Pedalearon el norte neuquino por un centro oncológico: una travesía entre viento, aguanieve y emoción

Casi 120 ciclistas recorrieron durante dos días los caminos del norte neuquino en la novena edición de “Por ti, por mi, por todos”. No hubo competencia ni cronómetros: el desafío fue llegar juntos, atravesar el viento, la aguanieve y las subidas de la cordillera para visibilizar un reclamo que lleva años en la comunidad: contar con un centro oncológico en la región.

Redacción

Por Redacción

El desafío del camino: El viento y el aguanieve complicaron la novena travesía “Por mí, por ti, por todos”, que reunió a unos 120 ciclistas para visibilizar el pedido de un centro oncológico en el norte neuquino.

El viento de frente obligaba a los ciclistas a redoblar el esfuerzo en cada pedalada. Sobre las bicicletas, cada kilómetro parecía pesar el doble y el camino hacia Las Ovejas se hacía cada vez más largo. Después llegó el aguanieve y el paisaje del norte neuquino, hermoso, incluso en esas condiciones, se convirtió en una prueba física y mental.

Habían salido de Andacollo a las 8:15 de la mañana y faltaban horas para llegar. “Lo voy a lograr”, se repetían mientras avanzaban, porque detrás de ese esfuerzo estaba el pedido de la gente de esos pueblos que desde hace casi una década, se unen para ayudar a los vecinos que atraviesan enfermedades oncológicas.

La novena edición de la travesía «Por ti, por mi, por todos» volvió a unir pueblos del norte neuquino en bicicleta. Es una travesía no competitiva que nació con diez ciclistas y que, con el paso de los años, creció hasta reunir en esta edición a unos 120 participantes de distintas localidades de la provincia, cuenta Axel Gabriel O’Brien, uno de los ciclistas que guió la pedaleada. El objetivo que los reúne tampoco cambió: hacer visible el pedido de un centro oncológico para el norte neuquino.

Una causa compartida: Ciclistas de distintas localidades de Neuquén se sumaron a la travesía solidaria que busca visibilizar las dificultades de quienes deben viajar cientos de kilómetros para acceder a tratamientos oncológicos.

La organización está integrada por gente de la propia región. La primera travesía, según recuerda uno de los participantes, fue desde Andacollo hasta Caviahue y, desde entonces, los recorridos cambiaron para conectar diferentes pueblos. Hubo circuitos entre Buta Ranquil y Barrancas, otros entre Huinganco y Los Miches y recorridos por las cercanías de Andacollo. Cada año se elige un camino diferente y, con él, aparecen nuevas comunidades que reciben a los ciclistas.


Una causa que se pedalea desde hace nueve años


La travesía nació alrededor de una necesidad concreta. «Para quienes viven en localidades como Manzano Amargo, Varvarco o Las Ovejas, acceder a determinados tratamientos oncológicos puede significar viajar más de 500 kilómetros hasta Neuquén capital», cuenta Axel. No se trata solo del viaje: muchas veces los tratamientos requieren aplicaciones periódicas y controles, por lo que la distancia termina convirtiéndose en una dificultad más para personas que ya atraviesan una enfermedad compleja.

Nueve años de compromiso: Lo que comenzó con diez ciclistas se convirtió en una convocatoria de alrededor de 120 participantes.

El pedido es contar con un centro oncológico en Chos Malal y, según explica el participante, quienes impulsan la travesía también entienden que no se trata de una obra sencilla. Hace falta infraestructura, equipamiento, inversión y profesionales especializados que quieran desarrollar allí su actividad. “No es una salita de primeros auxilios. Es algo complejo de montar, una enfermedad que requiere una infraestructura acorde, pero si pudimos llegar a la luna, todo se puede”, explica.

La particularidad de esta travesía también está en la forma de recorrerla. No importa solamente completar los kilómetros, sino hacerlo acompañados. La convocatoria, además, trasciende a los propios ciclistas. Detrás de las bicicletas hay una red de personas que prepara comidas, organiza alojamientos, acompaña el recorrido y espera en cada llegada.


