Una novedosa mirada regional sobre la violencia de la dictadura
“Un Comahue violento”, de Pablo Scatizza, indaga nuevas fuentes e interpretaciones sobre lo ocurrido en los 70 y 80. La intensidad de la represión ilegal fue igual a las “zonas calientes” del país, opina.
Un Comahue Violento” es un libro sobre cómo se desarrolló la dictadura en la región bajo la lupa de un historiador que tuvo acceso a documentos exclusivos y expedientes tanto públicos como secretos relacionados a la etapa previa y posterior al golpe de Estado.
El trabajo compagina material documental con las teorías desarrolladas por la academia universitaria en una sutil combinación de lo que pasó, de lo que pudo pasar, de cómo estaban ocurriendo los hechos en función del contexto, y a su vez, las explicaciones del autor sobre el fenómeno histórico y los diferentes estudios que son aportados por Pablo Scatizza en una generosa cantidad de “notas al pie”, que resultan complementarias a la narración que avanza en cada capítulo.
Pero la investigación no se circunscribe a los expedientes judiciales, reglamentos militares, testimonios de época o a la reinterpretación de las teorías de investigadores regionales u otros tratados académicos sobre la violencia política, sino que busca enrostrar al lector cómo se desarrollaron los acontecimientos durante la dictadura en un contexto regional que tenía, según Scatizza, todos los aditamentos del proceso militar en el resto del país.
“La intensidad de la violencia desplegada aquí fue igual al resto de otras zonas”, aseguró Scatizza en el libro “Un Comahue Violento”, editado por Prometeo Libros y a disposición del público con el catálogo de agosto.
En diálogo con “Río Negro” planteó que la obra buscó aportar una idea de cómo fue la dictadura “sin verla desde Buenos Aires”.
Uno de los capítulos está dedicado a dar a conocer reglamentos y documentación militar secreta que precedieron a la toma del poder, un análisis del “plan de exterminio” propuesto por los militares y el ordenamiento de estos expedientes en los que presenta a la dictadura “con una sistematicidad particular, en términos analíticos y de matices, con autonomías y tensiones internas”.
Los años previos al golpe
Scatizza avanzó con una investigación propia que involucra los años previos al golpe, el funcionamiento de la triple A en Cipolletti (inclusive antes de la llegada del interventor universitario Dionisio Remus Tetu) y elementos que describió como “formas represivas paraestatales” de las cuales aún “hay mucho para investigar”, independientemente de lo que está radicado en la justicia.
Describe, entre otros elementos, una razzia contra 18 chilenos en septiembre de 1975, en función de documentos que encontró y del testimonio de un sobreviviente de esa experiencia de tortura padecida que luego aportó a la Justicia.
En 312 páginas, Scatizza sostiene que la intensidad y la violencia desplegada por la dictadura militar en el Comahue fue la misma que en las denominadas “zonas calientes”.
“Hubo razzias y despliegues operativos importantes como el operativo de junio de 1976 del PRT- ERP que arranca con el secuestro de (las universitarias) Susana Mujica y Alicia Pifarré y termina en la madrugada el 15 de junio en Cutral Co. Fueron objetivos muy planificados, a partir de las torturas pudieron avanzar en los secuestros, más allá de sus errores, como buscar a José Delineo Méndez que estaba en su propia casa haciendo la colimba en Junín de los Andes y no lo sabían. Aún así fue algo imponente y fuerte; eso trata de aportar el libro”, explicó.
Scatizza reconoce que el 80% de la obra para todo público contiene análisis históricos que fueron utilizados en su tesis doctoral en 2.013, con algunos trabajos adicionales que maduraron tras varias presentaciones y nuevas búsquedas teóricas.
El rol de los juicios
Como la tesis contenía también un apartado respecto a su visión de los juicios desarrollados en Neuquén, la editorial planteó mantener un capítulo en el que se abordara el tema.
“Los juicios fueron muy importantes para conocer muchos detalles de lo que ocurrió y cómo, fue el espacio de las víctimas para dar cuenta de lo que habían sufrido, se generó mucha información que de otra manera no se hubiera logrado; pero también se sabe que cuando llega tarde la justicia no es justicia y muchos murieron sin saber nada o sin poder ver ventilado su caso en el juicio, algunos vienen testimoniando una y otra vez y sus casos todavía no llegan al debate. Esto es injusto”, sostuvo.
Agregó que cuando promediaba la escritura en 2.013, judicialmente no se avanzaba en el tema de las violaciones hacia las detenidas y los detenidos. “La preocupación quedó plasmada en el libro; cuando estaba terminando surgió un documento de la procuración de la Nación que daba las herramientas teóricas para impulsar la investigación de las violaciones como delito de lesa humanidad. Dora Seguel fue la que primero planteó el tema, pero en el expediente estaba como encubierto, no estaba claro de que se trataba de otro tipo de delito de lesa humanidad también tortuoso que no debía ser subsumido en la tortura”.
