Volver a empezar
Se impone otro mando para cohesionar ciertos rumbos.
adrián pecollo adrianpecollo@rionegro.com.ar
Un audaz camino emprendió Weretilneck cuando este viernes cristalizó su “nueva coalición” política. Reformuló su gabinete con la aspiración de consentir al gobierno nacional y a parte de sus aliados provinciales. En contraposición, no reúne a la mayoría del Partido Justicialista, ese grupo hoy crítico y encabezado por Miguel Pichetto, pilar en la etapa de institucionalidad tras la muerte de Carlos Soria. El gobernador inició otra transición. Otro oficialismo se engendró, desafiando la sublevación de aquella parte del PJ y esperando una ascendencia decisiva en el gobierno de la presidenta Cristina Fernández. El armado respetó esas prioridades políticas. Resultó, inicialmente, una junta de voluntades, con una manifiesta debilidad por la ausencia de programas comunes. La corta gestión de Carlos Soria se asentó en su liderazgo, con ciertas ideas tutelares. Algunas persistieron con Weretilneck, pero esta etapa se asienta en personalidades autónomas y con planes aislados, incluso antagónicos. Así, este nuevo equipo exigirá de Weretilneck algo más que su esforzado trajín oficial. ¿Impondrá una enérgica conducción en la reorientación de conductas desatadas? No parece. Sí se advierte su estrategia de intervención directa, instrumentada con la ubicación de fieles en las líneas intermedias. Aquella operación que desplegó en Economía –con el contador Juan Kohon y el tesorero Isaías Kremer– que sirvió para consolidar al ministro Alejandro Palmieri. La primera mirada atenta recae en Ernesto Paillalef. Llega por la expectativa generada a partir de su intuida inserción en Nación por su actuación en el Movimiento Evita, que encabezan Emilio Pérsico y Fernando “Chino” Navarro. Dos hechos hoy relativizan ese propósito. Primero, el jefe de Gabinete, Juan Abal Medina, no lo identificó inmediatamente cuando Weretilneck se lo mencionó para Desarrollo Social. Segundo, Pérsico y Navarro faltaron al acto de su asunción. ¿Cuántos dirigentes del Movimiento habrán llegado a ministros para descuidar su asistencia? Existió, seguramente, otra valoración. Además, el gobernador ya sabe de la repulsa del núcleo duro del sorismo a la incursión de Paillalef. El vicegobernador Carlos Peralta y el intendente Martín Soria se contienen, pero no olvidan las históricas riñas vividas en Roca con el flamante funcionario, especialmente con el líder desaparecido. “Lo vas a tener que controlar, por el reparto de bolsitas”, le advirtió el jefe roquense al gobernador. En realidad, el arribo de Paillalef pronostica un apartamiento del teórico lineamiento planteado por Jorge Vallazza, que abandonó la concentración y el manejo de recursos, cediéndolos a los municipios o las ONG. Al novel ministro lo caracteriza su intenso trabajo de base y no reniega de cierta concepción asistencial, con sus riesgos en la utilización política. Hace algunos meses, su Movimiento Evita quedó expuesto en repartos en barrios de Viedma, con programas nacionales. Además, Paillalef es un innegable constructor de poder. Weretilneck intentará que esa faena sirva a su propósito. Igual, no había asumido y ya le había talado su cartera, sacándole Deportes y Cultura, que irán a Turismo. El ministro se enteró por los medios y resiste ese desgarro. Tiene alguna razón. Poco justifica ese pase, máxime cuando esas dos áreas fueron reubicadas por este gobierno en la cartera social, sacándolas de la Secretaría General. El gobernador programa su fiscalización con un secretario, pero aquella tala se originó en una motivación básica: Weretilneck siempre entendió que Turismo está sobrevaluado como ministerio, pero no se animó a bajarlo a secretaría frente a la resistencia barilochense, entonces resolvió anexarle esas dependencias. Como Paillalef, Fernando Vaca Narvaja accede al gabinete también por su posible llegada al gobierno nacional. En su caso, el jefe de Gabinete obviamente lo distinguió cuando Weretilneck ofrendó su nombre pero, además, el exlíder montonero llega con anclaje distinto, especialmente por el respaldo del vicegobernador. Aún hay que precisar su efectiva acogida por Nación, hoy medida por la asignación a Río Negro de fondos