Un día de pesca en Junín de los Andes
El relato de un guía en los espectaculares pesqueros del río Aluminé.
SUPLE VOY
El día amaneció sin viento y soleado sobre el trazo sinuoso del río Aluminé. Dos botes y un vehículo habían salido más temprano para adelantarse al resto de la expedición, y tener todo listo en el lugar de partida.
Carlos esperaría a Martín (1) en la orilla del río mientras que Pedro saldría navegando primero, para ganar tiempo.
Por cierto, la elección del lugar para “echar el bote” al agua podía variar entre los muchos sitios disponibles, que sin embargo guardan sus secretos al pescador no avisado.
La confluencia del Aluminé con el Malleo, para recorrer río abajo hasta la confluencia con el Catan Lil, podía ser esta vez una opción entre tantas.
Hora de partir
En cuanto terminaron de desayunar en la hostería de Junín de los Andes, donde hacían base, los tres pescadores tomaron sus abrigos, sombreros, el protector solar y pusieron rumbo norte, siguiendo un camino de ripio que bordea el imponente río Aluminé, surcando valles y montañas.
El Aluminé, pudieron comprobar, describe su temperamento en los enormes rápidos y grandes e interminables estanques, profundos y dormidos, esperando su turno para desembocar luego en el siguiente volcadero.
Mientras viajaban, Martín les explicó algunos secretos de la pesca en estas tierras, mostrándoles el río desde el vehículo. Recorrieron unos veinte kilómetros hasta llegar al lugar en el que los aguardaba Carlos y el bote.
Luego, Agustina les dio a cada uno su wáder, una especie de pantalón con media impermeable; los hay de diversos materiales, algunos de neoprene otros de telas, unos con botas incluidas otros con las botas aparte… Podrían haber hablado por horas de todos los modelos y accesorios para la pesca con mosca, pero ya cambiados y listos se subieron a la embarcación. La emoción de estos hombres era palpable.
Claro, se sentían como niños. La cara de Esteban había cambiado por completo, su sonrisa era tan grande que Martín podía ver los arreglos de las muelas. En cuanto se alejaron unos treinta metros, Agustina le recomendó a Carlos que llevase la camioneta y el trailer a la hostería, y que a las 19.30 fuese al punto de llegada de la flotada. Ella y los demás se dirigían a una comunidad Mapuche, para conocer y comprar sus artesanías. Buenos recuerdos.
En el río
En el primer rápido de aguas blancas por la espuma, los compañeros sufrieron un poco pero luego se relajaron al percatarse de la experiencia de Martín, que había remado por primera vez ese río cuando tenía apenas trece años.
Ya las aguas más calmas brindaron la oportunidad de alistar los equipos de pesca, que la hostería provee siempre a sus clientes y que ésta vez se encontraban en manos de inexpertos, en su primera salida como mosqueros.
Pero no hizo falta mucho tiempo para que Jorge tomara el ritmo a llevar, hasta que logró mantener la línea unos cuantos segundos en el aire y, a la orden del guía, lanzó la mosca sobre la orilla bajo los sauces que marcaban el contorno del río.
Equipos
Los dos pescadores tenían una caña liviana, una línea de flote y moscas secas que imitan insectos sobre la superficie del agua. Jorge tenía una “Red Humpy”, y Esteban una “Royal Coachman”, ambas en tamaño de anzuelo 14.
Realmente no fue fácil para ellos lograr el objetivo y por momentos tuvieron que descansar los brazos y relajarse admirando el paisaje.
Martín continuamente remaba para conducir el bote de madera entre las rocas del río, llevándolo por los lugares mas recónditos en que se encuentran las tan preciadas truchas: el gran objetivo de cada pescador.
Ese es el compromiso del guía, que siente la obligación de hacer que los primerizos en estas lides puedan capturar un pez, si es que realmente logran engañarlos con los señuelos artificiales en la punta del sedal. Nada fácil, y eso lo hace más interesante, más adictivo.
El campamento
Una columna de humo se divisaba a lo lejos. Martín observó su reloj de muñeca, cuando eran las 12.20; justo a tiempo.
En veinte minutos estarían entrando al campamento Sur, como llamaban a ese lugar, ubicado justo en la entrada de un brazo del río y donde se forma un gran remanso muy calmo, casi como una pileta.
Islas como esa se crean con la división de las aguas.
Pedro ya tenía levantado el campamento bajo unos tupidos sauces y en una pequeña playa de arena, y en cuanto divisó la embarcación avivó las llamas del fuego agregándole unos troncos para apurar un poco la cocción.
La brisa suave hacía flamear el mantel de la mesa, donde se encontraban los cubiertos, copas y platos, ensaladas y una botella de vino oreándose.
Era como un restaurante ambulante y, al ver todo eso, los pescadores se sorprendieron. Es que en las primeras horas sólo habían visto salir a Pedro con el bote y nada sabían del almuerzo que les esperaba.
Y venían con hambre, pues en el bote de la flotada Jorge y Esteban sólo tenían una heladera de bebidas. Al ver la comida, nomás deslizar el bote en la orilla de arena, Jorge saltó a tierra y, en dos pasos, se puso al lado de Pedro, a quien le estrechó la mano agradecido. Los otros dos bajaron del bote y propusieron un brindis…
“Brindemos por este paraíso y por todo lo que estamos viviendo, estoy disfrutando como nadie, me alegra mucho estar aquí con ustedes”, dijo uno de los pescadores con la copa alzada en dirección a Martín, quien retribuyó el gesto.
“Cuenten conmigo en la próxima temporada”, dijo el otro pescador, y hasta se animó a anticipar que la visita siguiente será también con su esposa… Pero, eso sí, de esta flotada no se van hasta que dominen el arte de tirar la línea, les dijo el guía. Y después del almuerzo pusieron manos a la obra….
(Agencia San Martín de los Andes)
Leonel Madeja
Guía profesional de pesca deportiva desde 1993. Guiadas por los ríos Aluminé, Collón Cura, Chimehuín, Malleo, Quillén, Caleufu y los Lagos Tromen, Huechulafquen y Paimún, entre otros.
Contacto: Félix San Martín 653 (8371) Junín de los Andes.
Teléfono: (0294) 154640398
Correo electrónico:
leonelmadeja@gmail.com
(1) Los nombres en el relato son ficticios.
Leonel Madeja