Un yanqui en el primitivo camino a Bariloche
Albert Hale, de la Unión Panamericana de Washington, fue invitado por Eduardo Elordi a unir en dos días la ciudad de Neuquén con el Nahuel Huapi. La osadía la cumplieron el 8 y 9 de enero de 1913 en un Mercedes. Hale narró el viaje para el diario “La Prensa”.
El miembro de la Unión Panamericana Albert Hale, comisionado por esa institución con sede Washington DC, fue el primer norteamericano con funciones encumbradas que pisó Bariloche, meses antes, apenas, del arribo del famoso ex presidente Theodore Roosevelt. Hale arribó el jueves 9 de enero de 1913 -diez días después del incendio del vapor Cóndor- y sus apuntes registraron el interés y visión turística con que observó la región. Es cierto que en Bariloche y su zona operaba la Comisión de Estudios Hidrológicos del Norte de la Patagonia comandada por otro prestigioso norteamericano -el ingeniero Bailey Willis- que coincidió en su interés por el futuro turístico de la región. Pero de los apuntes de ambos se deduce que no existió un encuentro entre ellos.En esos días Willis y su gente estaban en la zona de Llao-Llao y el «martes, examinando la península San Pedro para hallar un buen sitio donde ubicar un hotel». Willis resultó, eso sí, mejor fotógrafo que Hale, y andaba entre aquella península, Bahía López -con un campamento de Frey- y el Brazo Tristeza, movida la comisión en la goleta Iris comandada por el capitán Otto Mülenpfordt y propiedad de Otto Halder, según registros posteriores (1936).
Pero Hale, cuyas fotos se imprimieron pésimas en La Prensa, fue el primero que publicó un detalle del camino en auto desde la estación Neuquén al lago Nahuel Huapi, cuatro años antes que lo hiciera el periodista Emilio B. Morales y volcara en su libro «Bosques, Lagos y Cascadas».
Los apuntes de Hale fueron telegrafiados el 20 de enero de 1913 a La Prensa desde Santiago de Chile (seguía en gira por Sudamérica). Resultó una serie de notas publicadas el 8, 9 y 18 de febrero de ese año con un título común: «De Buenos Aires a Santiago – Vía Neuquén y Bariloche – La Patagonia vista por un norteamericano – La cordillera del Sur y el turismo».
Los que siguieron los viajes de los funcionarios a través de lo publicado, sabían que el Director de Territorios del Ministerio del Interior, Dr. Isidoro Ruiz Moreno estaba desde fines de 1912 en Chubut. Allí recibió el Año Nuevo y conoció el alivio de los pobladores por el decreto nacional que exoneró -el 14 de diciembre- al teniente de la fronteriza y a la vez cuatrero, Jesús Blanco, elo
giado antes como «héroe» en la «batalla» de Río Pico contra los «bandidos yanquis». La gira comenzó de inmediato. El gobernador y pariente Dr. Luis Ruiz Guiñazú, y el Inspector de Justicia Dr. Carlos Manguero, todos abogados, treparon al automóvil que enfiló hacia el lago Nahuel Huapi a encontrarse con Elordi. Desde «las cordilleras» el comisario Gallastegui, terminaba su travesía tracción a sangre conduciendo al subcomisario de la Fronteriza Milton Roberts y a su hermano Guillermo, detenidos por ser «autores de castigos y quemaduras a Francisco Asenjo Martínez…chileno, para arrancarle delitos imaginarios» (Asenjo fue absuelto). Además de conducir a los reos, Gallastegui acababa de sumariar al subcomisario Egard Nickel por varios delitos, uno contra «una menor de once años» (LP del lunes 6/01/1913)
Mientras el tren del FC Sud transportó al comisionado Hale hacia Bahía Blanca y Neuquén, el automóvil con Ruiz Guiñazú, Ruiz Moreno y Manguero estaban en plena travesía.
La noche en que Hale llegó a la estación Neuquén, el gobernador del Chubut y sus acompañantes habían pasado por la colonia galesa «16 de Octubre» y seguían viaje a Esquel y Cholila. Más adelante dejaron el auto en la estancia El Maitén y de a caballo -el domingo 5 de enero y acompañados por Emilio E. Palleres- galoparon hasta Bolsón.
