Una alianza imprevista
En la disputa con los fondos buitre, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner cuenta con algunos aliados poderosos. Entre ellos se encuentran no sólo políticos opositores locales sino también el presidente norteamericano Barack Obama, la jefa del FMI, Christine Lagarde, y más de un centenar de parlamentarios británicos. Si bien ninguno siente mucho interés en las teorías económicas excéntricas reivindicadas por Cristina y otros voceros del gobierno kirchnerista, todos temen por el impacto que tendría en el sistema financiero internacional un eventual triunfo judicial de los “buitres”, ya que a su juicio haría mucho más difícil la reestructuración de las deudas soberanas de otros países en apuros. Es ésta la opinión de la directora gerente del FMI, una institución que, según un vocero, está “profundamente preocupada” por las implicancias que podría tener la batalla legal que están librando los abogados de los holdouts y los contratados por el gobierno argentino. Con todo, a pesar del fuerte apoyo que le han dado personas tan influyentes como Obama y Lagarde, además del mandatario socialista francés François Hollande y otros dignatarios, la presidenta aún no puede cantar victoria en la batalla que está librando contra quienes compraron a precio vil activos en default con la esperanza de lograr que, andando el tiempo, el gobierno argentino se viera obligado a honrarlos. Por razones comprensibles, a los integrantes de la Corte Suprema estadounidense no les gustaría favorecer a deudores que se mofan de la ley, sobre todo si llegan al extremo de afirmar, como ha hecho Cristina en diversas ocasiones, que no acatarían un fallo adverso. Toman muy en serio sus responsabilidades y creen en la necesidad de asegurar el imperio de la ley. No sorprendería demasiado, pues, que los miembros del máximo tribunal norteamericano se negaran a involucrarse en un asunto en que se ven constreñidos a elegir entre la letra de la ley por un lado y el pragmatismo económico por el otro, un dilema resumido en la célebre frase latina “fiat justitia et pereat mundus”, o sea hágase justicia y que perezca el mundo. Parecería que en los centros financieros más importantes la mayoría no está convencida de que los jueces se dejen impresionar por los argumentos esgrimidos por políticos y funcionarios internacionales que anteponen la estabilidad económica al respeto por la ley, de ahí el escepticismo detectado por los analistas que monitorean la evolución de los mercados. Hasta hace poco, el consenso era que la Corte rechazaría el caso, de tal manera avalando el fallo del juez neoyorquino Thomas Griesa, pero puede que, merced a la intervención de Obama y Lagarde, haya cambiado de opinión pero que, luego de aceptarlo, obre con lentitud con la esperanza de que los kirchneristas, asustados por la cercanía de un default técnico, traten de aplacar a los “buitres” negociando con ellos, lo que plantearía la posibilidad de que un arreglo entre las partes permita que los jueces norteamericanos se laven las manos del asunto. De todos modos, el que una vez más un gobierno argentino se las haya arreglado para poner en peligro el sistema financiero mundial es muy malo para el país. Aun cuando el próximo gobierno haga un gran esfuerzo por persuadir a los inversores, incluyendo a los argentinos, de que está firmemente decidido a respetar todas las reglas, tendría que transcurrir mucho tiempo antes de que confiaran lo bastante como para arriesgarse como están haciendo en países como Chile. Saben que durante años la actitud desafiante asumida por Néstor Kirchner y por Cristina disfrutó de la plena aprobación del grueso de la clase política y de la ciudadanía y que, por lo tanto, los cambios recientes sólo se han debido a la necesidad de conseguir cuanto antes más dinero. Asimismo, todavía abundan los políticos y “militantes” que se aseveran contrarios por principio a honrar deudas a su entender ilegítimas. Puesto que la corrupción seguirá siendo endémica, a quienes piensan así nunca les faltarán argumentos contundentes, lo que, huelga decirlo, continuará brindando a los preocupados por el destino del dinero que manejan un motivo adicional para mantenerse bien lejos de un país cuyas tradiciones son tan distintas de las del mundo desarrollado.
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