¿Un Centro Operativo de Emergencias cooperativo?



Roberto Fermín Bertossi *


Sería un “hospital de campaña cooperativo” y microespacios solidarios en red para que los afectados por la covid-19 y sus familias accedan a bienes y servicios esenciales a precio justo.


Después de la primera revolución industrial, en la ciudad inglesa de Rochdale, 28 obreros quedaron desocupados. Amenazados de hambre y miseria, se vieron en la necesidad de encontrar una solución.

Fue así como un 24 de agosto de 1844 institucionalizaron el “cooperativismo”. Con su primera denominación: “Sociedad de los justos pioneros de Rochdale”, estos desocupados lograron ir encauzando ideales cooperativos con buen y satisfactorio sentido práctico.

Lamentablemente hoy la covid-19 provocará un número infinitamente mayor de desocupados, de hambrunas y miseria.

Desde nuestra perspectiva, afrontar tan lacerantes e imprevistas consecuencias “cooperativizando” sociedades civiles, migraciones e inmigraciones ‘poscoronavirus’ debiera empezar modestamente con objetivos de primera necesidad física común.

Al menos así aconteció un 21 de diciembre de 1844 cuando aquellos pioneros del cooperativismo iniciaron su actividad, dado que solamente se propusieron la autoprovisión de harina, avena, azúcar, manteca, té, velas y poco más.

El fin sería consolidar una economía solidaria civil abierta a una estrategia de afines, incorporando otras formas de organización empresarial

Hoy con la quiebra o cierre de pymes, de comercios y cuentapropistas, las bajas laborales resultarán incalculables, al menos en la gran mayoría de los sectores tradicionales de la producción urbana y del consumo, en grandes espacios o paseos de compras, en los transportes, en los viajes y el turismo, en los cafés, casas o restaurantes de comidas; en cines, teatros, espectáculos, circos y movidas recreativas como también en aquellos relacionados con eventos deportivos masivos, casas de estética y belleza, etcéteras.

De tal manera, la tradicional concurrencia a los mercados tradicionales más que probablemente ha de mutar significativamente a puntos de encuentro cooperativos de libre acceso con precios al costo o sensiblemente inferiores a los del libre mercado, singularmente cuando los precios en este último son caros y, simultáneamente, infinidad de usuarios y consumidores al perder su trabajo quedarán sin los ingresos que les aseguraba su capacidad adquisitiva anterior.

Por ello y en razón de un nuevo estado de cosas con nuevas posiciones y reposicionamientos, proponemos un “hospital de campaña cooperativo” y microespacios solidarios puestos en red (vg., en barrios, pueblos, ciudades, regiones, etc.), con el propósito de que aquellas personas directa e indirectamente afectadas por el coronavirus y su entorno familiar puedan ir obteniendo prestaciones, bienes y servicios efectivos para satisfacer sus necesidades esenciales a un precio justo.

Primariamente, se trata de habilitar el acceso cooperativo a productos alimentarios imprescindibles para la nutrición y la salud humana, a ropa y abrigos como a otros insumos básicos en tanto aptos para su consumo y cuidado personal/familiar; posteriormente podríamos encargarnos de gestionar nuevos trabajos y/o servicios, microcréditos, soluciones habitacionales, etc., en condiciones de costos que tiendan a la gratuidad o, al menos, asegurando un costo mínimo para que no se acentúe la exclusión en aquellas capas sociales de pobreza extrema e indigencia cruel, causadas por tan fatídico coronavirus.

El fin sería consolidar una economía solidaria civil abierta a una estrategia de afines, incorporando otras formas de organización empresarial, incluso empresas familiares, para alcanzar ese punto de masa crítica que permitiera una cierta invulnerabilidad del subsector cooperativo frente a competencias desleales y reivindicara para el mismo instrumentos de apoyo de carácter educativo, agrario, crediticio, tributario, tecnológico y de formación, que le dotara de una razonable igualdad en esa competitividad de mercados con los sectores privados y públicos de la economía.

Lograr esa masa crítica para alcanzar invulnerabilidad ante entornos hostiles presupone etapas iniciales como las de poder recurrir al canje e intercambio (trueque) de bienes y servicios, hasta la emisión e introducción futura de bonos cooperativos.

La sinergia de esta alianza tendría un efecto multiplicador y a su tiempo enormes satisfacciones traducidas en la reducción de costos y el incremento de beneficios, ya que no son estos últimos los motores movilizadores del sector cooperativo sino la redistribución equitativa entre sus asociados, en el marco de una reciprocidad mutual.

Precisamente, desde este “COE cooperativo” con sus microespacios de promoción humana y fomento de ciudadanía puestos en red ya se podrían impulsar simplificadas uniones cooperativas entre productores y consumidores, entre prestadores y usuarios, evitando el sojuzgamiento actual de tantos intermediarios y lucros injustificables.

Ante los despojos, aprendizajes, escenarios futuros y desafíos ‘poscoronavirus’, el devenir cooperativo que propugnamos no solo es posible, sino imprescindible, al menos en el corto y mediano plazo del tiempo por venir.

*Experto Coneau en Cooperativismo, investigador Cijs/Universidad Nacional de Córdoba


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