Un poco de humildad

Muchos con razón opinan que los argentinos somos soberbios, lo que lógicamente inhibe la capacidad de autocrítica. Por eso se ha enseñoreado la regla de oro del populismo: la causa de nuestros problemas nos resulta ajena, estamos mal por culpa de otros, sean extranjeros u otros argentinos, habitualmente los que no piensan como nosotros. Cualquier dato de la realidad socioeconómica que tomemos nos demostrará que desde el 10 de diciembre de 1983 hasta ahora las diferentes gestiones públicas han tenido resultados decepcionantes, no obstante han gobernado todas sus expresiones políticas más representativas.

Más allá de algún resultado circunstancialmente positivo es evidente que todos hemos fracasado rotundamente en la empresa de revertir el progresivo aumento de pobreza y la desigualdad socioeconómica de nuestra población. Ni hablar de la degradación de la calidad institucional.

Frente a este doloroso resultado, ¿cómo es posible que los distintos sectores de la dirigencia argentina estén convencidos de que se encuentran en condiciones de solucionar lo que en casi cuatro décadas nadie ha podido revertir?

Debemos suplicar para que, dejando de lado la soberbia y practicando una razonable autocrítica, transitemos el camino del diálogo sincero y desprejuiciado que nos permita concretar así un programa de recuperación nacional que ninguna de nuestra diversas expresiones políticas ha podido alcanzar ni alcanzará desde su propia trinchera.

Eduardo del Río

DNI 8.422.364

Neuquén


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