Vaca sagrada

Desde el punto de vista de la sociedad, el problema ambiental que plantean los no convencionales es el principal.

Por Redacción

HÉCTOR MAURIÑO vasco@rionegro.com.ar

En el gobierno no ocultan su satisfacción por el resultado del “Cluster Shale”, el encuentro que atrajo a funcionarios, técnicos y directivos de empresas interesados en la potencialidad de los yacimientos no convencionales neuquinos, que tuvo lugar esta semana en el Espacio Duam. La combinación de palabrejas exóticas alude a la concentración de empresas e instituciones en un campo particular. En el caso neuquino apunta a los yacimientos de gas y petróleo de arcillas compactas. O sea, en la misma jerga foránea, al shale gas y al shale oil, por estos días palabras mágicas en la industria hidrocarburífera, alborotada por la nacionalización de YPF. La otra palabra clave de hoy es Vaca Muerta. Verdadera vaca sagrada de la que no es posible sino hablar bien, la formación geológica que ocupa buena parte del subsuelo neuquino despierta el apetito de grandes y pequeñas empresas nacionales y extranjeras porque contiene varios yacimientos no convencionales evaluados como de gran concentración, calidad y riqueza. Como se sabe, esto ha sido certificado por la Secretaría de Energía de Estados Unidos y por algunas consultoras internacionales, aunque hay quienes no confían del todo en el asunto. Con el Cluster, el trabajo de varios años encarado por Sapag y su coequiper, el ministro de Energía Coco, para convertir a Neuquén en un emirato no convencional, empieza a tomar cuerpo: luego de la contundente convocatoria del encuentro pocos se atreverán a seguir poniendo en duda la potencialidad de los yacimientos neuquinos. “Vaca Muerta va a ser un elefante” disparó, precisamente, uno de los gurúes del ramo, el estadounidense Mark Papa, presidente de EOG Resources, una de las empresas pioneras en el rubro con presencia en Rincón de los Sauces. Sapag viene apostando a esta salida desde hace por lo menos cuatro años. Todo indica que fue el primero en tomar contacto con los norteamericanos, pioneros en este rubro de la industria, y en interesarlos por los yacimientos neuquinos. En este tema, como en otros, el gobernador se ha manejado con un gran pragmatismo: apostó al objetivo con la YPF privada y lo sigue haciendo con la estatal. Cuando vio que la expropiación era inevitable, cambió de caballo pero no de propósito. Si el objetivo de convencer al gobierno nacional y a las empresas de que Vaca Muerta y los no convencionales son la solución parece al alcance de la mano, los problemas de la hora son hoy otros: para empezar la falta de equipos, la capacitación de la mano de obra y las trabas a la importación. Pero la mayor dificultad es el impacto ambiental. No por nada en el encuentro con los empresarios el gobernador aclaró que “está en contacto” permanente con el obispo Bressanelli. El prelado fue el primero en advertir sobre la magnitud del problema y hace unos días anunció que aguarda los resultados de un estudio para definir las acciones a seguir. Es que, desde el punto de vista del interés social, el problema ambiental es el principal. Si van a convertir la estepa neuquina en un colador y van a utilizar el recurso insustituible del agua en proporciones antes nunca vistas, los funcionarios deben tomar todas las precauciones posibles y más. Para las perforaciones no convencionales se usa cinco veces más agua que para las clásicas y el líquido sale contaminado con químicos y sales. No ha de ser por capricho que en la mayoría de los países europeos y en varios estados norteamericanos la actividad está prohibida. Coco viene de admitir que el pasivo ambiental heredado ronda los 1.500 millones de dólares y en todo el país las estimaciones hablan de 6.500 millones. Si la decisión de extraer el petróleo y el gas no convencionales está tomada porque el país no puede hipotecar su desarrollo, sólo una solución parece posible: regulaciones muy estrictas que incorporen desde el vamos la remediación a los costos de producción. En la semana que se inicia habrá una reunión de la Ofephi en Buenos Aires –no fue posible juntar a todos los gobernadores el viernes en Bariloche– en la que se tendrá que definir quiénes ocuparán los tres sillones rotativos reservados a las provincias en el directorio de YPF. En principio habría acuerdo para que sean los distritos patagónicos y Mendoza las que fijen el criterio. Las provincias quieren reglas claras para las inversiones de YPF, sobre la cantidad de pozos a explotar y la cadena de pagos. Y claman por una descentralización regional que permita traer a sus territorios las direcciones administrativas, cuestión de obtener decisiones más rápidas. Pero el tema principal que preocupa a los gobernadores es la inversión. “Las empresas están dispuestas”, señaló un hombre del gobernador, y puso de relieve la presencia en el Cluster de directivos de Exxon, Dow Chemical y de los grupos Bulgheroni y Eurnekian. Sin embargo, aclaró que “para pasar de los cientos de millones de dólares a los miles, hay que conversar sobre las reglas de juego”. Aunque en el Cluster hubo gente de YPF, no pasó inadvertida la ausencia del nuevo CEO, Miguel Galuccio. Un funcionario neuquino explicó que “el hombre tiene demasiados frentes que atender”. Pero admitió por lo bajo que en Nación “hay ciertos celos con Neuquén”. Sostuvo que en el gobierno nacional hay dos lecturas diferentes sobre el futuro de YPF: la de quienes con cierto “fundamentalismo estatista” quieren que ocupe casi todo el sector y la de aquellos que, como en el caso del gobierno neuquino, apuntan a que “ejerza el liderazgo pero se abra a la inversión”. “Necesitamos entre 20 y 30.000 millones de dólares y eso sólo puede venir de afuera”, se explicó. Por lo pronto Sapag, preocupado por la estrechez financiera, viajará en julio a Washington para tomar contacto con directivos del Banco Mundial y del BID. Quiere conseguir recursos para G&P, la petrolera local, y para mejorar las finanzas provinciales.