Una breve pausa

De la Rúa deberá hallar la forma de eliminar la contradicción entre su estrategia económica y los dogmas de la UCR y el Frepaso.

Para muchos dirigentes radicales, el beneficio principal supuesto por aquel “blindaje financiero” de casi 40.000 millones de dólares que fue confeccionado por el Fondo Monetario Internacional habrá consistido en que durante algunas semanas no se han visto constreñidos a desmentir nuevos rumores sobre el regreso inminente al Ministerio de Economía de Domingo Cavallo. En efecto, la negativa del ex ministro a integrar una comisión organizada para estudiar la reforma del sistema tributario por no considerarse experto en impuestos y porque, de todos modos, se sabe algo más que un técnico, no tuvo las repercusiones que con toda seguridad hubiera provocado de concretarse un mes antes, mientras que su voluntad de figurar en el directorio del portal gubernamental educ.ar no ha ocasionado demasiada inquietud en las filas aliancistas.

Pero aunque parecería que José Luis Machinea conservará su empleo hasta nuevo aviso, el que cuando el país se enfrentaba a una emergencia de desenlace incierto virtualmente todos hayan dado por descontado que al presidente Fernando de la Rúa le sería necesario reemplazarlo por el coartífice de lo que los radicales suelen llamar el “modelo neoliberal” no puede considerarse una aberración pasajera. Antes bien, reflejó la convicción generalizada de que en última instancia, un gobierno que se ve obligado a tomar en cuenta las opiniones del “ala política” aliancista sencillamente no está en condiciones de superar los graves problemas que plantea su incapacidad para hacer frente a los desafíos económicos y sociales de comienzos del siglo XXI.

He aquí la significancia del retorno al centro del escenario político del ex superministro. No se trata de las eventuales deficiencias profesionales de Machinea ni de su personalidad según parece nada avasalladora. Tampoco es meramente cuestión del vigor o de las dotes comunicativas del propio Cavallo. Tiene que ver con la conciencia cada vez más generalizada de que al país no le queda otra opción que la de comprometerse plenamente con el orden económico existente en casi todo el planeta y que por lo tanto es francamente absurdo gobernar con la ambigüedad que hasta ahora ha sido la característica más notable de la gestión de De la Rúa. Por supuesto, a esta altura todos entienden muy bien que el presidente mismo es un “conservador”, para no decir un “liberal”, que se resistiría a entregarse a una aventura voluntarista por entender que los resultados serían catastróficos, pero que por motivos netamente políticos le es preciso intentar mantener tranquilos a los alfonsinistas, progresistas y otros que dominan la Alianza. Pero si bien el país se ha acostumbrado al arreglo así supuesto, esto no quiere decir que debiera conformarse con él.

A menos que De la Rúa se haya resignado a que los casi tres años de gobierno que le quedan sean similares al primero, tendrá que encontrar la forma de eliminar la contradicción flagrante entre su estrategia económica por un lado y, por el otro, los dogmas políticos de las facciones dominantes de la UCR y el Frepaso. Aunque éstos no han podido modificar el “rumbo” del gobierno, no les ha sido difícil forzarlo a avanzar a un paso sumamente lento. Sólo se dan dos salidas de la trampa. Una, la representada por la opción Cavallo, consistiría en sustituir a los comprometidos con el corporativismo tradicional por otros, entre ellos quien fuera el ministro más influyente del gobierno del presidente Carlos Menem, que están dispuestos a respetar las reglas vigentes en el mundo moderno; la segunda supondría la evolución rápida de una proporción importante de los hasta hace poco comprometidos con idearios anticuados en dirigentes que antepongan los intereses del país real a la nostalgia por los proyectos frustrados del pasado. Dicho de otro modo, a menos que el ala política aliancista logre aprovechar las vacaciones de verano para actualizarse, sus integrantes pronto estarán tratando de convencerse de que la prevista incorporación al gobierno de Cavallo no equivaldría a una derrota humillante de todo cuanto creen encarnar. Si bien pueden detectarse señales de cambio en la UCR y el Frepaso, aún no han sido suficientes como para impedir que en los meses próximos se repita el drama cuyas vicisitudes dominaron el tramo final del año 2000.


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