Un progreso de la ciencia
La noticia no es demasiado inesperada para quienes creemos que, particularmente en materia de salud, el avance del mundo es silencioso, quizás, pero incontenible. E incesante, además. Un consorcio, integrado conjuntamente por entidades públicas y empresas privadas, acaba de anunciar que trabaja activamente en producir un antibiótico capaz de eliminar las bacterias a las que se combate, por décadas. Con un largo efecto residual, en consecuencia. Se llama: “teixobactin” y, hasta ahora, ha tenido resultados alentadores en las distintas experiencias realizadas con animales, sin provocar efectos colaterales adversos. La noticia la difundió la influyente revista “Nature” y ha sido ampliamente reproducida por los medios europeos. Pese a que aún estamos a cinco años de poder comenzar a comercializar masivamente la droga en cuestión. La labor científica es realizada por la Northeastern University, de Boston (Estados Unidos), la Universidad de Bonn, en Alemania, y Novobiotic Pharmaceuticals, una empresa privada norteamericana del campo de la biotecnología. Se utilizan en este caso microbios extraídos directamente del suelo (Eleftheria terrae), que no sobreviven con las técnicas tradicionales, esto es las que se usan en los laboratorios. El nuevo antibiótico elimina las baterías destruyendo sus propias paredes. Los novedosos métodos que están siendo utilizados podrían abrir camino para identificar nuevos antibióticos que tengan efectos de largo plazo sin generar resistencias, ampliando así el universo de su utilización. La ciencia no se detiene. Ni busca aplausos. En silencio y esforzadamente apuntala constantemente el progreso de la humanidad. Por ello genera esperanza y optimismo, dos estados de ánimo que –desgraciadamente– suelen ser escasos. Quizás porque hablamos más de nuestros retrocesos que de nuestros progresos. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional
GUSTAVO CHOPITEA (*)