“Viento Azul”, o lo lindo de la independencia

Por Redacción

ENTREVISTA

eduardo rouillet

“Viento Azul” es el nombre con el que Lisandro Aristimuño bautizó al sello discográfico y productora de autogestión independiente que promueve al propio artista nacido en Viedma y a su hermano Tomás; al percusionista y baterista Martín Bruhn con “Criollo” su primer trabajo solista; a Tomi Lebrero, bandoneonista, guitarrista y arreglador; y a la dupla mendocina que conforman Javier Pulpo Montalto y Jony Moyano, Chocoguon.

Parte de una constante labor creativa, que incluye direcciones artísticas en grabaciones de Liliana Herrero y Fabiana Cantilo, por ejemplo, la edición de materiales propios, participación en recitales de colegas, la composición, arreglos, ejecución de instrumentos varios, el canto. Parte de su historia que comenzó cuando partió, allá por el 2001, dejando atrás la luz, los azules turquesa, el viento, la inmensidad de los cielos rionegrinos.

“Cuando llegué a Buenos Aires, las discográficas pasaban por la crisis de ese año”, recuerda Aristimuño. “Justo estaba saliendo la movida de internet y la apertura de la música a ese canal, hizo que cualquiera pudiera acceder a un disco sin estar dentro del negocio. O sea, sin tener que pagarlo. Se bajaba gratis y se podían escuchar bandas de lugares que a la distribuidora o la discográfica de acá, les parecía que no iban a pegar en Argentina. Una cuestión selectiva. En aquel momento, pensé que internet era la salvación, en un punto, para los que pensaban solo en la música y no en la ganancia. Sabía que si sacaba mis discos quería hacerlo de esa manera. Sin que nadie esté especulando de qué forma o de qué material, sino que simplemente sea música que llegue a oídos de la gente y la pueda escuchar”

“Me imaginé”, prosigue Lisandro, “abriendo un sello discográfico, concretándolo materialmente para tener un poco de control en ese campo, acercándole música a las personas. Era lo que más quería porque tampoco tenía tantas expectativas, digamos”.

“Yo no soy artista sólo porque hago canciones, soy alguien que sigue los pasos de otros que generan algo independiente. Ahí es donde mi música puede estar”.

–Crecieron con el tiempo.

–Sí, exactamente. Lo bueno es que cuando mostrás a los demás una alternativa, ellos deciden. Es lo más lindo cuando se tienen opciones para decidir. Ahí está lo maravilloso que ocurrió en las discográficas del mundo. Hay gente que ahora elige a quién escuchar y amenice un momento en su casa o donde sea. Eso, para mí, es libertad.

–En el cine, la aparición de pequeñas cámaras digitales de video, posibilitó –y particularmente a los jóvenes realizadores– reducir costos sin perder calidad, rodar con equipos pequeños, usando locaciones y no estudios. Lo que promovió una enorme producción y la aparición de lenguajes, miradas y temas bien diversos con bajas restricciones de producción.

–En la música es lo mismo. Pasa que las discográficas multinacionales quieren todo para ellos, como en cualquier otro rubro. Todo bajo su estricto control. Y el manejo de la tecnología da libertad a las personas y a la vez se opuso a las grandes productoras. Hace que no estando en una de ellas, igual puedan escucharme. A mí me salvó. Por suerte, las cosas van cambiando y cada uno tiene la opción de cómo distribuir sus trabajos, cómo tener su propia vía, su almacén, su tienda o como se llame, pero con dominio personal. Así vendas dos discos o millones, no importa.

El tipo independiente sabe que vende tres y conoce quién los tiene, que los va a escuchar por elección, creo que ahí está la felicidad para mí. Yo sé que un registro mío llegó a la casa que quería. En cambio, lo otro es muy abierto y limitante, en un punto, también. Más, es una invasión y las invasiones de la industria no me gustan, vengan de donde vengan. Cuando salís a la calle y ves el cartel del pibe, en el almacén hay un yogur con la promo del disco del pibe, vas a comprar ropa y está la remera con la cara del pibe, me parece una invasión comercial. Hay muchos que lo compran, pero la música es más que eso, no sólo imagen… Por algo entra por los oídos…

“El manejo de la tecnología da libertad, a la vez se opuso a las grandes productoras. Estando en una de ellas, igual pueden escucharme. A mi me salvó.”

–Estás hablando de la música como contenido y no como producto…

–Claro, sí. Yo no soy artista sólo porque hago canciones, soy alguien que sigue los pasos de otros que generan algo independiente. Entonces, ahí es donde mi música puede estar, no en un sector donde me digan qué hacer para ganar plata. Te doy un caso reciente, acabo de sacar dos discos que yo produje y pagué (”Lisandro Aristimuño en Concierto” grabado en vivo en Argentina durante sus giras 2012/14) y los puse gratis para escuchar por internet. Me importa más que la gente los oiga, que vender y llenarme de oro. Cosa que le importa a la industria, donde te juro que no me dejarían hacerlo, ¿entendés?

Lo lindo de ser independiente y tener tu propio almacén, es que podés crear lo que quieras. Si pierdo, me jodo yo y si gano es porque lo hice con el corazón. Si así ocurre se disfruta más que actuando en función de la ganancia. Los que están en “Azul Discos” creen en esta forma de actuar. También hay una parte de reconocimiento… Yo tengo varios compactos y ellos ven qué sucede obrando así. Es una cuestión, hasta te diría, ideológica. Hay confianza, sobre bases concretas, en mi trabajo; una toma de posición y un propósito muy valioso. Prefiero que haya siete personas en su casa, escuchándome, que salir por una cadena de radios con un locutor que habla encima de mi canción en un segundo plano inentendible.

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Azúcar del Estero. Lisandro Aristimuño en Encuentro del Estudio

Datos

“Yo no soy artista sólo porque hago canciones, soy alguien que sigue los pasos de otros que generan algo independiente. Ahí es donde mi música puede estar”.
“El manejo de la tecnología da libertad, a la vez se opuso a las grandes productoras. Estando en una de ellas, igual pueden escucharme. A mi me salvó.”

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