Los corresponsales que dieron paso a paso detalles de la travesía, hablaban del entusiasmo del Dr. Ruiz Moreno por la posibilidad de viajes rápidos, opinión que contagió al gobernador: anunció un plan de mejora de caminos. Y deploró la acción policial como «pésima».
En Neuquén, el encuentro (¿casual?) del comisado de la Unión Panamericana Albert Hale con el gobernador Elordi en un hotel la noche de su llegada (7 de enero), derivó en la invitación de Elordi a Hale para el viaje del día siguiente a Bariloche para encontrarse con Ruiz Guiñazú. La oportunidad hoy resulta útil para rescatar datos del viejo camino, el apoyo a un viaje en automóvil en camino sin surtidores ni talleres mecánicos. Rescata características de aquellos automóviles, y los escenarios y circunstancias que enmarcaban el viaje. Hale lo detalló como inaugural.
«A las 4 y 30 a.m. el gobernador Elordi vino a buscarme al hotel. El automóvil en que debía experimentar la sensación de atravesar el desierto por vías desconocidas, que aún no habían tocado las llantas de goma, era un Mercedes de 40 a 50 HP, que con sus 36 centímetros del eje al borde de la llanta, era capaz tal vez de recorrer cien kilómetros por hora y muy bueno para trepar colinas cuando la ocasión se presentara», conjeturó Hale.
No había amanecido aún el miércoles 8 de enero cuando quedó acomodado el equipaje del norteamericano y el «chauffeur recibió orden de ponerse en marcha…». Aunque no apuntó su nombre, se trataba de Amaranto Suárez. Además de el gobernador Elordi viajaba «otro hombre que era un hábil asistente a la vez que buen mecánico» (sin duda, Peremateu) «y un soldado de caballería que por larga práctica de la frontera del Neuquén y de Río Negro, se hallaba familiarizado perfectamente con el camino que debíamos recorrer…» y hacía de guía para escoger el camino correcto.
Estos datos aportados a la primera nota de la serie de tres que Hale publicó en La Prensa, se completaron con lo aludía la Guía del Touring Club Argentino y el plano que indicaba precarios caminos y parajes, compilado con datos de Elordi y sus choferes. La nota aludió a tres caminos cordilleranos y al tercero «hacia el Sudoeste, hasta la ciudad (sic) de Bariloche, sobre el lago Nahuel Huapi, el más extenso en la Argentina».
Hale calculó en menos de una hora de marcha desde Neuquén hasta cruzar «en una simple balsa…a lo largo de un cable tendido sobre el río». Tomaron luego por un «endurecido y bien sentado a través del desierto, tan desnudo como el Arizona…».
Hale le comentó a Elordi que le extrañaba que no hubiera cactus y el gobernador le aludió a que «proyectaba introducir una variedad…sin espinas…» y suministraría «buen forraje para las mulas» y quizás para otros animales. A las 9 y 15 del mismo miércoles llegaron a Jagüelitos y su boliche «a 19 leguas de Neuquén» y probaron el agua del manantial que justificaba la parada y permitía al bolichero cosechar algunas legumbres. Hale enriquecía su vocabulario en español: «Boliche es una casita en medio del campo en el cual pueden los viajeros restaurarse mediante líquidos». A las 10 a.m. siguieron viaje a razón de «6 leguas por hora y aún más, según los parajes», de manera que a las 11 y 30 llegaron al boliche «cercano a una colina» que llamaban Cerro Policía. Alguna como
didad para el descanso y el almuerzo lo preparó el bolichero que «había encontrado hacía seis años una fuente de agua pura sobre la falda de la colina situada detrás de la casa», lo que le permitió construir un sistema de irrigación para crear «jardines en torno al edificio». La fertilidad del lugar le permitía «óptimas cosechas de maíz, cebada, patatas y vegetales por el estilo…» y hasta de flores. A las 3 de la tarde, cuando partieron y había 32 grados, el dueño del lugar les obsequió un ramo de claveles.
