Un festejo con diferencias

Mientras que la tradición de festejar la Cruz de Mayo ha ido en aumento, grupos ecologistas cuestionan el accionar de algunos de los celebrantes.

Por Redacción

CHOS MALAL (ACHM)-El 3 de mayo se celebra en la región una fiesta socio-religiosa muy arraigada en las familias, principalmente en las campesinas: la Cruz de Mayo, en la que se prenden luminarias en los cerros aledaños a los pueblos o parajes y los devotos cocinan platos extraordinarios, típicos de la zona acompañados con un buen vino.

Para muchos, el evento ha perdido la significación que tenía, dado que el resultado de los últimos tiempos ha sido la «quema indiscriminada de arbustos que se habían recuperado del accionar de distintos factores».

Los festejos de la Santa Cruz de Mayo comienzan el día 2, vísperas de una fiesta que llega a la zona proveniente de España.

Prender luminarias en los cerros forma parte de la cultura de los lugareños y Chos Malal mantiene aún latente esta tradición. Generalmente son niños y jóvenes los que suben el Cerro de la Cruz y La Tortuga para cumplir con la ceremonia heredada de sus padres y abuelos.

El domingo y anoche al caer la tarde no sólo estos dos cerros sino la mayoría de los que circundan la ciudad fueron escenario de las «luminarias».

La tradición que se ha ido transmitiendo de generación en generación hace referencia a que se trata de una ofrenda de carácter místico y que las luminarias se encienden para que los angelitos que murieron sin llegar a ser bautizados, y que por tal razón moran en el Limbo, puedan ver a Dios.

Se dice también que por esa razón los campesinos creyentes no dejan de prender luminarias para el Día de la Cruz.

Las mismas son generalmente acompañados con cánticos, y entre ellos Pedro Antonio Rodríguez recuerda el «viva la Cruz de Mayo con poroto y zapallo».

En parajes y localidades de la región hay familias que preparan una cruz de madera y la cubren de flores y luego se guarda en un rincón de la huerta. Otros guardan una cruz cargada de pasto de la cosecha y la noche de la víspera hacen una luminaria sobre un cerro y le prenden fuego.

En algunos casos y a medida que el tiempo fue pasando se agregó la quema de neumáticos viejos que son rellenados con trapos, yuyos y otros elementos embebidos con combustible los que se trasladan a lo alto de los cerros para largarlas encendidas.

La tradición continúa, pero para el grupo ecológico Los Guardianes Verdes como para muchos vecinos, hay cosas que han ido cambiando y la fiesta se ha convertido en un problema de índole ecológico. «Antes la gente vivía de lo que producía, eran agricultores y se dedicaban a la cría de ganado y tenían muy claro el valor de la tierra y lo que en ella existía» situación que generaba que «las luminarias fueran muy controladas».

Chos Malal sigue conservando las tradiciones merced a la expresión oral, pero para vecinos y los integrantes del grupo ecológico es fundamental que se tome conciencia del «daño que se causa al medio ambiente», dado que el anochecer del domingo los barrios IV División, Area de Frontera, Mudón, Parque La Oya, Cordillera del Viento y Uriburu estaban cubiertos de una espesa humareda.

«Las luminarias sólo se hacen por imitación, fuera de contexto y carentes de toda significación» fue una de las quejas.

Los resultados quedan a la vista «la quema indiscriminada de arbustos que se habían recuperado» dado que mucha gente extrae para leña, están a merced de los rebaños que pasan por el lugar y en especial en el cerro de la cruz, donde se habían plantado coníferas, las mismas «hacen un esfuerzo para adaptarse y seguir su crecimiento» indicaron.

Los cerros quedan sin arbustos y plantas autóctonas, lo que ayudado por la sequía se transforman en un revés para los vecinos: el suelo no se recupera y difícilmente el paisaje vuelva a ser el mismo que en otras épocas.


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