Apicultura en el monte y bajo zonas de riego, de la colmena a la mesa
Diversificar es la consigna que generó en los últimos años la aparición de diversos proyectos productivos. Aquí, cinco ejemplos que demuestran que se puede.
gente que hace
Una fábrica con sello característico y que busca ser amigable con el medio ambiente es el nuevo emprendimiento que se consolida en la localidad, por la calidad en sus sabores, pero también por la responsabilidad ambiental con la que está forjado.
Se trata de la cervecería Cacique, primera y única fábrica de estas características en la localidad, ideada a partir de una imagen sustentable, que si bien atrae a los paladares cerveceros, también da cuenta del compromiso asumido.
Así lo planearon Marcos Cichitti y Jorgelina Mirich, joven pareja que después de errar por el mundo, anclaron en Catriel para poner en marcha la obra, hace poco más de un año.
Él, amante de la cerveza y ella publicista y esteticista, lograron fusionar conocimientos para ponerlos en marcha en un tráiler acondicionado para la empresa, en que calidad e imagen cumplen roles preponderantes.
Así lo delata la recta de la avenida Roque Sáenz Peña que conduce hacia la zona del autódromo y al Valle de la Luna, es decir más cerca del hábitat natural y más lejos de la zona urbanizada.
Montada con elementos reciclables que ellos mismos restauraron, armaron la fachada mientras que en el interior, los tanques de acero inoxidable e instalaciones y productos de primer nivel delatan las expectativas de los emprendedores, como así también de la gente que los elige.
Allí el cuidado y ahorro de la energía y del agua es fundamental, por eso el agua es tratada con un eco-kit y reutilizada para riego. “O sea que no tenemos pozo, por lo que no contaminamos la napa”, señala Jorgelina. Y en cuanto a la iluminación “está provista de luces led, que tienen un consumo mucho menor al de las lámparas de bajo consumo” y además ya está acondicionado el predio, para próximamente instalar un panel fotovoltaico y proveerse de energía solar.
Así un pantallazo de la manera de encarar el proyecto que hasta acá marcha con óptimos resultados, habida cuenta que la primera cocción fue en febrero de 2015, que se tradujeron en 18 litros que salieron a un mercado que todavía es a baja escala y directo al consumidor.
Actualmente se comercializan 1.600 litros por mes, 220 litros por semana, que salen en seis variedades: Morocha, Dorada patagónica, Panal, Pluma Roja, Trigueña e IPA (India Pale Ale), envasadas en porrones de 355 cm³, en las que la marca está representada en una calavera ataviada con trenzas y pluma de un cacique indio, que bien podría ser el mismo que dio el nombre a la ciudad.
Cristian Iboldi y Maximiliano Coletti son jóvenes locales que se unieron para tratar de conformar una UTE o SRL, que permita poner en marcha un ambicioso proyecto que surgió de una tesis realizada por egresados de la Tecnicatura en Petróleo, en 2012.
Cristian, uno de los creadores de la batería móvil, elemento de medición para fluidos y gas en los yacimientos se contactó con Coletti, dueño de una empresa local dedicada a pyping y soldaduras para comenzar a construir el aparato de medición. Este logro fue premiado por el Instituto Balseiro, reconocido por YPF y patentado en Argentina y EE. UU.
Desde el 2013 el proyecto espera ser puesto en marcha, tanto en la parte pública como en la privada. Si bien fueron cinco personas las impulsoras del mismo, sólo dos quedaron para tomar la posta. Maximiliano pasó a ser el integrante encargado de la parte económica y constructiva.
La consigna ahora es lograr el financiamiento o contrato de trabajo para emprender el desafío de instalarse en la industria petrolera.
La UTE posibilitaría la creación del equipo de prueba. “Se pueden medir pozos individuales, darles continuidad de trabajo y dotarlos de una medición fiscal, para que el registro de la producción pueda ser visto por una persona, o varias, con una simple aplicación”, dijeron.
Uno de los principales objetivos locales es apuntalar la diversidad productiva. En ese sentido, el municipio hizo una importante inversión con la intención de diversificar la monoeconomía devenida del petróleo, para ahondar en la agricultura y la ganadería, que fueron las actividades primigenias del lugar, y que paulatinamente fueron desplazadas.
Para la puesta en marcha se compraron tres módulos agropecuarios que se pusieron a disposición de productores agrícola ganaderos: uno en Catriel, otro en el paraje rural de Peñas Blancas y el tercero en Valle Verde.
Cada módulo consta de tractor, arado, cincel, fumigadora, rotoenfardadora y sembradora. Estas máquinas se trasladan entre campos, en cada una de las zonas en las que están dispuestas, según el requerimiento de cada productor.
Antes de su funcionamiento, el municipio pone a disposición las herramientas y a la vez firma un comodato que encierra un compromiso de pago, que posteriormente es destinado a un fin social.
Los primeros resultados se vieron en febrero. Las máquinas fueron cedidas a Néstor Maldonado –quien ya tenía siembra de alfalfa en su campo– por lo que sólo requirió del cortado y enrollado de la misma.
Una vez terminado el trabajo, Maldonado pagó al municipio con rollos de alfalfa que luego fueron donados a la asociación de equinoterapia Kawel Anay que trabaja con personas con distintas discapacidades.
Con este ejemplo se espera que el círculo productivo continúe para reavivar la tierra y que en ella resurja la actividad agrícola pastoril que dio origen a la ciudad.
Liliana Silva y Anna Konstantinova son vecinas y mamás de dos amigos, dos pequeños de 6 años. Uno de ellos, alérgico a la proteína de la leche (la caseína), circunstancia que modificó la conducta alimentaria de la familia, primero y después se trasladó a la sociedad, a través de talleres gratuitos.
