Vivimos más, pero ¿vivimos bien?
Muchos de los problemas que enfrentan las sociedades del siglo XXI son fruto de las mejoras políticas, económicas, sociales, culturales y científicas que se han ido logrando a lo largo de los últimos tres siglos. El mundo siempre está mejorando, pero cada mejora trae nuevos problemas que resultan más difíciles de resolver. En gran parte del mundo hoy la expectativa de vida ronda (o supera) los 80 años. Y las investigaciones médicas sobre el envejecimiento nos dicen que dentro de apenas un par de décadas será normal vivir 100 años. Si miramos a nuestro alrededor lo comprobamos por nosotros mismos: es cierto, vivimos más, pero ¿vivimos bien?
Si alguien de 57 años muere de un paro cardíaco nos parece que se fue “muy joven”. Pero hace apenas 300 años la mayoría de la gente apenas sí vivía hasta los 30, y superar los 40 era algo tan raro que se los miraba como seres casi sobrenaturales.
El cuerpo humano funciona correctamente hasta un máximo de 40 años, que fue la edad casi imposible de alcanzar en los últimos 7.000.000 de años. Hacia 1750 el promedio de vida era de unos 28 años. En el comienzo del paleolítico el promedio de vida había sido de 18-20 años. Es decir que nos llevó unos 10.000 años poder vivir 10 años más (pasar de los 18 a los 28). Pero ya a comienzos del siglo XX vivíamos 50 años en promedio (en poco más de un siglo habíamos casi duplicado la duración de la vida humana).
La base de esa mejora está en el desarrollo económico que nos aportó la Revolución Industrial y en la adopción global del capitalismo. El proceso económico permitió el desarrollo de la ciencia y la mejora masiva en la alimentación. En 1818 el 94% de la humanidad era pobre (gran parte de ese 94% no tenía lo suficiente para comer). Desde el origen de los tiempos hasta 1900 lo normal fue que la humanidad pasara hambre. Eso se revirtió: hoy el problema mayor no son los hambrientos (unos 600 millones de personas) sino los que tienen sobrepeso (1.700 millones) que sumados a los directamente obesos (850 millones) dan una cifra apabullante: una de cada tres personas tiene sobrepeso o es obesa.
Las tres cosas que más alargaron nuestra vida son la posibilidad de tener agua potable, los programas de vacunación masiva y el más fácil acceso a todo tipo de comida. Eso hace que ahora no sólo vivamos más, sino que podamos recurrir a mejores tratamientos médicos si enfermamos. Hasta el siglo XIX (y comienzos del XX) las enfermedades más difundidas tenían que ver con la desnutrición, la falta de inmunización y la debilidad de las defensas del propio organismo. Hoy son enfermedades ligadas al sobrepeso, a la vida sedentaria y nuestra forma de organizar la vida urbana: diabetes, infartos, los ACV, cáncer y accidentes.
Como el cuerpo se preparó durante millones de años para durar un máximo de 40 años, al pasar ese límite, y por mejor que comamos y nos entrenemos, es cada día más posible que comencemos a padecer alguna enfermedad (sin embargo, una dieta equilibrada y ejercicio aeróbico retrasan los problemas o los disminuyen).
Al llegar a los 65 años comienzan los problemas serios: alto riesgo de alzhéimer, enfermedades coronarias y cáncer. Sobrevivir a todo esto requiere, a su vez, cada vez mayor apoyo sanitario. Además, muchos sexagenarios se mantienen activos, creativos y sanos. El proceso no es lineal ni fatídico: es de complejidad tal que ninguna disciplina por sí sola lo logra abarcar.
En 1950 había 200 millones de personas con 60 años o más. En la actualidad son alrededor de 800 millones y la OMS calcula que serán 2.100 millones en el 2050. El problema es que nadie ha pensado cómo vivir con más de 60 años: nos falta inteligencia sobre la vejez. El mundo actual está diseñado para los jóvenes. Pero éstos envejecerán (aunque hoy lo vean como algo que a ellos no les va a pasar).
En Japón, país que lidera el ranking de la supervivencia humana (la expectativa de vida ya está en los 90 años), se ha visto en los últimos tiempos a muchas ancianas (de más de 80) entrar a tiendas y supermercados para robar.
Se descubrió que usan esos robos para ser detenidas y llevadas a la cárcel, porque allí tienen comida, calor, se hacen de amigas y tienen alguien que les habla y las cuidan. Hay ancianos que hace diez o veinte años que no hablan con ninguna otra persona (son como los que viven en la calle: la gente que no tiene con quien hablar).
Cada vez hay más ancianos. Cada vez están más solos, cada vez cuesta más sostener el sistema médico para que sigan viviendo lo mejor posible. Pero cada vez somos más cultores de la juventud. Las empresas no aceptan adultos mayores (el desempleo de los que tienen más de 45 es cada vez más difícil de revertir). Todos los espacios urbanos están pensados para menores de 40. ¡Pero hay miles de millones de personas que hoy ya tienen más de 40!
Vivimos mucho más tiempo, pero aún no hemos aprendido a vivir bien esa nueva vida.
Cada vez hay más ancianos. Cada vez están más solos y cuesta más sostener el sistema médico para que vivan mejor. Y cada vez somos más cultores de la juventud.
Daniel Molina
Datos
- Cada vez hay más ancianos. Cada vez están más solos y cuesta más sostener el sistema médico para que vivan mejor. Y cada vez somos más cultores de la juventud.