Dos días por los pueblos «la gente es maravillosa»


El primer día fue el más duro. Los ciclistas salieron de Andacollo, pasaron por Huinganco y tomaron la Ruta Provincial 39 rumbo a Butón Norte. El plan indicaba llegar alrededor del mediodía para almorzar en el salón comunitario, pero el viento cambió todos los tiempos. Sopló de frente a más de 70 kilómetros por hora, convirtió el recorrido en una pelea constante contra el aire y, más tarde, la llegada del aguanieve terminó de complicar la jornada. A Butalón llegaron recién cerca de las 4 de la tarde y todavía faltaba el tramo hasta Las Ovejas.

“Para un ciclista que sabe lo que significa eso, es muchísimo”, cuenta Axel, quien participó como guía junto con Gustavo López. En el grupo también estaba Mabel, que acompañó desde el primer vehículo y ayudó a cerrar el recorrido. La responsabilidad de los guías era no dejar a nadie atrás: había ciclistas muy entrenados y otros con un ritmo más tranquilo, y la dinámica consistía en esperar a quienes quedaban más atrás, reagruparse y recién entonces continuar.

Nadie queda atrás: Axel Gabriel O’Brien y Gustavo López guiaron al grupo durante el recorrido. La consigna fue avanzar juntos, esperar a quienes venían más retrasados y completar la travesía en equipo.

La jornada se hizo interminable. Habían salido a las 8:15 y recién alrededor de las 7 de la tarde llegaron a Las Ovejas, cuando empezaba a oscurecer. El cansancio se acumulaba. “Por lo menos yo, cuando llegué a Las Ovejas me puse a llorar, porque en un momento dudé de que lo fuéramos a lograr. Pensaba: ‘No vamos a llegar, porque esto está siendo durísimo’”, recuerda.

Pero el final de la jornada tenía preparada otra escena. La gente de Las Ovejas los esperaba con una fiesta del pueblo: había cantantes, música en vivo, comida y bebida. Los ciclistas llegaron agotados y encontraron una recepción que transformó el cansancio en encuentro. Algunos durmieron esa noche en la iglesia del pueblo y otros buscaron otras alternativas, pero todos tuvieron la misma sensación: la comunidad los estaba esperando. “No te puedo contar lo que fue, cariño, atención, alegría, porque eso es el norte neuquino, eso su la gente”, dice el ciclista.

Una llegada emocionante: Después de una jornada atravesada por el viento, el frío y el aguanieve, los ciclistas llegaron a Las Ovejas, donde la comunidad los recibió con música, comida y una fiesta popular.

El regreso a Andacollo


El segundo día encontró al grupo con otro paisaje. El sol reemplazó al viento y el recorrido desde Las Ovejas hasta Andacollo, de unos 37 kilómetros, se hizo completamente por asfalto. Las subidas y bajadas de la cordillera seguían allí, pero las condiciones permitieron avanzar con mayor tranquilidad.

La llegada volvió a tener como protagonistas a los habitantes de la zona. Los bomberos salieron a recibirlos y también estuvieron las autoridades de las localidades que habían acompañado el recorrido. La primera edición reunió a diez personas. Nueve travesías después, fueron alrededor de 120 los que finalmente se subieron a sus bicicletas, con participantes de Andacollo, Huinganco, Chos Malal, El Cholar, El Huecú, Buta Ranquil, Neuquén, Plottier, Senillosa, Añelo, Rincón de los Sauces, Zapala y Cutral Co, entre otras localidades.

Algunos pedalearon, otros acompañaron desde los vehículos y muchos pusieron el cuerpo en la organización. Todos, formaron parte de la misma travesía. Con viento, aguanieve, cansancio y entre caminos de montaña, hay algo que quienes participan parecen tener claro: avanzar juntos y conseguir que una demanda de los pueblos del norte neuquino se escuche.


El desafío del camino: El viento y el aguanieve complicaron la novena travesía “Por mí, por ti, por todos”, que reunió a unos 120 ciclistas para visibilizar el pedido de un centro oncológico en el norte neuquino.

El viento de frente obligaba a los ciclistas a redoblar el esfuerzo en cada pedalada. Sobre las bicicletas, cada kilómetro parecía pesar el doble y el camino hacia Las Ovejas se hacía cada vez más largo. Después llegó el aguanieve y el paisaje del norte neuquino, hermoso, incluso en esas condiciones, se convirtió en una prueba física y mental.

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