Un libro releva 563 mapas de la Patagonia
El rionegrino Francisco Dehais concluyó un trabajo de años, con una publicación que suma datos de interés para científicos con un apasionante mirada sobre el mundo de los cartógrafos.
Cuando la principal fuente de asombro era la tierra en que vivimos, los mapas tenían el valor incalculable que damos hoy a la descripción del ADN o de la explosión que dio lugar al universo.
Durante siglos, las cartas de navegación y los mapas que relevaban los accidentes geográficos de tierras ignotas podían ser el delgado límite entre las posibilidades de sobrevivir y la más cruel de las muertes.
El rionegrino Francisco José Dehais siempre combinó su profesión de ingeniero agrónomo con su pasión por los mapas, cautivado por conocer cómo se perfeccionaba la lectura de las distancias con la creciente habilidad que permitían la tecnología y la experiencia. Así fue que recopiló centenares, cuya existencia en algunos casos es una rareza en sí. Algunos están unidos a historias trágicas o a aventuras que son la envidia de los ficcionarios.
Aportar para el conocimiento científico y popular semejante colección fue la razón que movió a Dehais a publicar «Contribución a la Cartografía de Patagonia o Chica entre 1519 y 1900», un libro de 233 páginas que incluye como anexo dos CD con 563 mapas y algunas imágenes. Sólo incluyó aquellos mapas posteriores a 1900 que reflejan la decisión definitiva del árbitro británico sobre la cuestión de límites con Chile, papel que desempeñó el rey de Gran Bretaña. Explicó que, si bien esos mapas fueron difundidos en Inglaterra en 1901 y 1902, habían sido realizados en los años 1896 y 1897 por el equipo que lideró el perito Francisco Moreno, desde Mendoza hasta el estrecho de Magallanes.
Para el libro, Dehais contó con la colaboración de los escritores Mario Raone y Héctor Pérez Morando, y consultó los archivos del Instituto de Geodesia de La Plata, Museo Mitre de Buenos Aires, Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNBA, Instituto Geográfico Militar de Buenos Aires, Biblioteca de la Junta de Estudios Históricos de Mendoza, Museo de Centenario, Museo de Cipolletti y biblioteca Carlos Guido & Spano de Cinco Saltos.
Aporta el libro de Dehais un dato que resulta desconocido para la inmensa mayoría de los lugareños: la denominación de «Chica» que se le daba a esta región antes de que el nombre de Patagonia se impusiera en mapas y documentos. El nombre de Chica se usó en los mapas durante los dos primeros siglos de exploraciones, cuando en realidad quienes dibujaban en el papel no conocían de estas tierras más que el perfil que mostraba desde el mar o, en el mejor de los casos, una franja costera que rara vez llegaba a ser muy amplia. Cómo no explicarse ese asombro desvelado, si se considera que gran parte de la cartografía de la cordillera patagónica recién pudo ser terminada a fines del siglo XX y sólo cuando la tecnología satelital le torció el brazo a las dificultades del terreno.
En un largo prólogo que contribuye en gran medida para ubicar al lector en el contexto histórico en que se elaboró la mayoría de los mapas incluidos en la edición, Raone consigna anécdotas y detalles que enriquecen el trabajo. Cuenta, por ejemplo, que en el mapa realizado por Kirchin con los datos aportados por Falkner al Colorado y al Negro los transformó en tres ríos, haciendo desembocar al más ancho en el golfo de San Matías.
Vincula también el proceso de elaboración de los mapas con la siempre abundante lista de naufragios, que eran muchas veces el precio que pagaban por su temeridad los marinos que se atrevían a navegar los mares del sur con las precarias embarcaciones con que contaban. El estrecho de Magallanes y las islas rocosas que lo circundan fueron sin duda las más temidas, pero restos de embarcaciones derrotadas por las tormentas acompañan toda la traza costera.
Las pretensiones europeas y brasileñas en la costa Patagónica también se pone en evidencia a través de las cartas, así como las rastrilladas indígenas, precursoras de caminos.
Particularmente valioso es el trabajo de complementación que realiza Dehais entre las viejas cartas y los exactísimos relevamientos que permite la tecnología satelital, ya que realizó algunos mapas modernos para explicar con mayor precisión viajes que en las viejas cartas resultaban de difícil apreciación.
El libro incluye episodios conocidos y centenares de viajes de marinos ignotos, los intentos de poblamiento, los naufragios, los fracasos y desventuras, las expediciones científicas. Todo, poniendo el centro de la mirada en las líneas trazadas en el particular de los cartógrafos.