Una señal que nadie quiere escuchar
En solo un par de días, son varios los empleados policiales que se han suicidado, señal más que suficiente para que el Estado por medio de sus representantes se haga eco de esta problemática que va en aumento y encuentre un camino con soluciones para dar tranquilidad a la familia policial.
Hay una explicación no técnica y lógica que indica porqué los suicidios se dan en la policía y no en el círculo de médicos, abogados, docentes o porteras de escuelas que tienen los mismos problemas: tienen un arma a su alcance.
La evaluación psicológica periódica de los efectivos, suboficiales y oficiales, la detección de posibles crisis y la capacitación para el manejo de problemáticas como el estrés, ansiedad y falta de motivación son una de las innovaciones que el gobierno y la institución deben implementar para sacarlos a la fuerza de una caída constante y cuidarles la vida y la de sus familias.
Es tan triste y lamentable despedir a un compañero de esta manera… Son muchos factores los que influyen para que el personal policial desencadene en tan trágico final, como lo es el suicidio. Desde el Estado se tienen que crear políticas de prevención y desde la institución hacer un seguimiento constante que les permita tener una noción de cómo está el personal policial en todo aspecto.
Sin embargo no es así, la policía debe hacerse cargo de la mayoría de los problemas de la sociedad, debe brindar colaboración a la Justicia para la aprensión de delincuentes, desde el Estado se le encomienda la tarea de que debe mantener el orden y la paz social, hacerse cargo de la seguridad de los ciudadanos comunes… en pocas palabras, debe dejar contento a todo el mundo. Pero sus deberes no terminan ahí, muchas veces desde soportar todo tipo de injusticias desde adentro de la institución, como traslados injustos, sanciones arbitrarias, postergaciones de ascensos, sumarios que perduran en el tiempo privándolos muchas veces de mejoras salariales, persecuciones laborales; y así un sin fin de arbitrariedades. No finaliza aquí su labor: tienen que tener la capacidad de que todos esos problemas e inconvenientes no influyan en la vida diaria, el matrimonio y en la relación con sus hijos. Todo esto por cumplir con su noble tarea.
No es un dato menor que no haya estadísticas que acompañen la incompatibilidad de la carga horaria de un policía, que ronda entre 60 y 65 horas semanales, de las cuales entre 18 y 27 se cumplen en horario nocturno, superando ampliamente a cualquier empleado del Estado y sus horas trabajadas.
El policía vive y trabaja a diario con mucha presión, al límite, cumpliendo su tarea y arriesgando su propia vida por una sociedad que no lo valora como tal. Todas estas situaciones lógicamente tienen consecuencias y un desencadenante, pero es ahí donde tiene que estar presente el Estado, a través de las distintas áreas, para brindar contención.
Pareciera entonces que en la vocación de policía solo existen obligaciones, viéndose cercenados sus derechos en la indefensión total, relegados al descrédito social, laboral y abandono de persona por parte del Estado.
Los policías son individuos uniformados y civiles que todos necesitamos, que muchos critican o repudian, a los que siempre exigimos que aparezcan cuando los necesitamos. Son las personas encargadas de hacer valer la ley pero, como caso curioso, la ley no los tiene en cuenta. La verdad no se entiende, ¿no?
En la práctica, un sector vulnerable de la sociedad. Es un asunto de derechos, de afectación a la vida y la integridad. Y aún más: de abandono y desidia estatal. ¿No es similar esta lucha y este sufrimiento al que viven otras víctimas de la injusticia en nuestro país? ¿No hay una misma ausencia de voluntad política por atender a quienes son servidores públicos? Es la misma desidia. Y sí, es el mismo Estado y son las mismas víctimas. Y para nosotros no hay ninguna diferencia.
Espero realmente que esto llame la atención de autoridades y opinión pública sobre una realidad evidente, que la vemos a diario en los medios de comunicación pero no se ha tenido en cuenta como problema social. ¿Qué sucede? ¿Qué viven? ¿Quiénes sufren las consecuencias del olvido de la policía?
Aquí la pregunta que valdría la pena hacernos es si como sociedad realmente pensamos que los policías pueden carecer de sus derechos laborales y humanos como cualquier ciudadano. Pienso que no. Una sociedad que aceptó el enfoque institucional para garantizar los derechos humanos tiene que aspirar a tener policías con obligaciones pero también con plenos derechos, como cualquier otro ciudadano.
En cada gobierno de turno nos prometen un espacio a los uniformados, pero a la hora de representarnos priorizan otros sectores, siempre, siempre nos dejan en segundo lugar sabiendo que nada podemos hacer al respecto en virtud de que no podemos reclamar como cualquier otro sector, por tenerlo vedado en nuestros reglamentos. Es hora de que nuestros representantes velen por nuestro bienestar.
Ser justo no significa actuar con severidad, dureza o testarudez, sino comportarse de manera serena, correcta y coherente con todas las personas de la misma forma.
Para nosotros, los que nos animamos a discernir y luchar, es una permanente preocupación la situación de nuestra Policía, por vencer resistencias y prejuicios desde todos lados para colocar nuestros derechos en el lugar que nos corresponde.
Por lo tanto, para que haya Justicia, primero debemos tener empatía con la comunidad y sabiduría para saber que la justicia no supone un castigo penal para una de las partes en litigio, sino la sanación del origen del litigio, lo cual siempre nos lleva a la reparación del sistema en su totalidad y a la sanación de la conciencia humana, también en su totalidad.
Es justo que lo justo sea obedecido, es necesario que lo más fuerte sea obedecido. La justicia sin la fuerza es impotente, la fuerza sin la justicia es tiránica, la justicia sin fuerza encuentra oposición porque siempre hay malvados, la fuerza sin la justicia es indeseada. Hay pues que unir a la justicia y la fuerza y conseguir así que lo justo sea fuerte y que lo fuerte sea justo.
Es deber de nuestras autoridades sostenernos y proyectarnos en una sociedad en la que la paz y la justicia sean reales, no solo utopías.
Sandro Alberto Soria
DNI 20.856.645
“Es deber de nuestras autoridades sostenernos y proyectarnos en una sociedad en la que la paz y la justicia sean reales, no solo utopías”.
Sandro Alberto Soria
DNI 20.856.645
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- “Es deber de nuestras autoridades sostenernos y proyectarnos en una sociedad en la que la paz y la justicia sean reales, no solo utopías”.