Un caso “bizarro”
La relación entre la Casa Blanca y el régimen del general Augusto Pinochet (1973-1990) caminó zigzagueante entre la colaboración y la distancia, herida por los asesinatos, las detenciones y las golpizas a estadounidenses a veces en la propia casa del dictador, como revelan archivos secretos a los que DPA accedió. Uno de los casos más “bizarros” –según un documento secreto de la embajada de Estados Unidos en Chile– ocurrió el 30 de abril de 1976, cuando dos jóvenes estadounidenses de 16 y 18 años fueron golpeados en la propia residencia del entonces gobernante chileno. Los hechos estallaron cuando los muchachos cometieron el desatino de caminar vestidos de cowboys por las inmediaciones de la casa del general Pinochet en la calle Presidente Errázuriz, en un elegante barrio de la capital. Con charreteras y pistolas de juguete los jóvenes fueron a buscar una entrada para una fiesta de disfraces al departamento de un diplomático de Estados Unidos que vivía cerca del general Pinochet. Agentes de la policía secreta siguieron en un auto a los “cowboys”, esperaron a que abandonaran la residencia de su amigo diplomático y los apresaron. Luego, como informó la Embajada de Estados Unidos en una carta confidencial a la Cancillería chilena, los jóvenes fueron llevados a la residencia de Pinochet en Errázuriz. Allí los tiraron al suelo, los golpearon y les preguntaron por sus intenciones. Luego los llevaron a Cuatro Álamos, un centro de torturas, insistió la nota diplomática. Tras horas de interrogatorios los agentes de la policía secreta, la DINA, llegaron a la convicción de que los jóvenes no eran una amenaza y tomaron contacto con los padres, previniéndoles que no denunciaran lo sucedido a la Embajada de Estados Unidos. “La familia no fue notificada hasta seis horas después” de la detención y la “insistencia de parte de las fuerzas de que esta Embajada no fuera informada oportunamente viola las normas internacionales”, alegó ante ello la delegación. Ante el reclamo el Ministerio de Relaciones Exteriores pidió un informe de los hechos al propio jefe de la policía secreta, el coronel Manuel Contreras, encarcelado hoy por más de cien condenas en su contra.
La relación entre la Casa Blanca y el régimen del general Augusto Pinochet (1973-1990) caminó zigzagueante entre la colaboración y la distancia, herida por los asesinatos, las detenciones y las golpizas a estadounidenses a veces en la propia casa del dictador, como revelan archivos secretos a los que DPA accedió. Uno de los casos más “bizarros” –según un documento secreto de la embajada de Estados Unidos en Chile– ocurrió el 30 de abril de 1976, cuando dos jóvenes estadounidenses de 16 y 18 años fueron golpeados en la propia residencia del entonces gobernante chileno. Los hechos estallaron cuando los muchachos cometieron el desatino de caminar vestidos de cowboys por las inmediaciones de la casa del general Pinochet en la calle Presidente Errázuriz, en un elegante barrio de la capital. Con charreteras y pistolas de juguete los jóvenes fueron a buscar una entrada para una fiesta de disfraces al departamento de un diplomático de Estados Unidos que vivía cerca del general Pinochet. Agentes de la policía secreta siguieron en un auto a los “cowboys”, esperaron a que abandonaran la residencia de su amigo diplomático y los apresaron. Luego, como informó la Embajada de Estados Unidos en una carta confidencial a la Cancillería chilena, los jóvenes fueron llevados a la residencia de Pinochet en Errázuriz. Allí los tiraron al suelo, los golpearon y les preguntaron por sus intenciones. Luego los llevaron a Cuatro Álamos, un centro de torturas, insistió la nota diplomática. Tras horas de interrogatorios los agentes de la policía secreta, la DINA, llegaron a la convicción de que los jóvenes no eran una amenaza y tomaron contacto con los padres, previniéndoles que no denunciaran lo sucedido a la Embajada de Estados Unidos. “La familia no fue notificada hasta seis horas después” de la detención y la “insistencia de parte de las fuerzas de que esta Embajada no fuera informada oportunamente viola las normas internacionales”, alegó ante ello la delegación. Ante el reclamo el Ministerio de Relaciones Exteriores pidió un informe de los hechos al propio jefe de la policía secreta, el coronel Manuel Contreras, encarcelado hoy por más de cien condenas en su contra.
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