Un lugar en el mundo



Felizmente para el candidato oficialista Daniel Scioli, la política exterior no figura entre los temas principales de la campaña electoral en marcha. Si bien hace poco, en el transcurso de una visita a Cuba, Scioli aludió a la admiración y el respeto que supuestamente siente por la “influencia positiva” del dictador cubano Raúl Castro en el mundo, todos entendían que se trataba de palabras de circunstancias, ya que nadie ignora que al gobernador bonaerense le importará mucho más la relación de la Argentina con Estados Unidos y la Unión Europea que su eventual solidaridad con las disfuncionales revoluciones caribeñas. De celebrarse debates preelectorales serios, Scioli tendría que reivindicar el giro hacia el autoritarismo que emprendió el presidente Néstor Kirchner y, con entusiasmo decididamente mayor, su sucesora, Cristina Fernández de Kirchner, la que ha privilegiado los vínculos con China, Rusia, Venezuela, Cuba y, es de suponer pasajeramente, Irán, acaso por sentirse personalmente molesta por la falta de interés de los norteamericanos y europeos en sus heterodoxas teorías económicas, además del disgusto que a veces manifiestan por el clima de corrupción imperante aquí. Como es su costumbre, Scioli se ha negado a romper formalmente con la estrategia geopolítica de Cristina sin por eso procurar brindar la impresión de compartirla. Puede confiar en que la ambigüedad así supuesta no lo perjudicará porque, al fin y al cabo, nadie ignora que se siente mucho más cómodo charlando con interlocutores democráticos que con chinos, rusos, venezolanos o cubanos. En este ámbito, como en tantos otros, Mauricio Macri y Sergio Massa se asemejan mucho a Scioli aunque, por su condición de opositores, no se creen constreñidos a hablar maravillas de los hermanos Castro o el inefable mandatario venezolano Nicolás Maduro y respaldar el expansionismo ruso de Vladimir Putin. Frente a China, su actitud es idéntica a la de la mayoría de los dirigentes europeos que aplauden las proezas económicas del gigante pero se mantienen cautos cuando es cuestión de otros temas. De todos modos, Macri, Massa y Scioli son conscientes de la importancia ya notable de China en el mundo. Por razones concretas, no se les ocurriría modificar mucho la relación con Pekín, a menos que la agresividad creciente del régimen hacia sus vecinos, comenzando con Japón, provocara una crisis internacional ante la cual sería necesario definirse. Asimismo, tendrán que considerar el riesgo de que los problemas socioeconómicos de China incidan de manera negativa en países no competitivos, lo que sucedería si el régimen decidiera que sería prematuro dejar de dar prioridad a las exportaciones de bienes manufacturados para concentrarse más en el mercado interno o si, de resultas de la desaceleración, hiciera bajar todavía más el precio internacional de los productos agrícolas de los que dependemos. Mejorar la relación con Estados Unidos y la Unión Europea es imprescindible aunque sólo fuera porque, con Japón, seguirán dominando el mundo financiero en los años venideros. Por motivos evidentes, la Argentina no puede darse el lujo de optar por prolongar por mucho tiempo más el aislamiento financiero que tanto le ha costado, pero así y todo le será arduo reconciliarse con los mercados de capitales; los defensores del “modelo” kirchnerista se opondrán con virulencia a cualquier arreglo con los holdouts. Sea como fuere, para recuperarse la Argentina necesitará conseguir inversiones cuantiosas que no llegarán mientras conserve la reputación de ser un país que se ha habituado a mofarse de todas las reglas. Asimismo, el próximo gobierno tendrá que intentar impedir que los previsibles conflictos comerciales afecten negativamente la relación con Brasil, lo que, en vista de la gravedad de los problemas económicos y políticos que agitan a nuestro gran vecino, no será del todo fácil. Por ser Brasil un país de tradiciones proteccionistas muy fuertes, el lobby paulista continuará aprovechando el Mercosur en beneficio de sus propias industrias sin preocuparse por las de sus socios, lo que planteará al gobierno que inicie su gestión en diciembre un desafío nada sencillo, uno que tendrá que procurar superar de la manera más amable posible.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Editor responsable: Guillermo Berto Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Viernes 11 de septiembre de 2015


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