Vuelve la polémica por la “soberanía cultural”

El secretario de Cultura, Jorge Coscia, dijo que consiste en “que tengamos cada vez más una mayor capacidad de decisión para decir qué se debe editar”. Los libros, otra vez en cuestión.





“Así como hay una soberanía de la economía hay también una soberanía cultural, que consiste en que tengamos cada vez más una mayor capacidad de decisión para decir qué se debe editar”, dijo el secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia. Y así, la polémica, que se había aplacado la semana pasada cuando el gobierno decidió dar marcha atrás a las trabas a las importaciones de los libros, volvió a surgir.

El funcionario participó el fin de semana, en Formosa, del lanzamiento de una muestra editorial que promociona la producción cultural en el país y se refirió a las trabas a las importaciones de libros, revistas y material gráfico. Trabas que, tras la enorme polémica desatada, el gobierno decidió dar marcha atrás el jueves pasado.

Según escribió el diario formoseño “Siempre Formosa”, durante aquella visita Coscia criticó a los medios de comunicación que informaron sobre las medidas que había establecido la secretaría de Comercio de Guillermo Moreno de que no se podían importar libros con más de 0,06 gramos de plomo en la tinta. Según el secretario, lo que escribieron los medios fueron “zonceras formidables” y agregó: “Estos diarios generan una sensación en la gente que reacciona y dice ‘otra vez estos peronistas, otra vez alpargatas sí, libros no’”.

El funcionario justificó las medidas para que en el país se incentive la producción de textos.

Coscia aclaró más tarde sus dichos en apariciones públicas en varias radios. “Tender a esta soberanía cultural no significa censurar ni prohibir, significa acuerdo”, expresó en radio Nacional. Y en La Red, dijo: “Esto no significa censurar, ni impedir; significa una política que tiene un momento de transición, de adecuación, etcétera, y que de ninguna manera impide nada. Lo que pretendemos desde el punto de vista cultural es fortalecer la decisión soberana de editar”.

Aunque Coscia revivió así una polémica, lo cierto es que la medida fue dada de baja el jueves pasada. La normalización del ingreso de libros llegó luego de la fuerte polémica por las limitaciones que obligaban a los particulares que compran publicaciones en el exterior a buscarlas en Ezeiza o en las dependencias aduaneras provinciales y a editoriales y librerías a recurrir a un servicio de despachante de aduana para los pedidos mayores a 50 kilos y 1000 dólares.

La medida, que tenía dos pilares (un mínimo de plomo permitido y una traba a las importaciones) provocó reclamos de todo tipo. El grupo de intelectuales de Plataforma 2012 criticó con ironía las prevenciones que aducía Guillermo Morenos obre las tintas usadas en la impresión y su posible daño a la salud. “Causa estupor que el mismo gobierno que acepta la utilización de sustancias químicas contaminantes en la megaminería a cielo abierto alegue ahora razones de índole sanitaria para tomar una medida tan engañosa como falsa”, dijo este grupo integrado por Beatriz Sarlo, Gabriela Massuh, Luis Felipe Noé, Maristella Svampa y Herman Shiller, entre otros.


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