Un lector-hacedor de su propia lectura
Con Rayuela, Julio Cortázar impulsó la experimentación estética en la novela y marcó una concepción diferente del lector como hacedor de sus propios recorridos de lectura, como sujeto capaz de accionar la poética del autor hacia las habitaciones de su mundo personal. Esta singularidad se mantiene en la cuentística de Cortázar hasta constituir una experiencia de lectura con fronteras no fácilmente perceptibles, entre mundos y submundos, entre planos de lo real, entre uno y otro aspecto no previsible de algún personaje. Lo fantástico en su obra irrumpe con la incidencia de las transformaciones súbitas y arrastra a un cambio de polaridad de lo real. Llevado por la deriva del discurso el lector puede deslizarse en mundos cuya transparencia es equívoca, cuya ingenuidad raya con lo extraño y recalar igualmente en la ternura o en la desolación. Rayuela, como invitación a los lectores de aquellos años, abrió una posibilidad de juego, una lectura de salto en salto hasta llegar a diferentes cielos, abrió una puerta que desde entonces nos enriqueció como lectores y fecundó, también, a muchos creadores de ficción.
María Cristina Ramos