En una hora más de marcha -y 7 leguas más recorridas- dieron con el Colorado, el boliche donde tenía almacenada «el gobernador Elordi cierta cantidad de nafta y en donde se detuvieron más de la cuenta por tener que cargar el combustible enlatado y siguieron «por el valle o cañadón llamado Tricaco…» (o Trica-co).
Aunque Hale no lo consigna, 10 meses antes, allí fueron abandonados 4 carros de una tropa mayor que abandonaron dos hermanos norteamericanos, Charles y Benjamín Wagner, hijos del inmigrante Jefferson D. Wagner que vivía sobre el Nahuel Huapi. Hay que recordar que los dos Wagner fueron apresados por la Policía Fronteriza en un confuso episodio (narrados por el autor de esta página en las ediciones de los domingos 17 y 24 de marzo de 2002).
El Mercedes de la gobernación de Neuquén siguió con Elordi y Hale rumbo a Mencué a hacer noche para seguir a Bariloche a la mañana siguiente.
Esa mañana el corresponsal de La Prensa en Bariloche telegrafió al diario que «procedentes de Rawson llegaron anoche en automóvil, el gobernador del Chubut, doctor Ruiz Guiñazú, el Director de Territorios, Ruiz Moreno y el inspector de Justicia, doctor Manguero» (LP del 10/01/1913).
La noticia contaba la visita del paréntesis de a caballo hecho de El Maitén a Bolsón, pero retomando el automóvil en Ñorquinco. Los viajeros creían que Bariloche era de menor importancia, extrañándose por la inexistencia «de municipalidad ni comisión de fomento, como igualmente de que el gobernador de Río Negro no haya visitado esta región a fin de disponer algunas mejoras indispensables y fáciles de realizar».
No pudieron enterarse que esa misma noche, Elordi y Hale estaban en Mencué, porque por allí no pasaba línea telegráfica alguna, de manera que el encuentro de gobernadores parecía frustrarse.
La reunión se frustraba, además, porque el «doctor Ruiz Guiñazú llegó enfermo de una pierna, circunstancia que los obligó a trasladarse hoy (9) a Puerto Montt (Chile) acompañado de los demás viajeros para hacerse asistir y por carecer de médico esta localidad». El telegrama aseguraba que de regreso a la costa inspeccionarían las dependencias nacionales de la región, «recorrerían por Río Pico, centro del bandolerismo, y las colonias San Martín y Sarmiento». Nada decía la noticia del desencuentro con Elordi.
La llegada de Elordi y Hale a Mencué se verificó a las 11 y 10 de la noche del miércoles 8, después de un recorrido bajo «un cielo brillantemente iluminado por las estrellas». El apunte romántico de mister Hale cambió a prosaico para describir el parador como «depósito de buen tamaño y almacén para las estancias circunvecinas». Reposaron después de recorrer 55 leguas (275 kilómetros), esperanzados en llegar al día siguiente al gran lago para el encuentro programado.
Francisco N. Juárez
(Continuará)
fnjuarez@sion.com
El miembro de la Unión Panamericana Albert Hale, comisionado por esa institución con sede Washington DC, fue el primer norteamericano con funciones encumbradas que pisó Bariloche, meses antes, apenas, del arribo del famoso ex presidente Theodore Roosevelt. Hale arribó el jueves 9 de enero de 1913 -diez días después del incendio del vapor Cóndor- y sus apuntes registraron el interés y visión turística con que observó la región. Es cierto que en Bariloche y su zona operaba la Comisión de Estudios Hidrológicos del Norte de la Patagonia comandada por otro prestigioso norteamericano -el ingeniero Bailey Willis- que coincidió en su interés por el futuro turístico de la región. Pero de los apuntes de ambos se deduce que no existió un encuentro entre ellos.En esos días Willis y su gente estaban en la zona de Llao-Llao y el "martes, examinando la península San Pedro para hallar un buen sitio donde ubicar un hotel". Willis resultó, eso sí, mejor fotógrafo que Hale, y andaba entre aquella península, Bahía López -con un campamento de Frey- y el Brazo Tristeza, movida la comisión en la goleta Iris comandada por el capitán Otto Mülenpfordt y propiedad de Otto Halder, según registros posteriores (1936).
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