“Un camino para criollos”

Redacción

Por Redacción

“La lucha política es una lucha de culturas, de visiones de mundo, que compiten para hacerse valer como orientación predominante de una determinada sociedad”. Gianni Vattimo, 2009 Hoy por hoy, en un mundo donde todas las hegemonías han caído junto con las ideologías que las sostenían, democracia liberal, cristianismo comprometido políticamente y movimiento socialista liberado del peso de la tradición soviética están más próximos que nunca. ¿Por qué no, si en este tiempo el compromiso ético de cristianos y socialistas se ha purificado de todo integrismo, asumiendo plenamente los valores de la democracia liberal? En las vertientes de inspiración liberal y cristianas la visión política se articula como gran empresa ética de desarrollo humano y se orienta a la toma de conciencia de que aquello que es humana y éticamente digno no es apelar a un dogma, a un artificio técnico ni a supuestas diferencias naturales, sino asumir la plena responsabilidad de unas elecciones argumentadas y compartidas. Seguridad, eficacia de la Justicia, calidad de vida colectiva en las diversas regiones también desde el punto de vista ecológico, disponibilidad de medicamentos, defensa de la vida privada en el mundo de la telemática… todo esto, un conjunto de condiciones indispensables para la libertad, en la actualidad sólo se realiza en el marco de una integración más franca entre personas e instituciones, inspirada en valores como la igualdad y la solidaridad. Estos ideales por los cuales uno se sacrifica cambian con el curso de la historia pero persiste la diferencia radical que Hegel teoriza filosóficamente cuando analiza la relación entre esclavo y amo: el esclavo sólo se libera de su esclavitud cuando tiene el valor de arriesgar su vida para luchar por la libertad. Y, si no muere en el combate, se convierte en un hombre libre y, en el caso de una nación, en una nación libre. Una nación que ayude a construir un mundo en el que todos puedan elegir con plena libertad el valor, el Dios, en nombre del cual vivir la vida o incluso sacrificarla, podría ser en realidad el ideal en virtud del cual escapar de la insulsa mediocridad a la que nos arriesgamos a ser condenados por los mandatos del mercado o por la democracia “formal”. Para subsistir como sociedad sana necesitamos profundas inyecciones de “subversivismo”, no sólo, o no tanto, como iniciativas políticas que modifiquen los marcos constitucionales, sino como una presión extraparlamentaria que impida que el sistema político se cierre y se esclerotice en sus propios juegos internos. Por último, me gustaría rescatar lo que Vattimo denomina el “pensamiento débil”, que es una forma de estar convencido de algo o de tener principios sin que esto nos lleve a rechazar, condenar o castigar a otros. Precisamos paz, tolerancia y diversidad. Alberto Félix Suertegaray, DNI 14.169.481 Roca

Alberto Félix Suertegaray, DNI 14.169.481 Roca


“La lucha política es una lucha de culturas, de visiones de mundo, que compiten para hacerse valer como orientación predominante de una determinada sociedad”. Gianni Vattimo, 2009 Hoy por hoy, en un mundo donde todas las hegemonías han caído junto con las ideologías que las sostenían, democracia liberal, cristianismo comprometido políticamente y movimiento socialista liberado del peso de la tradición soviética están más próximos que nunca. ¿Por qué no, si en este tiempo el compromiso ético de cristianos y socialistas se ha purificado de todo integrismo, asumiendo plenamente los valores de la democracia liberal? En las vertientes de inspiración liberal y cristianas la visión política se articula como gran empresa ética de desarrollo humano y se orienta a la toma de conciencia de que aquello que es humana y éticamente digno no es apelar a un dogma, a un artificio técnico ni a supuestas diferencias naturales, sino asumir la plena responsabilidad de unas elecciones argumentadas y compartidas. Seguridad, eficacia de la Justicia, calidad de vida colectiva en las diversas regiones también desde el punto de vista ecológico, disponibilidad de medicamentos, defensa de la vida privada en el mundo de la telemática... todo esto, un conjunto de condiciones indispensables para la libertad, en la actualidad sólo se realiza en el marco de una integración más franca entre personas e instituciones, inspirada en valores como la igualdad y la solidaridad. Estos ideales por los cuales uno se sacrifica cambian con el curso de la historia pero persiste la diferencia radical que Hegel teoriza filosóficamente cuando analiza la relación entre esclavo y amo: el esclavo sólo se libera de su esclavitud cuando tiene el valor de arriesgar su vida para luchar por la libertad. Y, si no muere en el combate, se convierte en un hombre libre y, en el caso de una nación, en una nación libre. Una nación que ayude a construir un mundo en el que todos puedan elegir con plena libertad el valor, el Dios, en nombre del cual vivir la vida o incluso sacrificarla, podría ser en realidad el ideal en virtud del cual escapar de la insulsa mediocridad a la que nos arriesgamos a ser condenados por los mandatos del mercado o por la democracia “formal”. Para subsistir como sociedad sana necesitamos profundas inyecciones de “subversivismo”, no sólo, o no tanto, como iniciativas políticas que modifiquen los marcos constitucionales, sino como una presión extraparlamentaria que impida que el sistema político se cierre y se esclerotice en sus propios juegos internos. Por último, me gustaría rescatar lo que Vattimo denomina el “pensamiento débil”, que es una forma de estar convencido de algo o de tener principios sin que esto nos lleve a rechazar, condenar o castigar a otros. Precisamos paz, tolerancia y diversidad. Alberto Félix Suertegaray, DNI 14.169.481 Roca

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