para obras. El kirchnerismo desnuda gestos oscilantes ante la dirigencia montonera, reivindica esa juventud setentista pero nunca se muestra tan cerca de ella. Por caso, la jura de Vaca Narvaja tampoco mereció ninguna concurrencia nacional. Aun así, el novel ministro se propone mayores roles, como recuperar el seguimiento de las empresas. Esa determinación significaría otro viraje: esas sociedades volverían a los ministerios, dejando la recién creada estructura de supervisión. Además, piensa combinar sus proyectos de Obras Públicas con acciones sociales específicas en los barrios altos de Bariloche. Habrá contrastes funcionales que irrumpirán entre Paillalef y Vaca Narvaja, pero ellos comparten una inequívoca directriz: el “movimiento popular y nacional”. Hay desavenencias ideológicas que ofrecerán dificultades más complejas. Por caso, Alfredo Palmieri llega a Producción con una visión económica distinta a lo expuesto. Su conducta y su opinión estuvieron ligadas a propuestas de desarrollo centradas en “los inversores”, mientras que, hasta ahora, la administración de Weretilneck se concentró en “los productores”. Ese antagonismo afloró a partir de la meritoria sinceridad del secretario de Fruticultura, Oscar Rolo, que renunció frente a esa divergencia. Tan abrupta fue la inserción de Palmieri que se transformó en ministro de una cartera a la que le debe algo más de 160.000 pesos por un crédito pendiente. Ya logró un plan de pago de 24 meses. Declaró que nunca desconoció esa obligación pero, por lo menos, se trata de un peculiar ascenso público. En resumen, el gobernador conformó este “acuerdo” dirigencial ante la debilidad política a la que quedó expuesto por el quiebre con Pichetto. La presencia de Paillalef, Vaca Narvaja, Palmieri y Luis Di Giacomo –otro dirigente de fuerte impronta, más allá de su promoción por parte de Soria– alterará el reposo del gabinete. Weretilneck deberá revisar su modalidad de mando. El viernes concretó la quinta reunión de gabinete, las anteriores fueron en enero y febrero. Persistirá en el tejido “institucional” que le ofrecen los legisladores y los intendentes devotos. Ellos serán centrales en los cambios restantes. Preparan listados de los cargos disponibles que dejarían los funcionarios, producto de pedidos de Pichetto y los suyos. Superarían el medio centenar. El gobernador no avanzará todavía demasiado porque, primero, lo hablaría con el senador y espera la resolución de la nueva estructura, que directamente devaluaría varios puestos (por ejemplo, sus secretarías Legal, Medio Ambiente y Función Pública irían a la Secretaría General y a Economía) mientras que otros desaparecerían. Las renuncias solicitadas se extienden, alcanzando hasta adscripciones y jefaturas regionales, aunque Educación no logró ese cometido de parte del secretario de Derechos Humanos, Edgardo Bagli, aferrado al cargo público. Weretilneck se sujeta a los resultados financiero-impositivos y confía en el afianzamiento de este proceso de estabilidad político-institucional. Lo hace con lo que tiene a mano. Están por verse las respuestas de sus socios. Un aporte habría de Pichetto con una tregua. En Buenos Aires, el miércoles, el senador propuso a Weretilneck esperar (¿hasta marzo?) pero requirió que se le habilite un bloque a los suyos. Sin plazo, el mandatario se habría comprometido a lograrlo. No será fácil convencer al vicegobernador, que sólo quiere otorgarles un edificio a esos críticos legisladores justicialistas. El senador está afuera del gobierno, pero seguirá afanosamente con su cometido de proyectos y obras para la provincia, ocupándose de sus gestiones y celando lo que puedan tramitar otros. Pichetto ya está en campaña para seguir en el Senado. Organiza una concentración en Bariloche para el 17 de octubre, confiando en alguna concurrencia nacional, como sería la de Carlos Zannini. Weretilneck lanzó su apoyo público y el senador se enfadó. No quiere nada que se asimile a un acuerdo entre ambos. El gobernador eligió otros “actores” para su nueva coalición. Le queda ahora repasar la eficacia de su gobierno, la consistencia de los proyectos y una clara cohesión de su gabinete. Queda el mayor desafío.
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