Benjamín es el hijo de Liliana, la impulsora del proyecto “Sana sana”, que apunta a la alimentación consciente, a partir de huertas propias o el consumo de brotes para incorporar a la dieta comida viva, principal característica de la alimentación saludable.
“Es necesario volver a las raíces y cultivar la propia comida”, dice Anna, quien llegó de Rusia hace algunos años y compara que los hábitos alimenticios son los iguales en cualquier lugar del mundo.
“Nosotros creemos que comemos lo que queremos, pero no es así, comemos lo que las empresas quieren”, coinciden las mujeres que le atribuyen las enfermedades, a la mala nutrición.
De ahí a importancia de cambiar los hábitos e incorporar nutrientes vivos, explican.
Por eso, en el nuevo emprendimiento no sólo dictan cursos para aprender a comer y cocinar, sino que semanalmente ofrecen canastas de verduras y frutas, sin pesticidas, que traen de una huera de Centenario.
En la misma también hay vinos caseros y yerba elaborada por pequeños productores en Misiones que la producen sin agregarle agroquímicos.
“A esta búsqueda de lo absolutamente sano la llamamos camino de transición en que pueden emularse algunos productos, en especial la leche”, que fue el desencadenante en una cuestión de salud que requería de una medicación costosa y de por vida. Con la nueva alimentación no hace falta ninguna medicina y el niño crece sano.
Eso que pudo experimentar Liliana Silva en un principio se lo trasladó a Anna y después en talleres que aún continúan.
A su entender, “las harinas que le hacen mal a los celíacos le hacen mal a todos”, y bien pueden reemplazarse por harina de centeno, de arroz, de algarroba, de quinua, de amaranto, “incorporarlas o no, es una cuestión de costumbres muy arraigadas”, sostiene Anna, quien además aclara que “incluso con la harina se hacen bizcochuelos con gusto a chocolate”.
Pero esta nueva alimentación, también apunta a combatir algunas dolencias frecuentes en las personas, como la inflamación estomacal o la constipación. “Nuestro estómago es nuestro segundo cerebro y la mayoría de la población occidental tiene problemas estomacales”.
Saben de la nobleza de las abejas y de las bondades de la miel, por eso eligieron la actividad apícola para desarrollarse y a la vez contribuir con el medio ambiente.
Carecen de un espacio físico fijo, por eso trasladan sus colmenas por campos de Catriel, de 25 Mayo y zona aledaña, con el fin de seguir produciendo, como así también para expandir o difundir la actividad, a sabiendas de los beneficios que ella implica.
Por eso se conformaron como Asociación Apícola Puerta Norte de la Patagonia, en el 2013. Una institución que nuclea a 10 asociados, aunque saben que son más los que realizan la actividad en la ciudad.
Patricia Coronado y Oscar Ford son dos representantes de la misma que hablaron de la apicultura desde una mirada técnica y por sobre todo humanitaria, que tiene como fin principal “nuclear a todos los apicultores de la zona y darle un espacio a ellos para compartir ideas, para debatir problemas, para realizar proyectos, para acompañar, porque en definitiva lo que hace la asociación es acompañar al apicultor, porque nuestra finalidad no es producir miel y que esa miel se venda, sino que es darle un espacio a cada uno de los apicultores para que ellos puedan seguir generando sus recursos”, señala Patricia, actual presidenta de la institución.
Actividad que denota un considerable incremento a raíz de la instalación del plan agrícola ganadero que empezó a impulsarse en la ciudad.
Si bien para cumplir su ciclo biológico y productivo, las abejas sólo necesitan al menos tres estaciones, en el caso de Catriel también propicia a la actividad con un ambiente ideal.
El beneficio es que en la zona prevalece la flora autóctona libre de pesticidas o agroquímicos y el hecho de ser un valle atravesado por un río, contribuye a la floración que es donde comienza el trabajo de la abeja.
“Tenemos la flor natural del monte, zona bajo riego, mucho cultivo de alfalfa y no hay mortandad de abeja por intoxicación”, comentan.
Con esto también se destaca el valor del insecto en el impacto ambiental.
“En la actualidad la abeja tiene más valor por su contribución ante el impacto ambiental que en la producción de miel, esto porque de cada diez productos que hay en una mesa, en siete intervino la abeja para que ese producto llegue a la mesa”, dicen.
Y así como el insecto hace el trabajo naturalmente, por falta de tecnología los apicultores envasan sus productos con igual naturalidad: de la colmena al envase. Y aunque existe una asociación, cada productor comercializa o no su producto de manera individual, con la certeza que detrás suyo hay una asociación que lo respalda, instruye y gestiona para que la actividad siga siendo benevolente.
En ese sentido, uno de los contratiempos que frenan la actividad es la falta de una sala extractora, por lo que tienen que viajar kilómetros para sacar la miel de sus colmenas. Por ello, uno de los principales objetivos que persiguen es lograr que con la instalación de la granja porcina anunciada a construirse en la localidad, también se construya un lugar que pueda ser usado por los productores apícolas, estén o no en la institución.
Pero se trata de un emprendimiento joven, lo que implica que los objetivos son muchos y diversos y si bien no son ambiciosos, pretenden tener perdurabilidad en el tiempo.
Claro que la tarea no es para cualquiera, “te tiene que gustar mucho para estar recolectando miel con 36° de calor, a pleno rayos de sol”, dice Patricia mientras muestra un cuadro de un apicultor trajeado de overol blanco cubierto por una escafandra.
litros de cerveza por mes son los que se comercializan actualmente con seis variedades.
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