“Una de las tantas muestras de precariedad…”
Hace unos días tuve oportunidad de ver una receta del Hospital Cipolletti confeccionada en el reverso de la boleta de un partido político de las utilizadas en las recientes elecciones. Descartando que se trate de una nostálgica adhesión partidaria poselectoral o una excentricidad del médico recetante, es válido suponer que la utilización de tan exótico recurso obedecería a la falta del recetario común y corriente con el que normalmente deberían contar los hospitales. Si bien puede sostenerse que se trata de un problema menor y que un recetario no tiene la misma importancia que un estetoscopio o un tensiómetro, por lo que su falta no altera la labor de los médicos; que se trata de algo secundario ya que para el paciente lo sustancial es la receta y no el papel en que la misma se confecciona, o que esto no es nuevo y viene haciéndose desde hace mucho tiempo en los hospitales de la provincia y posiblemente de todo el país, no se trata de una cuestión sin importancia. Desde ya que éste no es el problema central, pero sí una de las tantas muestras de la precariedad con que deben desempeñarse los agentes del sistema de salud pública de Río Negro, cuyas carencias motivan reiterados reclamos de la población tanto por la falta de personal suficiente como de insumos elementales para brindar un servicio de calidad. La salud, al igual que la educación, son derechos ciudadanos a los que el Estado está constitucionalmente obligado a garantizar su prestación mediante la afectación de presupuestos que en la mayoría de los casos son insuficientes para cumplir esos objetivos. Y la excusa de los gobernantes para justificar esos incumplimientos es que los recursos son escasos y las demandas cada vez mayores. Sin embargo, contrariando esta situación que los obligaría a un uso prudente de esos recursos, vemos que se gastan considerables sumas de dineros públicos en asuntos de muy dudosa validez en cuanto a su real utilidad para la población, como por ejemplo los destinados al reciente festejo de la ciudad de Viedma, los efectuados en ocasión del viaje de la presidenta a Bariloche o en sueldos destinados a solventar un plantel político cada vez mayor que abreva del presupuesto estatal, verdaderos derroches que no se corresponden con una sociedad que muestra carencias como las que obligan al médico del Hospital de Cipolletti a confeccionar una receta en una boleta electoral. Carlos A. Segovia, LE 7.304.065 Cipolletti
Carlos A. Segovia, LE 7.304.065 – Cipolletti
Hace unos días tuve oportunidad de ver una receta del Hospital Cipolletti confeccionada en el reverso de la boleta de un partido político de las utilizadas en las recientes elecciones. Descartando que se trate de una nostálgica adhesión partidaria poselectoral o una excentricidad del médico recetante, es válido suponer que la utilización de tan exótico recurso obedecería a la falta del recetario común y corriente con el que normalmente deberían contar los hospitales. Si bien puede sostenerse que se trata de un problema menor y que un recetario no tiene la misma importancia que un estetoscopio o un tensiómetro, por lo que su falta no altera la labor de los médicos; que se trata de algo secundario ya que para el paciente lo sustancial es la receta y no el papel en que la misma se confecciona, o que esto no es nuevo y viene haciéndose desde hace mucho tiempo en los hospitales de la provincia y posiblemente de todo el país, no se trata de una cuestión sin importancia. Desde ya que éste no es el problema central, pero sí una de las tantas muestras de la precariedad con que deben desempeñarse los agentes del sistema de salud pública de Río Negro, cuyas carencias motivan reiterados reclamos de la población tanto por la falta de personal suficiente como de insumos elementales para brindar un servicio de calidad. La salud, al igual que la educación, son derechos ciudadanos a los que el Estado está constitucionalmente obligado a garantizar su prestación mediante la afectación de presupuestos que en la mayoría de los casos son insuficientes para cumplir esos objetivos. Y la excusa de los gobernantes para justificar esos incumplimientos es que los recursos son escasos y las demandas cada vez mayores. Sin embargo, contrariando esta situación que los obligaría a un uso prudente de esos recursos, vemos que se gastan considerables sumas de dineros públicos en asuntos de muy dudosa validez en cuanto a su real utilidad para la población, como por ejemplo los destinados al reciente festejo de la ciudad de Viedma, los efectuados en ocasión del viaje de la presidenta a Bariloche o en sueldos destinados a solventar un plantel político cada vez mayor que abreva del presupuesto estatal, verdaderos derroches que no se corresponden con una sociedad que muestra carencias como las que obligan al médico del Hospital de Cipolletti a confeccionar una receta en una boleta electoral. Carlos A. Segovia, LE 7.304.065 Cipolletti
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