Un raro drama diplomático

Por Redacción

Cuando de provocar problemas internacionales se trata, el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, es un experto consumado. Un par de años atrás, lo hizo al difundir el contenido de una cantidad astronómica de cables diplomáticos supuestamente secretos en los que, entre otras cosas, funcionarios de diversas embajadas estadounidenses decían lo que realmente pensaban de los gobernantes de los países anfitriones: para decepción de quienes esperaban revelaciones explosivas, casi todas resultaron ser ya banales, ya divertidas. La semana pasada, con la ayuda del presidente ecuatoriano, Rafael Correa y, sin habérselo propuesto, de algunos diplomáticos británicos que cometieron el error garrafal de señalar que en circunstancias determinadas el gobierno de su país no se sentiría obligado a respetar la extraterritorialidad de las embajadas extranjeras, Assange consiguió merecer nuevamente la atención de casi todos los medios periodísticos del mundo. Así, pues, un australiano buscado por la Justicia sueca luego de ser acusado de delitos sexuales se las ha arreglado para provocar un incidente diplomático entre Ecuador, que por razones nada misteriosas disfruta del respaldo entusiasta de los gobiernos de muchos otros países latinoamericanos, por un lado y, por el otro, el Reino Unido. Para más señas, Assange ha aprovechado la oportunidad que le brindó su renovada notoriedad para ensañarse con el presidente norteamericano Barack Obama, a su juicio culpable de liderar una “caza de brujas” contra WikiLeaks. Por razones electoralistas evidentes, Obama no querrá brindar la impresión de estar dispuesto a ceder ante el activista australiano. La actitud “colonialista” del gobierno británico frente a la extraterritorialidad de la sede diplomática de Ecuador se basa en una ley local que se aprobó en 1987 a fin de impedir la repetición de lo que había sucedido tres años antes, cuando un pistolero que disparó desde el interior de la embajada de Libia asesinó a una agente de la policía, pero fue francamente absurdo insinuar que la situación planteada por la voluntad de Ecuador de dar asilo a Assange guardara algún parecido con aquel episodio truculento. Con todo, aunque es comprensible que haya motivado estupor la amenaza velada contenida en la nota diplomática británica, esto no quiere decir que el gobierno ecuatoriano haya acertado al tratar a Assange como víctima de persecución política por parte de los norteamericanos, dando por descontado que el sistema judicial de Suecia acataría sin chistar las eventuales órdenes de sus presuntos amos imperiales. Como es natural, las autoridades suecas han reaccionado con una mezcla de indignación y extrañeza ante las acusaciones ecuatorianas, subrayando que en su país la Justicia es “decente” y totalmente independiente. No puede decirse lo mismo de la de Ecuador, donde el presidente Correa ha resultado ser un enemigo acérrimo de la libertad de expresión que nunca ha vacilado en perseguir a periodistas críticos. De todos modos, parecería que el propio Assange entiende que, si bien es escaso el peligro de que policías británicos irrumpan en la embajada de Ecuador para detenerlo, no le será nada fácil conseguir un salvoconducto que le permita trasladarse a América del Sur porque el caso en su contra no es político y porque Suecia, país integrante de la Unión Europea, tiene la reputación de ser una democracia cabal, razón por la que da a entender que aceptaría rendirse con tal que los suecos le garantizaran que no fuera enviado a Estados Unidos. Desde el punto de vista de Assange, sería la solución menos penosa, ya que la alternativa consistiría en permanecer encerrado durante años en un pequeño departamento en el centro de Londres. Asimismo, sería bien posible que los cargos en su contra no prosperaran o que una eventual sentencia resultara ser meramente simbólica, de suerte que pronto podría regresar a Australia. En cuanto a la campaña de WikiLeaks y otras organizaciones que se dedican al espionaje informático contra Estados Unidos, con toda seguridad continuará, aunque parecería que los interesados en promoverla preferirían no contar con la colaboración de Assange por tratarse de un personaje que se ha hecho controvertido por motivos que no tienen nada que ver con su cruzada a favor de un mundo sin secretos.


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