P- Si siempre estuvo presente en la denuncias ¿por qué no se abordó aparte?
R- Supongo que tiene que ver con la dinámica judicial, no era que no lo sabían. A veces hay intereses múltiples de diferentes sectores en torno a los juicios respecto al funcionamiento político, medios de comunicación, organismos de derechos humanos; hay toda una comunidad involucrada en los juicios y que son manipulados a veces en contra de los intereses de las propias víctimas o familiares; a pesar de esto reivindico toda la información que han generado y lo que se permitió conocer y ventilar; sus derroteros y sufrimientos. Estos juicios son únicos en el mundo: se enjuició a los represores con las propias leyes y tribunales”, destacó.
La búsqueda del historiador
La tesis y posteriormente el libro surgieron de la inquietud intelectual sobre las formas de violencia en la historia. El libro no es la tesis doctoral, pero un camino llevó al otro. En el primer capítulo, aconseja, se puede hallar una síntesis del contenido total del abordaje del libro en 20 páginas.
“Mi licenciatura tuvo que ver con las representaciones de la violencia en los medios de comunicación durante el onganiato: violencia y democracia, violencia y represión, violencia actual; todo me obligaba a buscar un origen, bucear en elementos que me permitieran pensar en rupturas y nuevas continuidades… Empecé la investigación en 2007 y ese fue el tiempo de acopiar lecturas; luego fui enfocando al período 75- 76 – 77… En 2008 se dio la oportunidad de ingresar a la fiscalía (federal) para trabajar en aspectos operativos en la unidad de lesa humanidad y eso terminó de alinear los planetas. Tenía ante mi un corpus documental valorable, que si bien no podía usar todo porque hay cosas reservadas, vi detrás del escenario como funcionaban muchas cosas, y eso me permitió reflexionar sobre el rol del juez y del historiador. Buscar paralelismos entre un juicio y los caminos que siguen, en tanto tienen cosas parecidas de que analizan fuentes y documentos, aunque es diferente la forma de analizarlos, el uso del contexto histórico y el valor de la prueba. Pero todas esas reflexiones me sirvieron y terminé de enfocar las luces hacia el lado de la dictadura”, sostuvo.
Agregó que “comencé a sistematizar la información, investigar puntas por fuera, investigar en revistas y otras publicaciones… en fin… la tesis y el libro son dos registros diferentes de un mismo tema: el libro me llevó 8 años de trabajo, los primeros 6 ó 7 fueron de tesis y en dos años más, salió el libro que terminé de cerrar en 2015. Fueron muchos años de reflexión, lecturas, de escuchar a la gente que sabe, presentarme en foros y paneles; y hasta me permitió hacer un epílogo donde maduré conceptos por los que fui terriblemente castigado en algunas presentaciones. Hice el esfuerzo por no quedarme en contar la dictadura en Neuquén. De lo que pasó en el Alto Valle se desprende cómo fue la represión; intenté aportar nuevos significados a explicaciones que se creían completas, aportar nuevos elementos y significados que se creían acabados respecto a la dictadura”.

Las investigaciones
Investigador de la historia reciente
Pablo Scatizza es licenciado en Historia por la UNC (2005), doctorado en Historia por la Universidad Torcuato Di Tella en el 2013 y actualmente profesor adjunto de Teoría de la Historia y del Seminario de Técnicas de Investigación Histórica en la UNC.
Un método en común
“Más allá de la magnitud edilicia y la cantidad de víctimas que albergó, La Escuelita (de Neuquén) tuvo las mismas características que otros grandes centros clandestinos del país: era un lugar clandestino, escondido, nadie sabía dónde estaba, las víctimas llegaban ahí tabicadas, engrilladas, fueron mantenidas esposadas a su camas, no se podían comunicar ente ellas, eran sacadas sistemáticamente para ser torturas: esto pasó en la gran mayoría de los centros clandestinos del país”, describió Pablo Scatizza, autor del libro “Un Comahue Violento”
“En el funcionamiento de la Triple A en Cipolletti y otras formas represivas paraestatales, hay mucho para investigar”,
asegura Scatizza, sobre la violencia previa al golpe.
El libro “Un Comahue violento” fue editado por Prometeo y ya figura en los catálogos de esa firma. Será presentado este mes.
Datos
- 116
- son las denuncias de víctimas directas en la causa judicial, de las cuales unas 80 se han abordado en los juicios por delitos de lesa humanidad.
- “En el funcionamiento de la Triple A en Cipolletti y otras formas represivas paraestatales, hay mucho para investigar”,
- El libro “Un Comahue violento” fue editado por Prometeo y ya figura en los catálogos de esa firma. Será presentado este mes.
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