Un vecino difícil

Por Redacción

Según el ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior brasileño, Fernando Pimental, la relación económica con la Argentina es “un problema permanente” para su país. Comparten la opinión de Pimental sobre lo complicado que es negociar con nuestros representantes los muchos uruguayos que quisieran que el presidente José Mujica reaccionara con más firmeza frente a la negativa del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner a respetar las reglas que, en teoría por lo menos, deberían imperar en el Mercosur. Pero no sólo se trata del enojo que sienten nuestros vecinos ante la proliferación de trabas comerciales que los perjudican. Igualmente molestos por el intento oficial de hacer de la Argentina una fortaleza comercial inexpugnable están los norteamericanos, los europeos, los chinos y muchos otros. Aunque desde el punto de vista de los pesos pesados de la economía mundial el mercado argentino es de escasa importancia y por lo tanto están dispuestos a pasar por alto ciertas anomalías, temen que la fiebre proteccionista que se ha apoderado del gobierno de Cristina resulte contagiosa. En tal caso, aumentaría el riesgo de que la economía internacional cayera en una depresión equiparable con la de los años treinta del siglo pasado que, como es notorio, se vio agravada por el proteccionismo. Ya hay señales de que a pesar de las declaraciones a favor del libre comercio que suelen formular virtualmente todos los dirigentes políticos significantes, entre ellos Cristina, la idea de que, en un período tan problemático como el actual, no haya más alternativa que la de replegarse detrás de muros defensivos, privilegiando lo propio sin preocuparse por las repercusiones para el conjunto internacional, está adquiriendo cada vez más partidarios. Por cierto, la Argentina dista de ser el único país en que los productores y sindicalistas locales reclaman medidas proteccionistas. En Estados Unidos y la Unión Europea los lobbies proteccionistas cuentan con el apoyo de muchos políticos que no vacilarían en aprovechar las oportunidades brindadas por los gobiernos de países “emergentes” para justificar medidas vedadas por la Organización Mundial de Comercio, entidad en la que la conducta del gobierno de Cristina ya ha motivado críticas. Mientras tanto, está difundiéndose la convicción de que en los países desarrollados la globalización tendrá consecuencias desastrosas porque el grueso de sus habitantes económicamente activos nunca estará en condiciones de “competir” con chinos e indios, que están acostumbrados a salarios mucho más bajos. Por ser la Argentina un país agroexportador, es menos vulnerable a las represalias comerciales de lo que son aquellos que dependen de la exportación de productos industriales, si bien podría sufrir más inconvenientes al optar gobiernos como el chino por reducir pasajeramente sus compras de soja o maíz. Con todo, no le convendría que siguieran multiplicándose los enfrentamientos con su socio principal, Brasil. Si, como parece probable, propenden a fortalecerse los distintos bloques comerciales en los próximos años, la Argentina dependerá aún más de su relación con su vecino, de suerte que sería mejor que el gobierno intentara reconciliarse con el poderoso lobby paulista, lo que, en vista del carácter pendenciero de quienes se han encargado de manejar el intercambio comercial, no será del todo fácil. Sucede que el gobierno de Cristina no se destaca ni por el profesionalismo de los funcionarios más influyentes ni por la existencia de una estrategia global coherente, razón por la que las medidas tomadas por quienes conforman lo que podría calificarse del equipo económico gubernamental parecen corresponder más a los caprichos de personas determinadas que raramente piensan en la posibilidad de que resulten contraproducentes. Por lo tanto, existe el riesgo de que, sin proponérselo, el gobierno termine provocando más confrontaciones no sólo con organismos a su juicio malignos como el Fondo Monetario Internacional y países lejanos como Estados Unidos, los miembros de la Unión Europea, Japón y China, sino también con nuestros vecinos inmediatos que, en el caso de que decidieran reaccionar adoptando su propia variante del “estilo K”, podrían ocasionarnos un sinfín de dificultades.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 945.035 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Domingo 22 de enero de 2012


Exit mobile version