es muy grande, no se producen 12 manifestaciones simultáneas en un país a no ser que exista un catalizador”, comentó el analista político Alexandre Barros. A su juicio, hay una expectativa de ascenso social que se ha visto frustrada después de una década en la que 40 millones de personas salieron de la pobreza y emergieron a la clase media, pero ahora encuentran dificultades para sustentar sus aumentos de consumo por el escaso crecimiento económico. “Los brasileños estaban en una curva ascendente bastante acentuada, mejoras en su vida, tenían más crédito, compraban más cosas, tenían acceso a internet y televisión por cable que antes no tenían. Ahora la gente ve que el futuro no está tan claro, no consiguen pagar la mensualidad de la moto que compraron o de su televisor de pantalla plana y el arroz está más caro”, comentó Barros. (DPA/AP)

Las manifestaciones tuvieron una magnitud inesperada en las grandes ciudades.