“Un laboratorio que hace sufrir a la democracia”

Por Redacción

Hace tiempo que me convencí de que cuando quienes gobiernan se creen imprescindibles en sus funciones, la democracia empieza a sufrir; pero el sufrimiento es mayor y puede llegar al colapso cuando la sociedad, o buena parte de ella, se convence de que esos gobernantes son imprescindibles. Es que si bien la continuidad de gestiones, de políticas, tiene aspectos favorables, no produce los mismos efectos la continuidad de personas en los cargos gubernamentales. Sobre todo en aquellos de conducción como los de un presidente, un gobernador o un intendente. Los sistemas republicanos y democráticos se autoimponen limitaciones en beneficio de su calidad, eficacia y eficiencia. Una de esas restricciones está referida a las continuidades en funciones, estableciendo la cantidad de reelecciones que puede tener un funcionario en esos rangos gubernamentales. Esto no es caprichoso. Resulta saludable para el sistema, porque siempre la renovación de cuadros gubernamentales –con las excepciones que siempre están presentes en todos los órdenes– enriquece, renueva procedimientos e ideas, evita el aburguesamiento y permite el ingreso de luz y oxígeno sobre los aparatos de gobierno. Es lo que se llama la alternancia. Lo antedicho me lo inspira el juego de suspenso y sondeos que está haciendo el gobernador Jorge Augusto Sapag respecto de la estrategia electoral personal para los próximos años, en los que sucesivamente ha aparecido como posible candidato “testimonial” para una senaduría en este 2013 y ahora con la probable postulación “en serio” a la misma función, con decisión de renunciar a la gobernación, pero esperando volver a presentarse para la misma, dos años más tarde. Si bien cualquiera de estas posibilidades la permite el sistema vigente, me llama la atención la audacia y naturalidad con las que se las están presentando a la sociedad. Porque están imaginando un circuito intrincado, complejo, raro. Veo en este juego una excesiva valoración de la figura del gobernador, como si su sola presencia en una lista de candidatos garantizara la adhesión incondicional de la sociedad, sin importar si ha cumplido con compromisos y con la certeza de que no cumplirá con aquellos a asumir en caso de ser electo para volver a candidatearse a otra función. Una jugada riesgosa. Pero lo más grave que veo es la subestimación hacia la sociedad, partiendo de creer que puede “comprar” cualquier paquete electoral que se le presente, con un rótulo o marca definida, como si el feudo estuviera institucionalizado. Para mi formación y gusto, estos juegos o experimentos degradan las prácticas políticas, al menos las que se deben encuadrar dentro de los preceptos constitucionales vigentes. A la vez, ponen en la vidriera y en la consideración popular el desenfado o desparpajo de quienes pretenden perpetuarse en el ejercicio del poder, más allá de las restricciones legales. No sé si el señor Sapag concretará algunas de estas hipótesis que están manejando y que ponen a consideración general a través de voceros y periodistas comedidos. Pero el solo acto de analizarlas lo coloca en el límite del respeto de pautas republicanas y democráticas, cuyo fortalecimiento debiera ser preocupación central, en lugar de rebuscar caminos alternativos que, me atrevo a sostener, buscan más favorecer intereses personales y de grupos que los de una sociedad. Aliento la esperanza de que los neuquinos sepamos comprender la perversidad de este juego. Ricardo Villar DNI 8.377.070 – Neuquén

Ricardo Villar DNI 8.377.070 – Neuquén